El detenido por el crimen de Rosalía dejó una huella en la puerta del kiosco
N.M. fue detenido ayer como sospechoso del crimen de la comerciante Rosalía Alvarado, ocurrido el viernes 3 de agosto en Kennedy casi Charrúas. El sospechoso cambió tres veces de chip telefónico, no trabaja y luego del hecho se encerró en su casa por más de 20 días, lo que llamó la atención de los investigadores. Además, en la puerta del comercio dejó una huella.

N.M. hoy se sentará en el banquillo de los acusados de la Oficina Judicial para ser sometido al control de detención y formalización de la investigación. Es que ayer fue detenido por la Brigada de Investigaciones que conducen Andrés García y Pablo Lobos luego de que la fiscal de Delitos Complejos del Ministerio Público Fiscal, Camila Banfi pidiera su detención por su presunta participación en el homicidio de Rosalía del Carmen Alvarado, la comerciante de 60 años que apareció el viernes 3 de agosto tirada en el suelo de su local de Kennedy casi Charrúas con una bolsa en la cabeza.

Mientras se aguardan los informes del estudio anatomopatológico del Laboratorio Regional Forense y los estudios de ADN en la bolsa que Rosalía tenía en su cabeza, la fiscal Banfi ya cuenta con una prueba fundamental: la presencia de N.M. en el lugar de los hechos.

Es que personal de la Policía Científica levantó un rastro dactilar de N.M. en la puerta del kiosco de Rosalía. Y eso es una prueba irrefutable de que el hombre estuvo en el lugar. Y la única manera de que N.M. haya llegado hasta esa puerta era traspasando las persianas de seguridad del comercio.

Lo que más le llamó la atención a la Fiscalía y a la Brigada de Investigaciones es que el sospechoso después del hecho y por más de 20 días se encerró en su domicilio y cambió tres veces de chip telefónico. Ayer la vivienda usurpada en donde residía y otro domicilio fueron allanados en busca de evidencias.

Lo que pudo saber El Patagónico sobre el detenido es que tiene denuncias por violencia contra su mujer; no tiene trabajo estable y tampoco ahorros. Además, sacaba fiado en un comercio cercano a su vivienda, pero que no era el de Rosalía. Y que para comprar tenía otros comercios más cercanos a su domicilio que el de la víctima.

Sin embargo N.M. dejó su marca, su huella, su presencia en el kiosco de la mujer que ya había sido víctima de otros robos similares cuando abría el local comercial. Esa prueba lo sienta en el banquillo de los acusados, en uno de los casos más difíciles de dilucidar en los últimos tiempos de resolución en materia criminal.

SIN CAMARAS

Es que hay que recordar que en la zona del homicidio no se cuenta con cámaras de seguridad del Centro de Monitoreo que funcionen y tampoco con cámaras de seguridad privada que sirvan para investigar. La Brigada y la Fiscalía se las ingeniaron para poder detectar algunas cámaras en el recorrido del sospechoso a su vivienda en las que se observaría su figura y así poder acercarlo a proceso.

Uno de los puntos de mayor suspenso en los albores de la investigación fue que en la primera inspección ocular en el lugar del homicidio se detectó que no se habían llevado el dinero de la recaudación, pero luego la fiscal Banfi en una segunda inspección con la empleada de Rosalía determinó que el o los delincuentes se habían llevado el dinero del cambio que esta última había dejado la noche anterior, como así también un paquete de sandwich de miga de la heladera que ella misma había repuesto. Estos detalles fueron anticipados en exclusiva por El Patagónico el último sábado.

La complejidad del caso se elevó a su raíz cuadrada cuando la autopsia del Cuerpo Médico Forense no determinó mediante un estudio macroscópico la causa de la muerte de Rosalía, pese a que Rosalía tenía una bolsa en su cabeza. No encontraron indicios externos de golpes, ni tampoco de estrangulamiento o sofocamiento, por lo que se pidió un estudio anatomopatológico, es decir, un detalle microscópico.

En los estudios preliminares de la bolsa que tenía la víctima en la cabeza se habría detectado presencia de humedad, por lo que se trata de confirmar con estudios de laboratorio si es que Rosalía murió sofocada.

Otro de los aspectos que le suman mayor complicación a la resolución del caso es la falta de testimonios que haya presenciado el hecho, ya que la mujer fue hallada recién varias horas después de cometido el crimen.