Carlos Gándara y 1.300 kilómetros de superación

Vivió en Comodoro Rivadavia y el 23 de mayo de 2012 tuvo un accidente vial que lo dejó cuadripléjico. Lejos de amilanarse, en su pueblo le adaptaron una bicicleta y volvió al viejo amor. Por ello, se preparó física y mentalmente para volver a esta ciudad y reencontrarse con su hijo.

por Angel Romero

a.romero@elpatagonico.net

Llueve en la capital petrolera, las calles céntricas son una prueba para aquellos que olvidaron las botas de goma. Y más de uno maldice por la humedad y el frío que se comienza a sentir por los pies.

Para Carlos Gándara (51), el clima es otro porque acaba de finalizar una travesía que inició el 4 de marzo, cuando en compañía de siete ciclistas decidió unir su natal Adolfo Gonzales Chaves (provincia de Buenos Aires) con Comodoro Rivadavia.

“Problemas tenemos todos. Pero yo invitaría a las personas a que salgan adelante, de una manera u otra siempre se sale adelante, porque siempre que hay vida hay esperanza”, comenta Carlos a El Patagónico a su arribo al Centro Cultural.

El mensaje de Carlos cala hondo, porque para él los 1.300 kilómetros de recorrido tuvieron el doble de esfuerzo que un cliclista común, dado que desde aquel accidente de auto el 23 de mayo de 2012, Gándara quedó cuadripléjico. Y solo cuenta con movilidad en su tren superior.

El accidente no lo amilanó, pero sí lo llevó a mudarse de Comodoro Rivadavia y volver a la localidad bonaerense donde nació. Y tiene su familia de origen para los cuidados que requería la ocasión.

“Uno puede salir de esto, con el accidente no se me terminó la vida. Y por eso me propuse nuevos objetivos, como el volver a Comodoro en una bicicleta adaptada”, comentó.

Una “handbike” (bicicleta adaptada) fue el motor para que Carlos vuelva a practicar el ciclismo que supo conocer de joven en el velódromo de madera de Adolfo Gonzales Chaves. Y volver a ver a su hijo Brian de 21 años la meta final.

“Hace seis años del accidente. Y hacía cuatro que me propuse venir a Comodoro en mi bicicleta adaptada. En el medio hubo contratiempos, pero no por eso dejé de entrenar y prepararme”, subrayó.

Con un promedio de seis horas diarias de recorrido –a un promedio de 80 kilómetros por día- Carlos se sorprendió de los compañeros de ruta que conoció en el camino y los mensajes de aliento que recibió.

“Un poquito la idea era llegar. Ahora en el retorno la idea es ir parando por donde pasamos y dejar un mensaje de esperanza. Para mí es como volver a tener 12 años cuando corría en el velódromo. Incluso un amigo de esa época me acompañó hasta acá. Por eso cuando vi la ‘handbike’ por primera vez quise tenerla. Y unos amigos me hicieron una”.

Carlos hoy en día vuelve a vivir el deporte como promoción de personas, él asegura que la bicicleta lo mantiene “vivo”. Y de acuerdo a sus posibilidades sigue buscando la superación personal, que encontró ayer su premio en el abrazo interminable con su hijo.

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