Comodoro fue uno de los ejes de la búsqueda del ARA San Juan
A partir de la desaparición del submarino ARA San Juan, ocurrida costas afuera del Golfo San Jorge, Comodoro Rivadavia se convirtió en el principal centro operativo de la búsqueda de la embarcación que llevaba 44 tripulantes a bordo cuando se perdió comunicación con ella el miércoles 15 de noviembre. Personal y equipos de Estados Unidos, Reino Unido, Rusia, entre otros países, llegaron a esta ciudad para dirigirse a la zona de los rastrillajes. Una veintena de naciones colaboraron con los operativos que continúan en la actualidad, pero solo con un reducido número de embarcaciones.

El ARA San Juan con sus 44 tripulantes desapareció el 15 de noviembre a la altura del Golfo San Jorge, 240 millas náuticas -432 kilómetros mar adentro-, frente a Puerto Deseado. La noticia causó una gran repercusión en todo el mundo y generó que una veintena de países, entre ellos potencias como Estados Unidos, Rusia y Gran Bretaña, decidieran enviar su apoyo para encontrar el submarino.

A partir del 19 de noviembre, Comodoro Rivadavia se convirtió en el principal centro operativo de la búsqueda del ARA San Juan. En esos primeros días, un minisubmarino, una campana de rescate y un vehículo sumergible de control remoto fueron llegando al Aeropuerto Mosconi proveniente de Estados Unidos.

El equipamiento fue trasladado a bordo de aviones de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, junto con un grupo de expertos en rescate de submarinos con las esperanzas que las condiciones climáticas permitieran encontrar rápidamente a los 44 tripulantes. En tanto, el rastrillaje aéreo con unidades argentinas y de auxilio internacional continuaba en cada una de las áreas asignadas.

Incluso buques al servicio de la industria petrolera como los barcos noruegos Skandi Patagonia y Sophie Siem, dejaron durante varias semanas sus tareas para las empresas Total y Enap Sipetrol con la finalidad de trasladar equipos hacia la zona de rastrillaje.

El Skandi Patagonia partió hacia la zona de rescate con un sonar de búsqueda lateral, una campana de salvamento que es operativa hasta los 250 metros y un vehículo de operación remota, que tenía la función de inspeccionar hasta los 1.200 metros de fondo desde la superficie.

Mientras tanto, las tareas en el puerto local no tenían descanso. Un grupo de soldadores trabajaba a contrarreloj para adaptar la superficie del Sophie Siem para el traslado de un minisubmarino.

ESPERANZA Y TRABAJO

En esa segunda quincena de noviembre, Comodoro estaba conmocionada por la búsqueda del ARA San Juan y la esperanza de encontrar a sus 44 tripulantes continuaba más latente que nunca. Es por eso que el Hospital Regional reprogramó todas sus cirugías para que se pudiera disponer de la mayor cantidad posible por si los tripulantes eran rescatados.

Además, los centros asistenciales de atención privada pusieron a disposición sus instalaciones para organizar los recursos que fueran necesarios y los bomberos voluntarios también estuvieron en alerta permanente para brindar su apoyo logístico.

Sin embargo, el panorama que brindaba la Armada Argentina desde Mar del Plata no era alentador. Ya no se ocultaba la preocupación y la posibilidad de que comenzara a faltar oxígeno dentro de la embarcación.

Los días transcurrían y la angustia crecía cuando se escuchaba explicar a los especialistas que después de una semana es muy difícil que los tripulantes siguieran con vida.

Pero la misión de rescatar a los tripulantes generó que se vivieran momentos históricos en Comodoro Rivadavia. Uno de ellos fue el vuelo más largo del mundo, sin reabastecimiento de combustible, que realizó el Airbus A330 Voyager de la Real Fuerza Aérea Británica.

El avión británico aterrizó el 22 de noviembre en el aeropuerto Mosconi con más de 3 toneladas de equipamiento para la búsqueda del submarino y fue el segundo aterrizaje de un avión británico en suelo argentino después de la guerra de Malvinas.

TRABAJAR ANTE EL ANUNCIO

Pese a que la opinión diferentes especialistas aseguraban que las posibilidades de encontrar la embarcación eran mínima, en Comodoro Rivadavia se trabaja sin descanso para dar con el paradero del ARA San Juan.

Ni el viento ni las altas temperaturas hicieron que obreros de distintos rubros dejaran de brindar su ayuda desinteresada para soldar las modificaciones en el Sophie Siem o acomodar equipamiento para continuar con los rastrillajes.

Sin embargo, al octavo día de la desaparición de la nave, la Armada Argentina informó que, el 15 de noviembre, en el submarino se produjo una “anomalía hidroacústica”, un “evento anómalo, corto, violento y no nuclear compatible con una explosión”.

La noticia conmovió a los familiares de la tripulación y al país, pero no hizo decaer los esfuerzos en el puerto comodorense. Allí, el equipo de rescate subacuático de la Marina de Estados Unidos, los efectivos de la Armada Argentina y soldadores locales, quienes trabajaron durante 36 horas ininterrumpidas, continuaban con las modificaciones del buque Sophie Siem.

Es que se creía que el remolcador llegaría a la zona de rescate antes que se cumplieran lo diez de la desaparición del submarinom pero las condiciones climáticas hicieron que todo se retrasara y la misión se viera retrasada durante dos días más.

En tanto, en la Costanera, cientos de comodorenses se reunieron para despedir al Sophie Siem pero la embarcación no pudo salir debido al retraso de sus refracciones.

Se cumplían doce días del último contacto de los 44 tripulantes con la Armada Argentina y el remolcador finalmente pudo salir del puerto de Comodoro Rivadavia hacia la zona de rescate.

Con la despedida del Sophie Siem comenzaban las tareas en la Corbeta Robinson y se esperaba la llegada del ARA Islas Malvinas.

La primera embarcación fue cargada con equipamiento de búsqueda aportado por Rusia mientras que el ARA Islas Malvinas se le cargó un equipo remoto de búsqueda submarino de mayor complejidad y alcance proveniente también de la exunión soviética.

SIN CONSUELO

Un día después que Sophie Siem partió hacia la zona de rescate, el Gobierno nacional ordenó cesar la búsqueda ya que consideró que no había probabilidades de hallar a nadie con vida.

En el puerto se masticaba bronca, no solo por todo el trabajo sino también porque Luis Tagliapietra, padre del teniente de corbeta Alejandro, uno de los 44 tripulantes del ARA San Juan, había llegado a la zona para agradecer los trabajos que realizaron para buscar a sus familiares.

En medio de tanto dolor se esperaba el arribo del Atlantis, un buque científico estadounidense. Esta embarcación, junto al Yantar, de la Federación Rusa, fueron los únicos navíos que siguieron con la búsqueda del ARA San Juan después que el Skandi Patagonia, el Sophie Siem y el Didika zarparon a sus bases naturales.

Ya el Atlantis, desafectado de los rastrillajes por decisión del propio gobierno de Estados Unidos, se encuentra amarrado en el puerto de Comodoro Rivadavia a la espera de zarpar hacia otras latitudes.

A 46 días de la última comunicación con el San Juan, hoy la búsqueda queda reducida solo a la tarea de un puñado de embarcaciones, como el mencionado Yantar y los barcos militares argentinos ARA Sarandí y el ARA Islas Malvinas, este último con el ROV ruso Panther Plus a bordo, un vehículo operado remotamente con capacidad de 1.000 metros de sumersión.