Comodoro 2018: hacia una nueva agenda para la innovación productiva y el desarrollo sustentable

Enrique Zuleta Puceiro, presidente de la Fundación de Investigaciones Económicas y Sociales, analizó las opciones en materia de innovación productiva y desarrollo sustentable que tiene la Cuenca del Golfo San Jorge.

por Enrique Zuleta Puceiro

Presidente de la Fundación de

Investigaciones Económicas y Sociales (FINES).

El reconocimiento de que toda crisis tiene un doble componente de desafío y de oportunidad es uno de esos lugares comunes que, de tan repetidos, terminan por anestesiar a las sociedades.

Sobre todo, cuando la política vuelve a faltar a su cita con la historia y ofrece, en cambio, el aspecto de un naufragio desesperado en el que todos pugnan por salvarse a expensas de los demás.

Es algo que vuelve a golpear al ciudadano de a pie, una y otra vez desengañado de falsas promesas y cada vez más comprometido con la necesidad de dar un salto cualitativo en sus oportunidades de vida, sobre las bases nuevas y sustentables en el largo plazo.

Esta doble sensación de riesgo y oportunidad vuelve a poner en tensión a una sociedad cada vez menos dispuesta a postergar sus expectativas de algo diferente. Particularmente en los pueblos y ciudades del golfo San Jorge, una de las regiones más ricas y prometedoras del país, dotada de recursos materiales y humanos excepcionales, aunque incorporada -para bien y para mal- a los vaivenes imprevisibles de los mercados globales.

¿Cómo superar la condena de una economía sometida al peso insoportable de un modelo de producción en decadencia? ¿Cómo diversificar la matriz productiva y desarrollar en plenitud las oportunidades propias de una situación excepcional de recursos y posibilidades abiertas al mundo?

La respuesta parecería volver a estar más allá de la buena voluntad, el trabajo y el esfuerzo de trabajadores y empresarios. Poco puede hacerse, en efecto, cuando lo que faltan son el tipo de visiones compartidas, ideas estratégicas y programas concretos de trabajo común, que en una sociedad normal solo la política es capaz de aportar.

Sin embargo, un balance objetivo de las fortalezas y debilidades de la región demuestra que esta vez, las oportunidades vuelven a ser más importantes que los riesgos y que todo depende de nuestra capacidad para identificar y mantener el rumbo, superando las angustias y extorsiones de la coyuntura y apuntando siempre al largo plazo.

Las oportunidades vuelven a ser extraordinarias. Lo que necesitamos es contar con herramientas para capitalizarlas.

El modelo de crecimiento posible del golfo San Jorge es del tipo de los que en muchos lugares del mundo caracteriza hoy a los ecosistemas de innovación. Es decir, sistemas basados en una combinación excepcional entre recursos naturales y humanos en un contexto de posibilidades externas nuevamente abiertas.

Lo importante es reconocer que esta síntesis de factores no se produce por generación espontánea. Más, bien al contrario. Solo es posible merced a una articulación inteligente y deliberada de factores que solo una política inteligente puede llegar a combinar. La clave vuelve a estar en la voluntad y la inteligencia de dirigentes. En su capacidad y compromiso suficientes para remontar las inercias del pasado.

Los ecosistemas de innovación –y Comodoro es la cabeza de uno de los más importantes que tiene el país- son espacios territoriales con vocación de convertirse en centros de generación de creaciones y transformaciones socioeconómicas y socioculturales capaces de responder a los nuevos retos del desarrollo.

Al igual que los ecosistemas naturales, los ecosistemas de innovación son espacios en los que priman la creatividad y la capacidad de resiliencia y de adaptación a los cambios. En nuestro caso, es decisiva la presencia de un cluster excepcional de empresas nacionales y globales, que crea en Chubut las condiciones ideales para la puesta en marcha de procesos de colaboración público-privada del tipo de los que se propugnan en todo el mundo.

A ello debe sumarse la circunstancia de que, en las ciudades del Golfo, el desarrollo científico y tecnológico asociado a las industrias extractivas tales como el gas, el petróleo, la minería, la agricultura, la biotecnología, los recursos del mar, etc. no se producen en un territorio estéril, aislado, desértico y desconectado. Todo lo contrario, se produce en un territorio dotado de la dinámica necesaria para protagonizar una revolución basada en la capitalización de sus recursos humanos y naturales, de sus ventajas comparativas y competitivas y, sobre todo, su una clara predisposición para la innovación productiva.

Una rica experiencia internacional demuestra que los rasgos determinantes del potencial innovador de estos ecosistemas urbanos y territoriales suelen ser similares a los de los de los ecosistemas naturales. La diversidad, la complejidad, la densidad, la apertura al exterior, la conectividad y las posibilidades de interrelación son los factores esenciales que permiten impulsar espacios creativos e innovadores. Son espacios de conocimiento e innovación capaces de concentrar capacidades y destrezas, talento y creatividad, que son las “especies clave” que están en la base de los procesos innovadores.

Por, sobre todo, se verifica en Chubut un dato central, clave para todo modelo innovador de desarrollo sustentable: la presencia de una red de ciudades intermedias capaces de operar como instancias promotoras de procesos de innovación y desarrollo con niveles de desempeño situados por sobre la media de redes similares dentro del país.

Este martes 29, convocado por el Gobierno municipal, un grupo destacado de especialistas en materia de desarrollo territorial iniciará en Comodoro un proceso de reflexión basado en estudios empíricos y foros de integración, a la búsqueda de las claves de un futuro de desarrollo económico sustentable, basado en la innovación productiva y la diversificación económica. Toda una agenda por abordar para que la crisis no sea sea una nueva oportunidad perdida sino un punto de partida nuevo y definitivo.

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