“Cincuenta sombras de Grey”, un cóctel de promesas incumplidas y recursos de control

La sexualidad encarna en la novela un bien supremo que se comercializa en distintos soportes -libros, películas, objetos- y, bajo una engañosa prédica liberadora, recicla viejas relaciones de poder a la vez que ensaya nuevos recursos de control. ¡Mirá el Trailer!.

Con escasos aciertos literarios y una trama pirotécnica organizada en torno a una relación sadomasoquista, la saga “Cincuenta sombras de Grey” lleva vendidos más de 70 millones de ejemplares y promete revalidar su éxito con la adaptación cinematográfica homónima que llega a los cines argentinos, desafiando voces críticas que la acusan de funcionar como un alternativa falsamente liberadora que encubre nuevas formas de opresión femenina.

No alcanza con ponderar las habilidades del marketing para justificar el posicionamiento de esta historia -editada por Grijalbo- que plantea un vínculo asimétrico entre un déspota millonario y una joven frágil que lucha por su autonomía y lentamente la conquista a través del sexo.

Salpicada por las mismas contradicciones que otros fenómenos contemporáneos, la saga de la inglesa E. L. James condensa sus hallazgos en aquello que ha sido paradójicamente una de sus impugnaciones más frecuentes: la desacreditación concentrada en apreciaciones como “erotismo soft para amas de casa” o “pornografía para mamás”, menosprecia el aporte que supone la identificación masiva de centenares de mujeres con la búsqueda de una homónima que se entrega a la exploración de su deseo.

La clave de esta empatía radica en un relato donde la transgresión irrumpe sutil y disciplinada con el propósito de horadar el paradigma del relato romántico centrado en la búsqueda del yo a través del amor, pero al mismo tiempo preocupada en controlar su potencia disruptiva para evitar la capitulación en cadena de un universo lector que acepta ser desacomodado, pero sólo a medias.

Sin embargo, el mérito de “Cincuenta sombras...” parece quedar replegado a su astucia para instalar en la agenda global una visión adulterada del imaginario sexual femenino ya que las formas de representación de ese universo se acercan más a la reversión de antiguos tópicos patriarcales que a una indagación profunda sobre la naturaleza del deseo.

EROTISMO Y PODER

“La novela combina con habilidad las fantasías femeninas tradicionales con una fachada de aparente liberalidad, que hasta hace poco se reservaba a los varones. El erotismo de la protagonista se despliega sin inhibiciones, pero se combina con el amor romántico y la exclusividad erótica”, explica la psicoanalista Irene Meler.

“Se ha cultivado entre las mujeres un imaginario que estimula su dependencia de un personaje masculino poderoso y atractivo, que las colmaría hipotéticamente de dones económicos y les habilitaría un ascenso social ganado a base de encanto y seducción -analiza-. No es cuestionable que estimule la masturbación, lo discutible es su incitación a la voracidad, la promesa de placeres interminables, en fin, la explotación comercial de un deseo infantilizado que viste con ropas actuales el viejo sueño del príncipe encantador”.

“Sesenta años después de las novelas de Corín Tellado, la ‘sombras de Grey’ parecen su reverso. Esta saga es todo lo que en esos libros no se decía pero se imaginaba en las entrelíneas -señala a Télam la psicoanalista Patricia Malanca-. Más allá de esto, la novela no ayuda a revelar, ni a concientizar respecto a la desigualdad de género”.

Alineada con la lógica de las sociedades post-capitalistas, la sexualidad encarna en “Cincuenta sombras...” un bien supremo que se comercializa en distintos soportes -libros, películas, objetos- y, bajo una engañosa prédica liberadora, recicla viejas relaciones de poder a la vez que ensaya nuevos recursos de control.

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