El atentado a Charlie Hebdo y la islamofobia en Europa

En opinión de Ricardo Elia, director del Departamento de Cultura del Centro Islámico de Buenos Aires, la matanza de los periodistas del semanario satírico “lamentablemente es funcional a todos los xenófobos y a aquellos que tienen una idea racista y discriminadora para atacar a los inmigrantes”.

La masacre en la sede de Charlie Hebdo, una revista francesa que incluía al profeta Mahoma entre sus sátiras, no debe alimentar la ola de islamofobia que recorre buena parte de Europa.

Por el contrario, el hecho renueva la discusión sobre la conveniencia de estrechar lazos entre Occidente y el islam para aislar a los extremismos que buscan sacar ventaja de la tragedia que conmovió esta semana a Francia.

Después de la matanza en la redacción de Charlie Hebdo, el 7 de enero, fueron atacadas en París una veintena de mezquitas y restaurantes de comida rápida (kebads), cercanos a los centros de culto musulmán o frecuentados por musulmanes practicantes, por medio de granadas, balazos o pintadas.

También se produjeron ataques a mezquitas en Suecia y en por los menos 50 centros religiosos musulmanes en Alemania, según informes del diario español El País.

La búsqueda de los sospechosos culminó el viernes cuando dos de los presuntos atacantes fueron abatidos, al igual que un tercer yihadista que había secuestrado a 14 rehenes en un supermercado kosher (alimentos judíos). También murieron cuatro rehenes.

Sin duda, la ultraderecha francesa busca sacar algún tipo de ventaja de los atentados: Marine Le Pen, líder del Frente Nacional (FN), que podría entrar en un ballotage en las elecciones de 2017, reclamó un referendo para imponer la pena de muerte, abolida en 1981 con la desaparición de la guillotina.

Algunos analistas creen, sin embargo, que la incapacidad de la dirigente para seducir a nuevos votantes la dejará lejos de su piso histórico.

Probablemente a causa de su actitud xenófoba, Le Pen no fue invitada hasta ahora a la marcha por la “unidad nacional” que se realizará hoy en París, reveló la líder del FN tras reunirse con el presidente francés, Francoise Hollande.

¿CHOQUE DE

CULTURAS?

La masacre de Charlie Hebdo es también una consecuencia de la guerra que libra Occidente contra los yihadistas en Africa, y en Irak y en Siria, de la que participa Francia junto a una coalición de países encabezada por Estados Unidos, tras los atentados del 11 de setiembre de 2001.

El hecho ocurre en un momento en el que crece la islamofobia en toda Europa, ya que a mediados de diciembre se realizó en Dresde, Alemania, una marcha en la que participaron unos 18.000 personas para rechazar la inmigración.

Coincide, además, con el inminente lanzamiento de “Sumisión”, la sexta novela del escritor francés, Michelle Houellebecq, quien relata que Francia es gobernada por un presidente musulmán tras un segundo mandato imaginario del socialista Hollande.

En la ficción, las mujeres empiezan a llevar largas túnicas de algodón sobre los pantalones, y el crimen desaparece en los barrios peligrosos. Las universidades se vuelven islámicas luego de que el líder un partido musulmán, Mohmmed Ben Abbes, vence a Marine Le Pen.

Houellebecq, poeta, ensayista, autor de las novelas “Las partículas elementales” y “Plataforma”, es considerado por algunos analistas como un escritor de ultraderecha que odia al islam y a los musulmanes. Pero otros elogian su mordacidad para criticar los valores occidentales, lo que le ha dado cierto prestigio entre los jóvenes.

Cuando se lo consultó sobre su cuestionada novela, el escritor francés ganador del Gouncourt en 2010 -el máximo premio de las letras francesas- señaló a la cadena pública France2: “Es ciencia ficción, un relato moderno que juega con los miedos franceses”.

Para Ricardo Elia, director del Departamento de Cultura del Centro Islámico de Buenos Aires, la matanza de los periodistas de Charlie Hebdo “lamentablemente es funcional a todos los xenófobos y a aquellos que tienen una idea racista y discriminadora para atacar a los inmigrantes”.

Con respecto a la novela de Houellebcq, opinó que “es una ficción real”, y dijo que el escritor francés busca “asustar al electorado para que vote al Frente Nacional” en las elecciones de 2017.

“Este personaje (Houellebcq) dice que puede haber en un futuro un gobierno musulmán en Francia. Indudablemente quiere asustar a la opinión pública. Estos terroristas son funcionales a esta gente” que atacó dicha revista francesa, afirmó.

La matanza de París reabrió la discusión sobre el papel de la sátira en las sociedades occidentales, especialmente cuando afectan a las religiones.

El asesinado director de Charlie Hebdo, Stephane Charbonnier, tenía un deseo inalterable de reírse de los dogmas de la sociedad moderna, incluso de aquellas normas que se referían a la religión.

La irreverencia era una de sus armas predilectas, no solo contra el islam sino contra los católicos, los judíos y cualquier dirigente político que llamara su atención.

Charbonnier decía “lo que se le daba la gana”, como se dice comúnmente, porque para él esa era una de las razones de la libertad de expresión.

“No tengo hijos, ni esposa, ni coche, ni crédito. Esto puede sonar un poco pomposo, pero lo cierto es que prefiero morir de pie que vivir de rodillas”, dijo Charbonnier, llamado popularmente Charb, en setiembre de 2012 al diario Le Monde.

El humorista sabía que corría ciertos riesgos al satirizar al profeta Mahoma. Incluso vaticinó que Charlie Hebdo podía sufrir un atentado terrorista en enero de 2015.

La tragedia ha consternado a Francia y al mundo en general. Pero el miércoles, la revista satírica volverá a salir a la venta con una edición especial, de ocho páginas, en lugar de las dieciséis que tenía antes del ataque.

Será con una tapa de color negro y la siguiente leyenda: “Necesitamos urgentemente seis dibujantes”.

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