Con perfil bajo la Fuerza Aérea celebró el 25 aniversario del bautismo de fuego

La madrugada del primero de mayo de 1982 fue violenta. El Reino Unido atacó por primera vez las bases aéreas militares: Malvinas y Cóndor, situación que se materializó con 70 salidas de la Fuerza Aérea Argentina. A partir de allí se comenzó a escribir la nueva historia de la defensa en las alturas y en ese marco ayer se celebró el 25 aniversario del bautismo de fuego.

La Fuerza Aérea celebró ayer el 25 aniversario de su bautismo de fuego, pero lo hizo con un acto de perfil bajo: con emociones encontradas, con la ausencia de los que no volverán a estar, con la presencia de los héroes y con la indiferencia de quienes deberían haber presenciado tan importante acontecimiento.
En el salón de usos múltiples de la IX Brigada Aérea se hicieron las formaciones típicas de las fuerzas armadas, tocó la banda las marchas tradicionales y fueron pocos los asistentes sin uniforme los que se mezclaron entre la concurrencia.
Los ex combatientes ocuparon un lugar privilegiado en el acto, aunque para los que miraban la ceremonia desde afuera se esperaba algo más. Un reconocimiento, una distinción o tan sólo un anuncio al cumplirse un cuarto de siglo del bautismo de fuego que hasta llegó a cosechar elogios a nivel mundial por el desempeño de esos valientes hombres en una pelea por demás desigual.
Fue un acto sencillo, con perfil bajo y sobre todo con la mirada y oídos puestos en el acto central que por la tarde se haría en la base de El Palomar, Buenos Aires.
Las palabras que se pronunciaron estuvieron a cargo del vicecomodoro Francisco José Meglia, quien pasó a narrar los acontecimientos que se sucedieron a aquel primero de mayo de 1982, enumerando además las pérdidas, tanto humanas como materiales, de una guerra que no llevaba ni un mes de combate. Fueron cuatro aeronaves y 14 hombres en la lista de bajas.
«Para los hombres de armas, bautismo de fuego es el hecho que representa la máxima prueba de valor en combate al cumplir con el compromiso contraido bajo juramento de enfrentar el supremo sacrificio de entregar la vida por la patria», sostuvo Meglia.
Aquel 1° de mayo de 1982, la Fuerza Aérea dispuso 56 misiones de ataques que fueron cumplidas por aviones de combate IA 58 Pucará, Skyhawk A-4B y A-4C, Mirage M-III y Dagger M-5 conjuntamente con bombarderos Canberra MK62.
Esta sería la primera de una serie de acciones, que a lo largo de la contienda, significaron 445 salidas de combate, desarrollando ataques a objetivos navales y terrestres, transporte de tropas, víveres y el reaprovisionamiento en vuelo de aviones de combate.
Durante las operaciones se destacaron los sistemas de armas Hércules C-130 y KC-130, Lear Jet LR-35, Boeing 707, Fokker F-27 y F-28, Twin Otter DHC-6, y los helicópteros CH-47 Chinook y Bell 212.
Asimismo la artillería antiaérea y el Sistema de vigilancia y control de la Fuerza Aérea en Malvinas formaron una eficiente red de defensa antiaérea conjunta que permitió el derribo de numerosos aviones enemigos.
Por otra parte, debe señalarse la intervención de la aviación civil. Su apoyo constante durante el conflicto demostró la magnitud e importancia del accionar coordinado entre los medios del Poder Aeroespacial Nacional.
A todo esto las pérdidas humanas se traducen en 36 oficiales, 14 suboficiales y cinco soldados de la Fuerza Aérea Argentina que ofrendaron su vida en la contienda.
Ese primero de mayo el Reino Unido atacó las bases aéreas Malvinas y Cóndor, destruyéndose con el bombardeo una parte de la pista de aterrizaje. Lo orificios quedaron en los laterales internos de la pista y redujo en forma notoria su parte operativa.
De todas formas el escenario quedó intacto y no fueron reparados aquellos daños porque las fuerzas opositoras quedaron convencidas de que no se podría operar en ese estado.
Sin embargo los pilotos argentinos demostraron su enorme capacidad y en esas condiciones aterrizaron y despegaron durante toda la contienda.

Fuente:

Dejá tu comentario

Las Más Leídas del Patagónico