"Creí que tirarían mi cadáver a la laguna"

A las 8 de la mañana, como de costumbre, Primitiva Marcial se dirigía ayer a su trabajo, aunque esta vez, por falta de tiempo, lo hacía por un camino distinto que la llevó a encontrarse con dos jóvenes que la hicieron víctima de una brutal agresión.

Caleta Olivia (Agencia)
La mujer de 60 años de edad, quien permaneció gran parte del día de ayer internada en el Hospital Zonal debido a una feroz golpiza que le propinaron dos jóvenes menores de edad, sufrió la luxación de su hombro derecho y su cuerpo se encuentra repleto de hematomas. Además, le desfiguraron virtualmente su rostro.
Ella debía llegar al Barrio 132 Viviendas para cuidar a unos ancianos, pero cuando decidió cruzar por el camino que circunda la Segunda Laguna -un gran espejo de agua que se forma naturalmente por aguas de lluvia-, Primitiva notó la presencia de dos jóvenes que la seguían, pero el ataque fue tan sorpresivo que no pudo huir.
Los malvivientes encapuchados (se cree que ambos menores), vestían indumentaria deportiva, uno en color rojo y el otro en azul, y estaban decididos a robarle lo que pudiera llevar de valor.
Según relató la víctima horas más tarde a Diario Patagónico, los mismos parecían hallarse bajo los efectos de drogas y al no encontrarle billetes entre sus pertenencias, se tornaron más violentos y la agredieron a golpes.
Los delincuentes ya le habían arrebatado tres pesos en monedas que Primitiva llevaba en un pequeño monedero al fondo de su cartera de mano y además le quitaron el teléfono celular, al tiempo que la amenazaban con navajas de grandes hojas.
Así, entre golpes e insultos, los agresores se marcharon dejándola tirada, no sin antes amordazarla con la tira de su cartera, causándole importantes heridas en las comisuras de sus labios y en los tobillos, ya que se los sujetaron con cordones de zapatilla.

PENSO QUE LA MATABAN
En el forcejeo, cuando los agresores no creían que la mujer estuviera sin dinero, ésta, ante las incesantes amenazas de muerte, reclamó a gritos que la mataran, lo cual aumentó la ira de los jóvenes. «Creí que iban a tirar mi cadáver a la laguna», contó más tarde al recordar los violentos sucesos.
Una vez que perdió de vista a sus verdugos, la mujer se deshizo de las amarras y se dirigió hacia su hogar en el Barrio San Cayetano. Antes de llegar, un vecino que la conoció pidió en forma urgente una ambulancia con la que la trasladaron al hospital.
Cerca de las 13, un escribiente de la Seccional Segunda de Policía tomaba declaración a Primitiva que estaba postrada en una cama de la habitación Nº 9 del nosocomio local, asistida con calmantes antinflamatorios y en observación.
Hasta avanzada la tarde, los delincuentes no habían podido ser identificados por la policía y a medida que la noticia se fue propalando, la comunidad expresó una repulsa generalizada por este nuevo hecho de violencia y de inseguridad pública.

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