Cuando el taekwondo trasciende fronteras y busca sumar valores

A los 8 años, Sergio Oyarzo junto a su hermano Gustavo se iniciaron en el arte marcial de la mano del profesor y escritor Gabriel Jurgevic (fallecido en 2002). Eran épocas donde se entrenaban todos juntos y no por edad. De 100 practicantes, solo el dúo de hermanos hizo carrera en la disciplina asociada al ITK. En la actualidad, la Escuela Taekwondo Asociación Austral cuenta con tres campeones mundiales. Le abrieron las puertas al taekwondo adaptado y buscan sumar adherentes al deporte.

por Angel Romero

a.romero@elpatagonico.net

Hay un viejo proverbio que dice que “Padre es aquel que te da de comer, y maestro aquel que te educa en la vida”. Esa afirmación cada tanto viene a la mente de Sergio Oyarzo, quién desde hace 39 años está vinculado al taekwondo de Comodoro Rivadavia, con dos escuelas que intentan sumar adherentes al arte marcial en el gimnasio “Lutador” de avenida Rivadavia 1637 y en la barrio Standart de Kilómetro 8 donde todo comenzó para los hermanos Oyarzo (Sergio y Gustavo que reside en la actualidad en Barcelona).

“La idea es transmitir todos los conocimientos del arte marcial a nuestros alumnos. Y que ellos trasciendan esos conocimientos. Y que hagan escuela propia y puedan propagar el taekwondo. Con esa idea nosotros comenzamos con mi hermano Gustavo y luego con Hugo Reynoso, el poder tener una escuela competitiva y formadora de las artes marciales”, comentó Sergio Oyarzo a El Patagónico.

El inicio de todo fue en 1990, y en una escuela de barrio Standart, a cargo de las clases de hora y media estaba el profesor de enseñanza media y practicante de artes marciales, Gabriel Jurgevic, quien tuvo una pelea personal con el cáncer. Y cuando todo parecía perdido, una extraordinaria experiencia mística y espiritual lo rescató. A partir de entonces, Jurgevic nació de nuevo y comenzó a escribir para compartir su experiencia con la gente en una multiplicidad de libros publicados por la editorial Lumen. Algunos de sus trabajos han sido traducidos a otros idiomas. El maestro de los hermanos Oyarzo falleció en el año 2002.

EL CAMINO HACIA

LA PERFECCION

De 100 alumnos que entrenaban en la escuela de Jurgevic, Sergio y Gustavo eran los más jóvenes con 8 años. Y fueron los únicos que eligieron continuar por el camino hacia la perfección.

“Yo era uno de los más chicos, y junto a mi hermano éramos los últimos en formarnos. Pero fuimos de los pocos que decidimos continuar. Luego abrimos la escuela en Standart. Y Gustavo en el 2000 se fue a vivir a Barcelona y yo quedé a cargo de la escuela. Porque en definitiva, el taekwondo no es para todos, dado que incluye toda una serie de exigencias que no solo quedan en la práctica en sí misma. Y la gente se va perdiendo”, resaltó.

No fue fácil, el arte marcial interpela a quienes lo practican en todos los sentidos. No solo el cuerpo de pone de manifiesto a la hora de salir al tatami a medirse con un semejante o al ejecutar las técnicas y habilidades en forma individual.

No es fácil mantener la motivación cuando la exigencia va en progreso “Hay que buscarle el incentivo a los chicos. Yo tengo alumnos de hace muchos años, como es el caso de Hugo Reynoso, que hoy en día no solo es mi alumno sino también mi socio en el gimnasio que decidimos poner (ubicado en la ex estación de la Shell de avenida Kennedy). Imaginate hasta qué punto se dan los vínculos en un arte marcial, porque Hugo sigue siendo uno de mis alumnos más fieles y que me viene acompañando durante muchísimos años. Primero era compañero y luego pasó a ser mi alumno. Y hoy manejamos la escuela y tenemos el gimnasio. Y nos enfocamos en llevar adelante la parte deportiva de ambos. El incentivo que tuve en Hugo fue poder continuar en la actividad y poder desarrollar una escuela importante, poder tener un grupo de alumnos fieles. Y eso es el resultado de años de trabajo y esfuerzo”, sostuvo.

PRESENCIA MUNDIAL

Si de logros deportivos se habla, la escuela de Sergio Oyarzo cuenta con tres campeones mundiales entre sus filas. Y presencia en cada Mundial ITF que se realiza en distintas partes del mundo.

“En lo que fue 2018, participamos del Mundial que este año encontró a la Argentina como sede, donde Leila Ramos por segunda vez se consagró campeona mundial en formas de 1° Dan en categoría juvenil. Y subcampeona en lucha en la categoría hasta 55 kilogramos. A eso hay que sumarle el desempeño de Alan Vergara, que también se consagró campeón mundial en lucha, en categoría juveniles hasta 70 kilos. También participé yo que quedé 2° en lucha y 3° en forma en la división senior. Y la participación de Thiago Oyarzo que concluyó 4° en técnicas y habilidades y quedó a un escalón de hacer podio. Junto a Hugo Reynoso que ya había sido campeón mundial en 2002”, detalló.

La nota saliente fue Fabián Burgos, quién fue el representante en taekwondo adaptado en lo que fue la segunda edición en un Mundial, donde Burgos quedó 3° en formas y 3° en habilidades junto a Leandro Esperón.

QUE EL ALUMNO SUPERE AL MAESTRO

“Hay alumnos que se concentran en ser buenos practicantes (competitivamente hablando) y hay quienes se enfocan en ser buenos instructores de taekwondo. Nosotros nos enfocamos en aquellos que creen ser capaces de obtener un resultado deportivo como así también en los interesados en poder brindar a futuro los conocimientos adquiridos a otras personas”, recalca.

Sea cual sea el objetivo. Oyarzo sostiene que no debe haber medida a la hora de la transmisión de los conocimientos, esa es la diferencia entre un instructor de arte marcial y aquel que anhela ser un maestro de la disciplina.

“Nosotros no solo educamos o formamos a los chicos. Tratamos de transmitir a los chicos el futuro que nosotros quisimos para nosotros. Y buscamos que se contagien de esta pasión que ojalá les permita hacer y vivir de lo que les gusta. Este no es un deporte que solo se cierra en la hora de práctica, implica una serie de cualidades para poder hacer propia el arte marcial”.

En ese camino de formación, Sergio sostiene que el mayor anhelo es que sus alumnos vayan haciendo su propia escuela, que vayan haciendo docencia. Porque la faz deportiva tiene su techo.

“Nosotros queremos que nuestros alumnos sean buenos instructores para captar mayor cantidad de deportistas. Acá no mezquinamos conocimiento, mi mayor deseo es que mis alumnos me superen y se perfeccionen, que sean capaces de llegar más lejos que yo y tener escuelas más grande que esta”.

UN MUNDO DE

GRATIFICACIONES

Más allá de un logro deportivo que trasciende fronteras, Sergio vive a diario de gratificaciones que se generan sin buscarlo en forma directa.

“Los nenes que se inician, lo hacen por curiosidad, por recomendación médica o porque sufren bullyng en la escuela. Y la institución escolar no da respuesta al reclamo de los padres o no encuentran solución alguna. Yo recuerdo años atrás, cuando el gimnasio también era escuela de taekwondo y nos trajeron un nene que iba a una escuela importante de Comodoro”, rememoró.

Oyarzo lo tomó como un practicante más. Desconocía la situación del nene en la escuela y el acoso que sufría. Luego de dos meses, fue la misma madre quién le agradeció a Sergio lo que consiguió con su hijo.

“Resulta que el nene creció en su amor propio. Y ante la situación de bullyng permanente que vivía, supo pararse desde otro lugar y ponerle fin al acosador. Si bien la práctica del arte marcial te disciplina en muchos aspectos, también te da seguridad en cuanto a tus potencialidades. Entonces se ve que el nene pudo ubicar a su agresor para que cese el acoso”.

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