El día que la estrella fue feliz entre los argentinos

“Simplemente quiero agradecer a la gente de Córdoba por el apoyo hacia a mí y a todos. Me hacía falta este cariño”, señaló el crack de la selección argentina.

Córdoba (Télam)
Lionel Messi, el mejor jugador del planeta, vivió su noche soñada en el partido ante Costa Rica por la Copa América 2011, ya que fue mimado antes, durante y después del partido por el pueblo cordobés, y se fue con una felicidad nunca vista desde que juega en el seleccionado mayor.
“Simplemente quiero agradecer a la gente de Córdoba por el apoyo hacia a mí y a todos. Me hacía falta este cariño”, señaló el crack cuando se le entregó en la sala de conferencia de prensa el premio al mejor jugador del partido.
Es que Messi llegó a Córdoba con todas las dudas sobre sus hombros pues tras dos partidos de pobre rendimiento ante Bolivia y Colombia, renacieron las críticas sobre la merma de su rendimiento en contraste con el brillante paso habitual por las canchas europeas cuando juega con su equipo, Barcelona, de España.
“Está muy mal”, disparó su padre luego del abucheo generalizado que recibió el elenco “albiceleste” en Santa Fe el miércoles pasado, en un hecho insólito para los jugadores del seleccionado.
Por este motivo, el talentoso delantero fue apoyado días atrás por su ex compañero de cuarto en el último Mundial de Sudáfrica 2010 Juan Sebastián Verón en el predio de Ezeiza y el técnico Sergio Batista tuvo que hablar con él sobre la faceta anímica.
Pero no sólo la silbatina al equipo lo afectó, sino que también tuvo una discusión, confirmada públicamente por los jugadores, con su compañero Nicolás Burdisso, quien le reclamó más entrega, en la bochornosa noche de Santa Fe, en la que Argentina no perdió con Colombia sólo por la soberbia actuación del arquero Sergio Romero.
En consecuencia, tras sus malos días previos, la ‘Pulga’ se sacó finalmente anteanoche una mochila de mil kilos sobre su espalda, porque si Argentina quedaba eliminado en la primera ronda de un torneo continental que organiza, hubiera sido un papelón y un escándalo nacional.
Por eso, una vez terminado el encuentro en el que descolló y fue ovacionado en varias ocasiones por los casi 57 mil espectadores que hubo en el estadio Mario Kempes, Messi lució su figura más exultante que se recuerde con el seleccionado mayor arriba del ómnibus de la delegación argentina que se trasladaba rumbo al aeropuerto Pajas Blancas.
Sentado en la penúltima fila junto a Sergio Agüero, el goleador del torneo con tres conquistas, recibió el afecto de decenas de cordobeses que se agolparon contra el ómnibus para sacarle fotos y alabarlo con palabras alentadoras. Y así Messi, una noche sonrió.
En varias ocasiones saludó con el pulgar hacia arriba a los hinchas, les dio las gracias desde la ventanilla y hasta firmó varias camisetas que le acercó un colaborador del seleccionado.
Mientras utilizaba su celular, durante casi media hora, el ídolo no paró de recibir afecto a través de un vidrio que pareció no servir de barrera para tanta alegría y devoción popular.
Messi intercambió además risas con Javier Zanetti y chistes con Ezequiel Lavezzi, que despertaron carcajadas mutuas, entre otros gestos que evidenciaron su felicidad, mientras con sus cortas piernas estiradas sobre el respaldo del asiento anterior a su fila, mostró siempre una sonrisa ante la requisitoria del público.
La estrella rosarina, al fin, fue feliz en una cancha argentina y se fue de Córdoba, tal vez, con el convencimiento de que puede ser tan ídolo en su tierra natal como lo es para los catalanes.
“Ahora empieza otra Copa”, agregó desafiante anteanoche en sus únicas palabras ante el periodismo con la clasificación a los cuartos de final asegurada.
Los que estaban en la conferencia de prensa, el público que lo alentó y la gente que lo miró por la televisión saben que es así. Y todos, absolutamente todos, son conscientes también de que el verdadero Messi comenzó a aparecer anteanoche en la Selección y que así las chances de ganar la Copa América crecen notoriamente.

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