Cuando las noches fueron más oscuras

El 7 de abril de 1982 se realizó en Comodoro Rivadavia el primer simulacro de oscurecimiento. Tuvo una masiva respuesta de la comunidad que tomó conciencia sobre los peligros que enfrentaba esta ciudad como Teatro de Operaciones del Atlántico Sur. A 40 años de la guerra, quienes vivieron en carne propia el conflicto recuerdan esos momentos en que los apagones y la incertidumbre tendían un manto de miedo que hasta hoy queda en la memoria.

Durante la Guerra de Malvinas en 1982, la oscuridad total fue una constante en las noches de Comodoro Rivadavia ante un posible ataque del enemigo inglés.

El 7 de abril por orden militar se realizó el primer simulacro de emergencia. Ese día la comunidad demostró un amplio sentido de responsabilidad ya que cumplió cabalmente con todas las medidas dispuestas. El operativo se llevó a cabo en Comodoro Rivadavia y Rada Tilly y se extendió por más de 10 minutos. Sin embargo, esto solo sería una prueba ya que luego vendrían los verdaderos apagones, algunos con estado de alerta incluido.

“Nosotros vivíamos en el 13 de Diciembre, frente a la estación de servicio. En ese tiempo se pintaban con blanco todos los cordones cuneta y cuando oscurecía íbamos caminando al hospital. Se había dado la orden de que cuando una persona caminara se lo alcanzara al hospital”, recuerda Elsa Lofrano, quien en ese entonces era enfermera en el Hospital Regional, centro asistencial que también se preparó para una posible emergencia.

“Bajábamos las persianas y en lugares donde no podíamos bajarlas poníamos frazadas porque había que oscurecer todo el hospital. Eso era dramático”, confiesa Manuel Saavedra, quien también fue enfermero en esa época.

“Nosotros de alguna manera estábamos preparados para hacer nuestra labor profesional, pero no para no tener temor. Teníamos miedo por nosotros mismos, por nuestras familias, pero también por los mismos soldados”, agrega.

AMENAZA DE BOMBARDEO

Durante el tiempo que duró la guerra, en esta ciudad se realizaron simulacros y apagones para estar listos ante la posibilidad de un ataque aéreo. Una noche, el peor temor pareció convertirse en realidad, ante una supuesta amenaza de ataque al aeropuerto Mosconi.

Roberto Franiuk, quien en ese momento era gerente de Hierromad e integrante de comisión de la Cámara de Comercio, recuerda aquellos tiempos de sirenas, oscuridad, y miedo.

“Una noche con otras empresas hicimos quince corderos para los soldados que estaban apostados en la ciudad. Faltaban quince minutos para comer el asado cuando vino una alerta roja. Se apagó el fuego, se juntaron los asadores, y en cinco minutos salieron los soldados con los camiones preparados y con las caras pintadas, se corría la bolilla de que iban a bombardear el aeropuerto”, relata.

Ese día fue uno de los que más temor generó en la ciudad, tanto es así que en la actualidad muchas personas recuerdan qué estaban haciendo en ese momento. Normando Alberelli y Ricardo Murcia, empresarios y miembros de la institución recordaron esa jornada.

“Teníamos sintonizada Radio Nacional y en caso de aparecer la sirena era una alerta roja. Yo tenía empresa en el barrio industrial y me venía a la Cámara con Margarita (su esposa) a hacer un turno de dos horas. Cuando llegamos frente al Liceo (Militar General Roca) una patrulla estaba parando a todos, entonces nos dijeron que había una alerta roja y busquemos refugio”, explica Alberelli.

“Había un zanjeo frente a la Seccional Tercera donde estaban poniendo cables, entonces yo le dije a mi mujer vámonos allá, pero ella no se quería bajar. Esa zanja que estaba ahí estaba llena”, agrega.

Murcia cuenta: “Yo violé todas las contravenciones en la alerta roja. Mis hijos se habían ido a la confitería del Austral, y cuando llegó la alerta roja mi mujer entró en pánico. Yo estaba llegando a la casa del abuelo, me vine a la confitería y no había nada, habían evacuado todo y a los chicos los habían metido donde ahora está el pasaje Kazakevich, estaban todos amontonados ahí entre dos vidrios”, relata.

“Los chicos ya sabían lo que tenían que hacer, les enseñaban en la escuela, y mi chico que no tenía edad para ir a la confitería cerró la llave de gas en la casa y agarró su mascota. Había una concientización de lo que pasaba”, agrega.

Los apagones se repitieron durante el tiempo que duró la guerra. Luego todo volvió a la cotidianeidad. Sin embargo, los recuerdos quedaron grabados en la memoria de quienes vivieron esos días donde los camiones militares y los soldados vestidos de verde oliva eran parte de la postal de la ciudad.

Nota publicada originalmente el 2 de abril de 2012.

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