El desafío Obama

(Por el Gobernador del Chubut)

Hay una gran expectativa internacional depositada en el nuevo presidente de Estados Unidos, Barack Obama. Se espera de él que reconstruya el liderazgo democrático de su país, poniendo fin a la aventura de Irak y trabajando cooperativamente con los gobiernos del mundo para la resolución de los problemas que, como la pobreza o el deterioro ambiental, afectan a la humanidad. Esa fue la promesa de campaña de Obama, y creemos en ella con esperanza.
 Los justicialistas somos amigos de todos los partidos democráticos del mundo pero en Estados Unidos nos sentimos especialmente cómodos con el moderno Partido Demócrata. Como el nuestro, es un partido que protagonizó las luchas por la justicia social en su país, y que tiene su corazón con los sindicatos. Muchos de nosotros acompañamos personalmente las iniciativas mundiales de Bill Clinton por la educación y de Al Gore contra el calentamiento global. Y como nosotros los justicialistas, los demócratas estadounidenses tienen la capacidad de sobreponerse a sus propias crisis y renovarse constantemente. El momento histórico requería de un líder como Obama y, que me perdonen mis amigos republicanos, solo los demócratas estaban en condiciones de producir este cambio.
 Conversé brevemente con Obama durante la campaña electoral y me manifestó su interés por jerarquizar la relación con América latina. Ya lo había hecho públicamente, cuando acusó a Bush de habernos dado la espalda. Cabe preguntarse, sin embargo, cuánto de nuevo traerá realmente Obama a nuestra región, y en qué consistiría esa novedad. Nuestro deber es producir una política exterior inteligente que nos permita defender de la mejor manera posible nuestro interés nacional y nuestros valores internacionales, y ello incluye entender el significado de Obama.
 En principio, los que tenemos experiencia en la gestión, sabemos lo que es gobernar con viento en contra. La única verdad es la realidad, y la realidad de Obama es una gran recesión que, de acuerdo a los economistas que mejor anticiparon la crisis financiera, durará al menos 24 meses. Durante ese período, con obvias consecuencias en el crecimiento global que nos afectarán a todos, aunque Obama muestre voluntad de mayor diálogo político con nuestra región, el pueblo estadounidense va a mirar hacia adentro. Las oportunidades de obtener rebajas arancelarias, acuerdos preferenciales y proyectos de desarrollo, van a ser escasas. El flujo de inversiones se reducirá, y los ciudadanos van a querer proteger lo suyo. Va a ser muy difícil para Obama reflotar la vieja idea de Kennedy de apoyar económicamente al sur.
 Por otra parte, Obama promete mejores relaciones con el mundo y ello, creemos, no son solo palabras: Estados Unidos necesita, en este contexto de crisis, mayor cooperación y coordinación de políticas con otros gobiernos, muchos de los cuales están en la misma situación. Estados Unidos no va a dejar de ser una potencia hegemónica pero hay fuertes señales de que vamos hacia un período en el que muchas instancias de poder van a ser más compartidas y negociadas.
 La pregunta es, entonces, cómo se va a dar esa mayor distribución del poder en los planos de la seguridad, el sistema financiero internacional y los nuevos problemas globales. Argentina no es un país dependiente de Washington, porque nuestro comercio e inversión -afortunadamente- están diversificados. Pero tampoco es un país prioritario en la agenda estadounidense. No tenemos los mercados de nuestros hermanos brasileños o mexicanos, ni los conflictos de nuestros hermanos venezolanos o colombianos. Pero sí somos, además de una nación pacífica, cooperativa y comprometida con los derechos humanos, un socio clave en la integración latinoamericana.
El desafío que Obama plantea a la Argentina está en Brasil. El principal asesor de temas internacionales del nuevo gobierno, Fareed Zakaria, sostiene que la forma en que Washington va a mantener su poder e influencia en el mundo es a través de sus alianzas con las nuevas potencias globales, entre ellas China, India y nuestro vecino y principal socio. Y la importancia de Brasil se debe, también, a su rol en el MERCOSUR y la Unión Sudamericana de Naciones. Sin nosotros, Brasilia no sería la misma. La política exterior inteligente para nuestro país, por lo tanto, dependerá de profundizar las instituciones de la integración regional y cooperar con nuestros aliados para mejorar nuestra inserción económica.
 La agenda de temas que nos unen -y, a veces, nos separan- con el gran país del Norte es enorme, y nos referiremos a ella con más detalle en otra oportunidad. Debemos dejar gobernar al nuevo Presidente, antes de emitir juicios precipitados. No hay que esperar cambios mágicos en la economía, y que nuestra batalla por un mejor lugar en el comercio internacional será la misma. Creo, no obstante, que nuestro desafío inmediato es prepararnos para una relación diferente y más sofisticada entre Washington y las nuevas potencias mundiales, y para el impacto que esto tendrá en nuestro propio barrio, en un contexto económico más difícil. Mientras todo ello se pone en marcha, deseamos la mejor de las suertes al nuevo mandatario, esperando que sus promesas de diálogo democrático y responsable se hagan realidad.

Mario Das Neves-Gobernador de la provincia del Chubut<

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