Cómo abrir una cuenta en el exterior

Acercándonos al año del inicio del blanqueo más grande de la historia (u$s117.000 millones) pero aun con más de u$s 240.000 millones en el exterior y casi un millón de argentinos comprando dólares durante el julio (u$s 3.005 millones), es claro que nuestra pasión por la moneda norteamericana y su resguardo en el exterior sigue incólume.

De hecho, los principales funcionarios del poder Ejecutivo habrían incrementado en el último año su tenencia declarada de bienes en el exterior un 50%, superando los u$s 20 millones -más del 40% de todos sus bienes- , el 60% de esto en cuentas bancarias (sobresalen el ministro de Economía con el 88% de su patrimonio, el de Relaciones exteriores con el 81%, y el presidente del Banco Central con 70%). La pregunta entonces para cualquier ciudadano ordinario es "¡¿...y por qué yo no?!".
Tradicionalmente el lugar más sencillo para abrir una cuenta en el extranjero resultaba ser Uruguay, y en particular el Banco República (el equivalente a nuestro Banco Nación). Bastaba cruzar a Colonia, llevar algunos dólares, el documento y en un par de horas se era titular de una "cuenta offshore". Con el tiempo el trámite se fue complicando, comenzaron a pedir alguna prueba de residencia (facturas de un domicilio), un visto bueno impositivo, etc. Todavía es factible, pero para las cuentas nuevas ya no se cuenta (SIC) con la cobertura de la proverbial confidencialidad uruguaya, así que tal vez convenga descartarlo.
Si bien el destino turístico favorito para los latinoamericanos -y los argentinos somos latinoamericanos- es desde tiempo inmemorial Disney/Miami, nuestros ojos financieros siempre han estado puestos en la "Gran Manzana" y no sin razón. Las leyes y regulaciones para apertura de cuentas en EE.UU. cambian de estado en estado y ciudad en ciudad, y ninguna es tan proclive a recibir los dólares de los extranjeros como Nueva York/Manhattan. La buena noticia es que para abrir la cuenta debemos trasladarnos allí. La mala es que para abrir la cuenta debemos trasladarnos allí.
Lo primero que debe saber el "turista financiero" es que no todos los bancos son iguales. Algunos nos cerraran amablemente las puertas en la cara, mientras otros nos recibirán con un bienvenido "no problem" (entre los primeros Chase, Popular Comunity, etc., entre los segundos el Citibank, Bank of America, Wells Fargo, Capital One, TD Bank, etc.). Al momento de escoger entre la Casa Central y el que nos quede más cerca, no lo dude, no gaste en taxi (atención que en una sucursal pueden decirnos que no, y en la próxima que sí). El segundo punto –importante– es que no todos los bancos nos cobrarán lo mismo por el mantenimiento de la cuenta (recuerde que usted es un pequeño inversor y no puede viajar con más de u$s 10.000 por vez), por ejemplo, mientras el Citi nos puede pedir un saldo diario de u$s50.000 y Capital One se conforma con u$s300, para otros basta con depositar u$s50 para tener nuestra nueva cuenta. Así que no sea snob y arranque por lo más barato.
Munido de pasaporte, un par de pruebas de su domicilio real (DNI, cuenta de teléfono, extracto bancario o de tarjeta -mejor-, etc.), un número de teléfono local (gaste unos u$s50 por un chip y transfiera el número a Google Voice, para el caso que el banco decida luego mandarle un "mensajito" cuando vuelva al país) y la dirección donde se está alojando, anímese y abra la puerta a ser "un argentino más" –¡¡¡ah, y no se olvide del dinero!!!–
Si su inglés no es de los mejores, no cancheree, pida que lo atienda alguien que hable castellano que los bancos siempre tienen un "latino a mano". A partir de aquí esta persona es la diferencia entre el éxito y el fracaso de la operación. Pregunte, pregunte y pregunte, pero por sobre todo sea simpático y tómese todo el tiempo que quiera. Allí eso no molesta. Fotocopias, idas y vueltas del "Clerk" y charla amable mediante (agarre los caramelos sin miedo), en no más de una hora todo debería estar listo. ¿Qué significa listo? Que usted será el orgulloso titular de un pack de bienvenida a la institución, 3 cheques gratuitos para utilizar como quiera, una clave de acceso para Internet y una tarjeta de débito temporaria con su PIN hasta que le envíen la definitiva a su casa (atención que algunos bancos prefieren mandarle la definitiva a su domicilio en Nueva York lo que puede tardar hasta 7 días; si usted da la dirección de hotel pero no está alojado y no avisa, le pueden rechazar el paquete).
Si durante el diálogo sale la pregunta de por qué quiere abrir la cuenta, por Dios no les diga que es para "evadir" -eso está muy mal- y menos todavía para hacer negocios en los EE.UU. (esta es otra historia), sino que está cansado que le pesifiquen los dólares que recibe vía el más popular medio de pagos virtual, que tiene clientes en otros países que le abonan en moneda norteamericana, que tiene gastos en otras monedas y lo "matan" con la triangulación con el dólar, etc.
Finalmente, cuando vuelva a casita, no se olvide de declarar la cuenta y el dinero que puso en ella, porque el gobierno norteamericano -mientras siga siendo un "ciudadano ordinario"- no le va a avisar a la AFIP.
Por supuesto que pueden surgir algunos problemas y nos queda pendiente el tema de garantías, cómo transferir dinero de acá para allá y viceversa, cuánto y cómo podemos sacar los dólares, que hacer si hubo algún inconveniente en la apertura de la cuenta, cómo evitar que la bloqueen, etc. Pero eso queda para otra nota.

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