El hombre asesinado por reclamar la tenencia de su hija

A Roberto Loto lo mataron de tres golpes en la cabeza. Sucedió el 27 de noviembre de 1998. La autora fue su expareja, Viviana Elizabeth Cardozo Baeza, quien lo escondió detrás de un sillón y luego lo envolvió en una manta encintada con nylon, antes de arrojar el cadáver a metros del ingreso a Rada Tilly. Al otro día lo denunció como desaparecido.

La policía halló el cuerpo momificado el 6 de diciembre de ese año 1998. La Justicia condenó a 10 años de prisión a la mujer como coautora de homicidio simple. Se comprobó que también participó en el asesinato un hijastro de la víctima, inimputable por tener entonces 15 años.

Todo empezó el domingo 6 de diciembre de 1998 cuando la policía encontró un cuerpo envuelto en una manta con nylon, a unos 150 metros antes de llegar al circuito "Aonikenk" sobre el margen derecho de ruta Nacional 3, camino a Rada Tilly.

Según el acta policial, tenía "aspecto de momia" porque la bolsa de nylon estaba sujeta al cuerpo con una cinta de empaque transparente. Lo habían encontrado detrás de una tranquera de un recinto privado, oculto detrás de un matorral. Estaba tapado con algunas ramas. El lugar no era muy transitado y para llegar había que sortear varios metros campo adentro desde el camino.

El cuerpo "momificado" fue llevado a la morgue judicial y allí se determinó que era Roberto Manuel Loto, un hombre desaparecido el viernes 27 de noviembre de ese año.

El médico forense Juan Wegorz dio cuenta de tres hematomas en la región parietal derecha e izquierda y en la región occipital derecha. Determinó que la muerte de Loto se había producido por tres golpes en el cráneo que generaron una hemorragia cerebral. Y que esto había ocurrido al menos diez días antes, por el estado de descomposición del cuerpo.

LA ULTIMA VEZ

Lo último que se sabía era que Loto se había retirado después de las 8 del 27 de noviembre de 1998 de su casa ubicada en Patagonia y Misiones, a bordo de su Ford Falcon verde para buscar a su expareja, Viviana Elizabeth Cardozo Baeza.

Fue ella quien precisamente denunció al otro día su desaparición en la Seccional Segunda de Policía. Se mostró preocupada en la comisaría diciendo que había encontrado el vehículo frente a un bar de Viamonte al 600, a unos metros de la dependencia policial.

Estaban separados desde cinco años antes. Cardozo Baeza residía en Quichuas 660 con dos hijos adolescentes producto de relaciones anteriores y el hombre vivía con los tres hijos más pequeños de la pareja: la niña en pugna y dos varoncitos de los cuales ya tenía la tenencia.

El día de su desaparición Loto fue a buscar a Cardozo para ir juntos a la Defensoría de Menores. Nunca más volvió: lo encontraron muerto y envuelto como una "momia".

El crimen de Loto fue uno de los homicidios que engrosó una lista escalofriante en las décadas de los 80 y 90, con asesinatos que se caracterizaron por su perversidad. Sin embargo, este tipo de crímenes resonantes en disputas por la tenencia de hijos no era algo usual.

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LA RELACION

La pareja se había conocido en Puerto Madryn y convivieron durante 12 años hasta 1993. Luego de separarse, Loto se radicó en Comodoro Rivadavia e ingresó a trabajar como filetero en la empresa "Mar del Chubut". Allí también hizo ingresar a su expareja. Tenían hijos en común pero ya no vivían juntos.

Dos días antes de ser asesinado, Loto descubrió de manera casual a su expareja en la cama con otro compañero de trabajo. El hombre había llevado a sus tres pequeños a visitar a su madre a la casa del barrio José Fuchs. Cuentan que al sorprender a José -el amante- en esa situación incómoda, solo le pidió que se levantara y se fuera a la cocina porque tenía que hablar con la mujer.

Sorprendió su serenidad y tranquilidad. Eso lo definiría ante el tribunal a la hora de considerar algunos comentarios sobre su manera de ser. Es que incluso José contó en el juicio que Loto ese día no le hizo ningún problema por la situación. Pero sus vecinos dijeron que el episodio lo había afectado emocionalmente porque más allá de sus idas y vueltas con su expareja aún sentía por ella un afecto especial.

LA TENENCIA DE LA HIJA

El 27 de noviembre de 1998 Loto se había puesto camisa y pantalón de vestir. Era un día especial. Se podía llegar a concretar lo que tanto anhelaba: la tenencia de la niña. Es que no veía con buenos ojos ese ambiente que la mujer le daba en la casa del José Fuchs.

Ya había conseguido la tenencia de los otros niños y no se quedaría tranquilo hasta tener también bajo su custodia a su hija.

Algunos señalaban a Loto como un padre ejemplar, de buen corazón y generoso. Otros lo ponían en escena como un golpeador. Al menos así lo describía una de las hijas de su expareja. Decían que hacía diferencia en la relación de sus hijos biológicos con los de Cardozo Baeza.

La empleada doméstica de Loto, en cambio, explicó que era una persona muy buena, un padre excelente y que sabía que iría ese día al juzgado por la tenencia de la nena.

Por eso le llamó la atención que no volviese, y más aún que hubiera aparecido de un momento al otro el hijastro de Loto. El adolescente se instaló en los videojuegos y luego llegó Cardozo con su hija. Una visita poco común porque el hombre había dejado en claro que cada uno debía estar en su casa tras la separación.

La mujer pedía aspirinas reiteradamente, pero lo que más le llamó la atención a la empleada es que a la noche se fueron los tres en vez de quedarse con los más chiquitos. Lo hicieron apurados. Tres vecinos se debieron turnar en la madrugada para cuidar a los pequeños porque la madre dijo que no podía quedarse.

Un vecino de Loto que leía la Biblia con él comentó que el filetero era “de buen corazón” y que ayudaba mucho al prójimo. "A veces era demasiado generoso", lo caracterizó.

Dijo que en ocasiones se deprimía y que ansiaba tener la tenencia de la chiquita porque la madre no la cuidaba bien. La pareja nunca discutía, pero a la mujer ese vecino de Loto la definió como "una chantajista".

LA VERSION DE LA ASESINA

Cardozo se defendió en el juicio. Declaró que mantuvo una discusión con Loto por la tenencia de la nena. Dijo que tuvo una mala relación con él, agresiva y que en una oportunidad lo había denunciado por lesiones en Puerto Madryn.

La mujer relató que le tenía miedo, que la había amenazado con un cuchillo y que pese a ello igual vivió con él. También que le había dicho que la mataría si no le daba la tenencia de la nena, lo cual era de conocimiento de sus hijos adolescentes.

Cuando al otro día tenían que ir a Tribunales, el 27 de noviembre, Loto fue a su casa por la mañana y señaló que ella le dijo que no iría sola, sino que llevaría también a sus hijos. Y que él no quería. Discutieron porque él se negó a que los otros jóvenes los acompañasen.

Según su expareja, Loto pegó un portazo y dijo: "si no vuelvo quedate con todo" y se retiró. Acotó que ella salió caminando y en el domicilio quedó el varón. Cerca de una hora después, cuando regresó a la vivienda, encontró a Loto en el piso y a su hijo de 15 años llorando.

Algunos testimonios dieron cuenta de que el joven visitaba a Loto a veces para juntos realizar trabajos de construcción. Ambos mantenían diferencias porque el hombre, testigo de Jehová, quería imponerle convicciones religiosas que el adolescente no acataba, a diferencia de sus hermanitos.

Cardozo contó ante los jueces que se acercó y lo tocó y que al darse cuenta de que estaba muerto, rompió en llanto y decidió ayudar a su hijo. La mujer siempre sostuvo que su hijo se había defendido de una agresión de Loto y que le había pegado con un palo.

Admitió que lo envolvieron y se fue con sus hijos a la casa de Loto en Patagonia y Misiones. Al otro día lo denunció como desaparecido.

Confesó que esa noche después de volver de la casa de la víctima, lo trasladaron en el propio Falcon del hombre y lo arrojaron en el lugar donde fue hallado. Que ella manejaba y que lo habían colocado en el asiento trasero y lo taparon solo con unas mantas.

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"QUERIA QUE NADIE SUPIERA"

"Quería que nadie supiera lo que había hecho mi hijo" se justificó Cardozo. Según ella, sus dos hijos adolescentes eran maltratados por Loto y esa mañana él había agredido al menor que se defendió.

Pero su relato tuvo algunas contradicciones con el de otros testigos y amigos de ella que contaron lo que les había confesado cuatro días después, luego de unos vasos de vino.

Uno de esos confidentes de Cardozo dijo que la mujer le aseguró: "lo matamos". Les había contado que todo empezó primero con una pelea en la casa de la calle Quichuas, en donde Loto se fue hacia la cocina y fue golpeado por el hijo de 15 años, para luego seguir siendo golpeado por Cardozo hasta que se le fue la vida. La hija adolescente -según estos testigos- les había preguntado a la mujer y a su hijo: '¿por qué le hicieron eso a mi papá?'".

A este testigo que contó la confesión de Cardozo se lo sometió a un careo con ella porque ambos se mantenían firmes en sus dichos. La mujer afirmaba que no le había dicho nada de lo que el hombre decía en juicio, y él ratificaba su aporte a la Justicia.

Incluso este hombre fue el que logró hacer que Cardozo se presentara ante la Policía a decir lo que había hecho luego de la confesión porque le advirtió que no quería tener problemas con la Justicia. Que si ella no lo hacía, él lo haría y así ambos fueron a la policía.

Otra mujer confidente de Cardozo también dio muchos más detalles de lo que esa noche había contado la homicida. Que ella lo había terminado de matar a golpes y que incluso lo escondió detrás del sillón durante todo el día para sacar el cuerpo por la noche.

En el juicio el que declaró fue también José, el amante de Cardozo, quien contó que había tenido un encuentro amoroso con la mujer a la que conocía como "Ana". Y que cuando se encontró con ella en la casa estaban los dos hijos adolescentes, situación que quiso evitar, pero que ella le dijo que no había problemas. José dijo que nunca pensó que ese día iba a llegar Loto con los niños.

En las requisas que realizó la policía de la Seccional Segunda, al menor de edad le secuestraron un buzo celeste y un jean marca "USA Los Viajantes" con manchas de sangre. Un oficial había encontrado manchas de sangre en el parante del auto que fue utilizado para deshacerse del cuerpo.

El bioquímico José Jones determinó en ese momento que la sangre pertenecía a la víctima.

Mientras, en la parte trasera del auto se encontró una huella palmar del menor de edad. Todas las pruebas y los testigos indicaron que el adolescente, que era inimputable, había participado activamente en el homicidio.

En 1999 el tribunal de juicio, compuesto por los jueces Luis Pintos, María Elena Nieva de Pettinari y Miguel Caviglia, encontró coautora de homicidio simple a Cardozo Baeza y la condenó a 10 años de prisión. El 14 de abril de 2000 la mujer fue trasladada a la Unidad Penitenciaria 13 de Santa Rosa, La Pampa, y solía realizar visitas extraordinarias a la alcaidía policial de Comodoro Rivadavia todos los años.

Incluso en uno de sus retornos hasta La Pampa fue trasladada bajo custodia junto a Marcelo García, "el descuartizador de Las Torres", que era llevado por la policía a la Unidad 6 de Rawson.

Hoy Cardozo está en libertad tras cumplir su deuda ante la sociedad y lo que hizo ha quedado en el imaginario popular como uno de los crímenes más resonantes de las últimas décadas en Comodoro Rivadavia.

Nota publicada originalmente en el Suplemento Letra Roja de Diario El Patagónico el 25 septiembre 2016

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