Castillos del Loira: un lugar para recorrer en bicicleta
Son 450 km en 9 etapas desde Orléans a la costa de Saint-Nazaire, más una a Porni. Una experiencia única para los amantes del ciclismo, quienes pueden combinar su pasión con un hermoso viaje por paisajes único conociendo la esencia francesa.
El valle del río Loira, en Francia, con sus castillos y sus paisajes amables puede resultar una experiencia única de recorrer para aquellos que disfrutan de realizar travesías en bicicleta.  A través de este recorrido se invita a descubrir en dos ruedas uno de los valles más hermosos de europa.
La Loire à vélo (El Loira en bici) es un viaje al ritmo sosegado de la bicicleta siguiendo un tramo del río más largo de Francia. Un recorrido perfectamente señalizado que traslada a uno de los períodos más brillantes de la historia francesa: el Renacimiento, con sus suntuosos castillos reales, nobles palacios de elegante silueta y soberbios jardines.
Son poco más de 450 kilómetros entre Orléans y la desembocadura del río, en medio de la amable campiña francesa salpicada de viñedos, acompañando los suaves meandros por un paisaje prácticamente llano, apto para todos los públicos, desde principiantes hasta los más experimentados, niños incluidos.
La ruta de La Loire à vélo forma parte de un proyecto cicloturista europeo conocido como la Eurovelo 6, un itinerario de más de 3.600 kilómetros que une la costa atlántica francesa con el Mar Negro, atravesando toda Europa central (www.eurovelo6.org). El recorrido de La Loire à vélo se sitúa en la parte más occidental de esta gran ruta, y uno de los tramos más interesantes se ubica entre Orléans y la desembocadura del río en el Océano Atlántico (Saint-Nazaire). El itinerario propuesto discurre mayoritariamente por la ribera del río, aunque en ocasiones se desvía y permite explorar algunas variantes interesantes que se apartan de su cauce con la excusa de visitar los castillos más retirados del valle principal.
En este país está permitido llevar gratis las bicis en los trenes regionales (TER), y en los de larga distancia. Incluso la bici puede formar  parte de la franquicia del equipaje (23 kg). Siempre deben facturarse plegadas (manillar girado y sin pedales) y las ruedas desinfladas, además de ir embaladas en una caja, que a veces la misma aerolínea proporciona previo pago de una tasa. De esta forma, el turista no tendrá problemas para trasladar su transporte.
Se recomienda cubrir los poco más de 450 km que separan Orléans de Saint-Nazaire en 9-10 días con una media de entre 40 a 50 km por jornada; un ritmo cómodo que deja tiempo suficiente para, además de pedalear, poder visitar ciudades, castillos, conocer alguna variante y sobre todo disfrutar del viaje sin prisas.

UN HERMOSO VALLE DE CASTILLOS
El Valle del Loira es conocido por sus castillos. Muchos fueron viejas fortalezas medievales, pero casi todos adquirieron sus elegantes formas actuales a lo largo de los siglos XVI y XVII. La mayoría no son castillos para la defensa, sino residencias de reyes y nobles o suntuosos pabellones de caza. Todos se ubican en las riberas del Loira o muy cerca, a orillas de alguno de sus afluentes (www.loirechateaux.org).
Así que es impensable viajar al Loira y no ver sus castillos. Visitarlos todos (más de 40) resulta imposible en un viaje así, además el presupuesto se dispara (entre 8 y 13 euros por persona y castillo). Los castillos ineludibles son: Chambord, Chenanceaux y Azay-le- Rideau, y eso significa que en verano el turista se encontrará con mucha gente.
En algunos de estas reliquias merece la pena ver solo los jardines (Villandry, Chaumont-sur-Loire), y en la mayoría basta con disfrutar de sus fotogénicas siluetas desde la reja o desde la otra margen del río.
Las audio guías, a veces en español, resultan de gran utilidad para conocer un poco mejor la historia del castillo. En las oficinas de turismo ofrecen diferentes tipos de bonos para visitar varios castillos (Pass’Chateaux), con lo que se puede llegar a ahorrar hasta un 10%.
En el Valle del Loira se ven muchos tipos de ciclistas (deportistas, turistas, jubilados) pero lo que llama la atención son las familias con niños de todas las edades. No cabe duda de que se trata de un itinerario perfecto para recorrerlo con chicos, la clave está en adaptar el viaje a ellos y no al revés.
Allí además de pedalear, hay una importante variedad de actividades y lugares que conocer. En Saint-Hilaire Saint-Florent se encuentra la Escuela Nacional de Equitación donde se pueden presenciar las demostraciones de los conocidos jinetes del Cadre Noir. Allí las toneladas de excrementos de los 400 caballos de la escuela se utilizan como abono en las famosas champiñoneras, también hay museos y reconocidas bodegas subterráneas que se anuncian a lo largo de la calle principal, las cuales ofrecen degustaciones, visitas comentadas y venta directa.
En Cunault, por su parte, se encuentra el antiguo monasterio benedictino del cual solo queda en pie la iglesia abacial, una joya del románico, y un robusto campanario; en el interior destaca la gran riqueza de los capiteles esculpidos.
Además quienes opten por la variante a Angers en La Daguenière van a atravesar las famosas canteras de pizarra de Trélazé. Estas piedras esquistosas de color negro azulado se emplean en forma de lajas finas y perfectamente planas para cubrir las cubiertas de casas y edificios (también de castillos). Desde el siglo XV, la población vivió al ritmo que marcaban las ardoisières, que tuvieron su edad de oro a principios del siglo XX pero hoy están en franca decadencia por culpa de las pizarras gallegas, más baratas y de buena calidad. En el museo (www.lemuseedelardoise.fr) se exponen herramientas y vestimentas, y se explican con  maquetas el método de extracción.
Este lugar, es un paraíso francés, donde el turista además de recorrer bellos paisajes, puede adentrarse en la cultura, y la historia de uno de los país, más emblemáticos del siglo XVIII. Hoy un símbolo del turismo internacional.