Critican desde el propio oficialismo las medidas del Banco Central
Si antes ya tenía críticos dentro del Gobierno Federico Sturzenegger, el martes, tras la suba de la tasa de referencia al 26,25%, los aumentó en igual proporción.
La línea Prat Gay dentro del equipo económico -Javier González Fraga en el Banco Nación y Vladimir Werning, subsecretario de Coordinación Económica en Jefatura de Gabinete- nunca avalaron la política que estaba llevando adelante Federico Sturzenegger en el BCRA. No hace falta conocer la reacción de ambos a la medida del martes. Tampoco es necesario consultar al ministro Caputo, que proviene de una larga y exitosa carrera en entidades financieras del exterior. Las Lebac hace un año que vienen ofreciendo una tasa muy por arriba de lo requerido por el mercado. El miércoles por la mañana hubo una reunión tradicional de seguimiento de la economía encabezada por Mauricio Macri y que contó con la asistencia de Marcos Peña, Mario Quintana, Gustavo Lopetegui, Nicolás Dujovne y en reemplazo de Caputo, Santiago Bausili. La suba de las tasas por el BCRA fue tema obligado.
Las críticas que le llueven al BCRA pasan por el bajo impacto que tiene su medida en definitiva para bajar la inflación. De hecho ya con las tasas en niveles elevados, la inflación núcleo fue de 1,8%. Pero más se objetan las subas de las tasas por el impacto que tienen en el tipo de cambio, alimentando el "carry trade", es decir que grandes fondos locales y del exterior se vuelquen a colocarse en pesos vendiendo sus dólares. Si antes la apreciación real del peso era un inconveniente, por la deuda que emite el Gobierno y las provincias y por la liquidación de la cosecha de soja, ahora lo será más por el "carry trade" al que cada mes se vuelvan más inversores. Lo paradójico es que aún con ese esfuerzo y críticas que recibe el BCRA, el cumplimiento de su meta del 17% anual es prácticamente imposible. El trimestre cerró con un alza de precios de 6,3% a lo que habrá que sumar cerca de 2% por la inflación de abril. Ante ese virtual incumplimiento de la meta, la duda es cuándo sería adecuado que el BCRA reconozca que no llega a cumplirla. La teoría indica que cuanto antes lo haga y fije meta creíble, mejor para su reputación. Estirar hasta último momento, esperando deflación en diciembre por ejemplo, no sería lo más razonable.
Las críticas que le llueven al BCRA pasan por el bajo impacto que tiene su medida en definitiva para bajar la inflación. De hecho ya con las tasas en niveles elevados, la inflación núcleo fue de 1,8%. Pero más se objetan las subas de las tasas por el impacto que tienen en el tipo de cambio, alimentando el "carry trade", es decir que grandes fondos locales y del exterior se vuelquen a colocarse en pesos vendiendo sus dólares. Si antes la apreciación real del peso era un inconveniente, por la deuda que emite el Gobierno y las provincias y por la liquidación de la cosecha de soja, ahora lo será más por el "carry trade" al que cada mes se vuelvan más inversores. Lo paradójico es que aún con ese esfuerzo y críticas que recibe el BCRA, el cumplimiento de su meta del 17% anual es prácticamente imposible. El trimestre cerró con un alza de precios de 6,3% a lo que habrá que sumar cerca de 2% por la inflación de abril. Ante ese virtual incumplimiento de la meta, la duda es cuándo sería adecuado que el BCRA reconozca que no llega a cumplirla. La teoría indica que cuanto antes lo haga y fije meta creíble, mejor para su reputación. Estirar hasta último momento, esperando deflación en diciembre por ejemplo, no sería lo más razonable.
