César Scicchitano Tagle, amigo del artista desde hace casi dos décadas, fue convocado como testigo de la defensa. Aclaró que no presenció el homicidio de Cristian Díaz, pero relató episodios de consumo problemático, amenazas, violencia y temor que, según dijo, formaban parte de la vida cotidiana de Álvarez antes del crimen.
El juicio contra Cristian “Pity” Álvarez por el homicidio de Cristian Maximiliano “El Gringo” Díaz sumó este lunes uno de los testimonios más esperados: el del sacerdote César Scicchitano Tagle, conocido como el “cura rockero”, quien mantiene un vínculo cercano con el músico desde hace casi veinte años.
Scicchitano Tagle fue convocado como testigo de la defensa y habló durante varias horas ante el Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional N°29. Desde el comienzo dejó en claro que no estuvo presente el día del crimen, ocurrido en julio de 2018, por lo que su declaración se concentró en describir cómo era la vida de Álvarez en los meses y años previos.
Según relató, el músico lo llamaba a cualquier hora porque tenía miedo de quedarse solo en su departamento del barrio Samoré, en Villa Lugano. El sacerdote contó que muchas veces acudía durante la madrugada para acompañarlo y que Pity permanecía pendiente de lo que ocurría fuera de su vivienda.
También recordó que Álvarez había instalado una luz con sensor de movimiento, trababa ventanas con maderas y le pedía que lo llamara por teléfono cuando llegara hasta su auto. De acuerdo con su testimonio, el cantante temía que algunas personas del barrio pudieran entrar a robarle o atacarlo.
El contexto que describió la defensa
El sacerdote señaló que en la planta baja del edificio solía reunirse un grupo de personas que, según dijo, buscaban al músico para pedirle dinero o drogas. También aseguró haber reconocido posteriormente a Cristian Díaz entre quienes frecuentaban ese sector, aunque aclaró que no pudo vincularlo con el arma que dijo haber visto alguna vez en poder de otra persona.
Para Scicchitano Tagle, el consumo problemático de distintas sustancias profundizaba la desconfianza y el temor de Álvarez. “Es un hombre invadido por el miedo”, expresó durante la audiencia.
Uno de los episodios que recordó fue el ataque que el músico sufrió tiempo antes del homicidio, cuando una vecina lo apuñaló dentro del edificio. El sacerdote relató que llegó al lugar después de recibir un llamado y encontró a Álvarez gravemente herido, al punto de recordar que estaba “bañado en sangre”.
El propio músico también se refirió a ese episodio durante su declaración y sostuvo que lo mencionaba para explicar el contexto en el que vivía.
Las armas y el temor de Pity
Durante el interrogatorio también surgió el tema de las armas. Scicchitano Tagle contó que había hablado con Álvarez porque el músico consideraba que estar armado podía ayudarlo a protegerse.
El sacerdote aseguró que intentó convencerlo de lo contrario y que Pity le respondía que no tenía intención de hacerle daño a nadie.
En otro tramo de su declaración, describió al músico como una persona afectuosa y sostuvo que, a su entender, estaba “muy lejos de ser un asesino”. La frase refleja la mirada personal del testigo y fue pronunciada en el marco de su vínculo cercano con el acusado.
Scicchitano Tagle también sostuvo que, para él, el músico pudo haber entrado en pánico durante el enfrentamiento con Díaz. Sin embargo, volvió a remarcar que no presenció el hecho y expresó respeto por la familia de la víctima.
Una amistad que comenzó mucho antes del crimen
El vínculo entre el sacerdote y Álvarez comenzó alrededor de 2008 o 2009 y se fortaleció con el paso de los años. Scicchitano Tagle acompañó al músico durante internaciones, tratamientos y distintas situaciones vinculadas con su salud y consumo.
La relación también tuvo un componente musical. El sacerdote contó que escribió la canción “Falopero” con la intención de cuestionar la estigmatización de las personas con consumos problemáticos y que, con el tiempo, Álvarez terminó participando del proyecto.
Durante el interrogatorio de la Fiscalía, el testigo reconoció que nunca le preguntó directamente al músico qué había ocurrido la madrugada del crimen de Cristian Díaz. Su declaración, por lo tanto, se apoyó en los años de relación previa y en los episodios que presenció antes y después del homicidio.
El testimonio se incorporó así a una etapa clave del debate, que avanza hacia sus instancias finales y en la que la Justicia deberá valorar tanto las pruebas sobre el hecho como el estado psíquico y las circunstancias personales de Álvarez al momento del crimen.
