Así fue la recepción de Javier y Karina Milei al papa León XIV

El Presidente encabezó el recibimiento oficial en pista y abrió una agenda de alto voltaje político.

El esperado desembarco del papa León XIV en suelo argentino tuvo su primer gran impacto visual a metros de la pista del Aeroparque Jorge Newbery. En el inicio formal de una visita histórica para el país, el presidente Javier Milei fue el primero en recibirlo en suelo argentino con un simple apretón de manos y unas palabras.

La secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, también fue parte de la comitiva de recepción oficial a pie de escalinata, en un encuentro cruzado por el rigor protocolar, los gestos de cortesía y la cuidada diplomacia que exigía la ocasión.

Tras el descenso del Pontífice del avión papal, sonó el himno argentino que amos escucharon con respeto. Karina Milei, en su rol de ordenadora de la logística presidencial, esperó al sumo pontífice al final de la alfombra para saludarlo afectuosamente y estuvo al frente de los detalles del saludo inicial en un marco de fuerte custodia de las fuerzas federales.

El arzobispo de Buenos Aires, Monseñor Jorge García Cuerva, fuel el primero en llegar al aeroparque para recibir al sumo pontífice y el primero en ingresar al avión que lo trajo al país.

El encuentro en el aeroparque porteño funcionó como la foto de largada para un vínculo institucional que estuvo en el centro de todas las miradas. Lejos de las viejas rispideces discursivas y bajo un cuidadoso libreto de Estado, la comitiva del Ejecutivo nacional remarcó el respeto a la investidura del Santo Padre y la trascendencia de su permanencia de tres días en el país, buscando transmitir una imagen de orden institucional y madurez política.

Completados los honores de la guardia de bienvenida, la cápsula de seguridad trasladó al Pontífice hacia el centro porteño para dar inicio a la grilla oficial que incluye la ofrenda en Plaza San Martín y la posterior audiencia bilateral en la Casa Rosada. La postal del recibimiento entre los hermanos Milei y León XIV marcó así el tono de una convivencia de alta tensión simbólica, donde la fe popular y la agenda de Gobierno abren una semana determinante.