El adolescente detenido por el asesinato del colectivero fue liberado y denunció a la policía

El adolescente de 17 años que estuvo preso cuatro días por el crimen del colectivero Leandro Alcaraz, asesinado el domingo en la localidad bonaerense de Virrey del Pino, fue liberado ayer por "falta de pruebas" y aseguró que cuando lo apresaron fue golpeado y amenazado por un jefe policial para que se hiciera cargo del homicidio.

Fuentes judiciales informaron a Télam que se trata del chico que había sido detenido el lunes último, quien en su indagatoria denunció al comisario que lo interrogó por haberlo golpeado “a cachetazos” adelante de otras seis personas vestidas de civil dentro de una seccional policial y amenazado con “meterle una lapicera” en el ano si no se responsabilizaba del crimen.

El adolescente fue liberado ayer a la mañana por “falta de pruebas” por decisión del juez de Garantías del Joven 2 de La Matanza, Sergio Polti, quien hizo lugar a un pedido del fiscal Emilio Spatafora, del Fuero Penal de Responsabilidad Juvenil.

De esa manera, en la causa que tiene a su cargo Spatafora ahora quedan detenidos Jonathan Acevedo (18), apodado “El Viejo”, y un joven paraguayo, Juan Alfonzo Gauto (24), ambos acusados del delito de “homicidio agravado por alevosía y por el uso de arma de fuego”.

Además, a ambos se les imputa el delito de “robo agravado por el uso de arma de fuego” de un teléfono marca Motorola a una joven que caminaba a pocas cuadras del lugar donde fue asesinado el colectivero.

Fuentes judiciales aseguraron que el adolescente recuperó su libertad ayer a la mañana, ya que los investigadores no pudieron acreditar su presencia en el colectivo de la línea 620 en el que fue asesinado el chofer, ni en el momento de los disparos.

En su indagatoria, el adolescente contó al fiscal Spatafora que al momento del homicidio se hallaba durmiendo en su casa, ubicada en Virrey del Pino, y que se enteró del crimen de Alcaraz a través de su hermano menor, quien le contó que le habían disparado a un colectivero en la plaza San Pedro, ubicada a pocas cuadras de su vivienda, por lo que se dirigió hacia allí.

Explicó que, al llegar a la plaza, observó a dos jóvenes paraguayos conocidos del barrio que escapaban hacia “los fondos” y que uno de ellos portaba un arma en su mano.

Relató que al día siguiente se enteró que se había viralizado una foto suya junto a Acevedo y que decían que ellos eran los asesinos del colectivero, por lo que su madre decidió llevarlo a la comisaría junto al otro acusado.

En el relato, el joven aseguró que cuando se hallaban en camino hacia la comisaría en un remís, fueron interceptados por un auto con policías de civil.

Contó que tanto él como Acevedo fueron llevados a la oficina del comisario y que allí comenzaron a decirles que si habían sido ellos los homicidas que lo contaran, porque si no, no iban a salir más de prisión.

Luego, denunció que lo llevaron a otra oficina donde fue agredido por el comisario, a quien describió “petisito y medio pelado”, y detalló que lo increpaba para que se “hiciera cargo del crimen” porque si no le iba a “meter una lapicera en el orto”.

También dijo que dentro de la comisaría le sacaron varias fotos que, luego, se enteró que comenzaron a circular en distintos medios de comunicación.

Gauto también se desvinculó del crimen y aseguró que al momento del asesinato se encontraba jugando un torneo de fútbol barrial y que tiene pruebas para demostrarlo, entre ellas una planilla que firmó antes del partido.

En tanto, Walter Fidalgo, abogado de la familia Alcaraz, aseguró que quiere que los investigadores del crimen detengan a quienes son los “autores materiales del hecho” y no cuestionó la liberación del chico de 17 años sino que, por el contrario, elogió la tarea de la fiscalía.

Además, reiteró el pedido para que se presenten más testigos a declarar, tanto los que se encontraban ese día a bordo del colectivo como en los alrededores y prometió reserva de identidad.

El crimen fue cometido cerca de las 18 del domingo, cuando Alcaraz conducía el interno 103 de línea 620 y al llegar a una parada situada en Santiago Bueras y Concordia, de Virrey del Pino, fue asesinado de un balazo en el tórax y otro en el cráneo efectuado con un revólver calibre .38.

El asesinato se cometió presuntamente luego de una discusión que mantuvo con un pasajero porque no tenía carga en la tarjeta SUBE y de que este llamara a otro para que concretara el homicidio.

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