Comodoro se queda sin uno de sus maestros con la partida de Nacer

Ayer se conoció la triste noticia que tuvo repercusión no sólo en la Patagonia, sino en distintos puntos del país. Porque a lo largo de su carrera, el hombre de hablar pausado supo, a través del taekwondo, cambiarles la realidad a muchos jóvenes.

por Angel Romero

a.romero@elpatagonico.net

Ayer se conoció la noticia del fallecimiento de Rodolfo Nacer, Sabon Nin VI Dan y profesor de taekwondo de la Escuela Municipal del gimnasio 1, más conocido como el “El Turco”. Aunque la mayoría de sus alumnos le decía “maestro”, por el cariño y las enseñanzas que supieron aprender al lado del ex jugador de Ferrocarril del Estado.

En una de las “Historias de domingo” de El Patagónico, Nacer rememoraba y sostenía que su incursión en las artes marciales en la capital petrolera fue a “lo salvaje”, donde la resistencia era una de las condiciones que más se ponían a prueba.

Con el paso de los años, Rodolfo fue perfeccionándose en el arte marcial. Y nunca olvidó sus orígenes acerca de quiénes le enseñaron. Por ello, en cada entrevista nombraba a su maestro Pedro Florindo (VIII Dan), de la Escuela Argentina de la disciplina. Y tampoco le restaba méritos a otros representantes de otras federaciones de artes marciales o deportes de combate.

Para él, su mayor logro era que un chico a través del arte marcial, pudiera encaminar su vida y cambiar su realidad si ésta le era adversa. De hecho, cada vez que concurría a este medio (con impecable traje de etiqueta o uniforme deportivo) lo hacía en compañía de alguno de sus alumnos pronto a competir o rendir para cinto.

“Vamos despacio, que estoy medio limitado”, advertía cada vez que encaraba la escalera del diario hacia el primer piso, dado que un pico de presión que sufrió en 2008 –cuando estaba practicando con Sergio Oyarzo– le había dejado secuelas de una parálisis que, en principio, los médicos habían advertido que sería sin posibilidad de recuperación.

Pero ahí iba el “Turco”, de a poco, midiendo sus palabras y sus movimientos. Fue así que en menos de un año ya estaba al frente de la clase en la sala que el Ente Comodoro Deportes le puso “Rodolfo Nacer”, como homenaje en vida.

Si bien su falta de movilidad le impedía hacer ciertos movimientos, a Nacer solo le alcanzaba una mano para presionar en los puntos justos del oponente, para inmovilizarlo y dejarlo sin reacción.

Pese a ello, consideraba al taekwondo como un “arte marcial” que, como tal, implicaba determinadas pautas de vida. Luego venía la técnica y las exhibiciones.

Una sola vez tuvo que utilizar el taekwondo como último recurso, cuando trabajaba en un supermercado local y un hombre que estaba fuera de sí por la bebida no podía ser controlado.

“Ese día el golpe (uno solo en la zona hepática) me dolió más a mí, porque el arte marcial es para crecer como persona y no para andar repartiendo golpes”, recordaba.

Cuando le preguntaban acerca del cariño y reconocimiento que recibía, y si él era ‘Rodolfo Nacer, el mejor de todos’, sintetizaba: “Yo soy igual que todos, porque en esta vida todos estamos de paso, y no hay mejor cosa que siempre tener buen dialogo con la gente, buena disposición, enseñar, corregir”.

“A mí me gusta mucho enseñar, pero siempre les digo a los alumnos: ‘yo quiero que lo que a mí me costó, ustedes lo hagan bien’. Porque si a mí no me interesara esto, dejaría que hagan cualquier cosa. No. Yo voy a hacer todo lo mejor para ustedes, y quiero que sepan que los voy a llevar siempre en el corazón”, afirmaba.

Rodolfo Nacer falleció anteanoche en su casa. Hace un tiempo había sufrido un segundo ACV del cual no pudo recuperarse. “El Turco” se fue para siempre, pero su legado también será eterno.

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