Cañadón Seco honró al creador del símbolo de una gran Nación

La comunidad de Cañadón Seco se concentró a mediodía de este lunes en el Centro Cultural para rendir su respetuoso homenaje al creador de nuestra Enseña Patria, el general Manuel Belgrano, al conmemorarse el 202° aniversario de su paso de la inmortalidad.

La ceremonia fue presidida por el secretario General de la Comisión de Fomento, ingeniero Carlos Lisoni quien, junto a la tesorera Noelia Astoreca y la directora de Obras y Servicios, Bárbara Romero, izaron al Pabellón Nacional, tras lo cual se entonaron las estrofas del Himno.

El auditórium estuvo engalanado por abanderados de establecimientos educativos y de otras instituciones locales, contándose además con la presencia de numerosos vecinos y otros integrantes del gabinete comunal que preside Jorge Soloaga, el cual no asistió por prescripción médica.

El único orador del acto fue el ingeniero Lisoni quien en principio señaló que “hablar de la vida y obra del General Manuel Belgrano no resulta tarea sencilla por la gran responsabilidad que implica resumir una existencia tan rica y una acción tan poco comprendida en su época, pero sin embargo tiene una enorme trascendencia en la historia de nuestra Patria”.

En ese sentido enumeró sus virtudes como funcionario, militar, impulsor de la educación pública y creador de nuestra Enseña Patria “símbolo innegable para el mundo del nacimiento de una gran Nación”.

Puso también de relieve su apoyo a la agricultura y a la protección de las artesanías e industrias locales, dado que consideraba que “la importación de mercaderías impide el consumo de las que se elaboran en este país y perjudica el progreso de las manufacturas, lo cual lleva a la ruina de una Nación”.

Resaltó que Belgrano entendía que era la única manera de evitar los monopolios concentrados en la ciudad de Buenos Aires y señalaba que ellos estaban liderados “por hombres que desprendidos de todo amor hacia sus semejantes” a los que solo les interesaba su interés particular”, mientras la clase productiva de la sociedad vivía “en la miseria y la desnudez”.

Fue por ello que reiteró el vital y profundo contenido social del pensamiento del prócer ya que “su sensibilidad se volcaba hacia los seres más desprotegidos”.

En los tramos finales de su alocución rememoró que el prócer también soñó con escuelas pobladas por niños, niñas y jóvenes, con lugares “donde se cuidase la salud de los pobladores y con extensiones cubiertas de sembrados y de árboles, todo ello bajo la protección de la Bandera celeste y blanca”.

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