El obrero que denuncia que Lara lo baleó clama justicia

Carlos P. resultó baleado por un individuo que luego reconoció a través de fotografías como Damián Lara. Dice que el agresor le pidió “dos pesos para el vino” y como no tenía, le pegó un tiro en el estómago. La bala le perforó el intestino grueso y quedó alojada en la columna. Fue sometido a dos cirugías, pero si le extraen el plomo puede quedar parapléjico. Deberá estar ocho meses sin trabajar. Mientras, el sospechoso, un joven con antecedentes judiciales, sigue libre.

Luego de ser agredido el lunes a la madrugada en la puerta de su casa del barrio LU4, Carlos P. estuvo al borde de la muerte. Ahora se repone en una cama de sala común del Hospital Regional, donde recibió a Diario Patagónico y contó su calvario.
“Ahí vos no estás seguro. No sabés si entras vivo o no a tu casa. Son todos pendejos y acá las autoridades salen a ver, pero no cumplen. En vez de cumplir como tienen que hacer. Apresar. El chabón este tiene más de diez causas, en una semana le hizo mucho daño a muchas personas”, relató la víctima, quien asegura que el individuo que le asestó un balazo por negarse a darle dos pesos para comprar vino es Damián Lara, un archiconocido de la policía y de la justicia.
Es que luego de ser sometido a una primera intervención quirúrgica horas después del ataque, Carlos reconoció a través de un recorrido fotográfico a su agresor.
Damián Gerardo Lara, de 22 años, acumula entre sus antecedentes una suspensión de juicio a prueba. Sin embargo, el sospechoso continúa libre. A pesar del reconocimiento aportado por la víctima a Brigada de Investigaciones, todavía el Ministerio Público Fiscal no pidió su detención, indicaron fuentes consultadas por este diario.
“Que los jueces se hagan cargo y no sigan apañando a los chorros. Porque le dan mérito a los chorros para que hagan lo que quieran. Entran hoy y salen mañana” se quejó Carlos.
Hay que recordar que en una de sus últimas caídas, como sospechoso del asalto a una rotisería, Lara había sido aconsejado por el juez Miguel Angel Caviglia para que “ponga la cabeza en remojo y busque trabajo”.
Sin embargo, Carlos considera que son casos de jóvenes difíciles de recuperar. “Hay que hacerlos cumplir como tienen que hacer y ahí van a aprender. Yo soy un laburante porque hay laburo, pero ellos no quieren laburar, quieren tener plata fácil. Le roban a mucha gente”, afirmó.
La situación en el barrio LU 4 es ya insostenible para sus habitantes. Un grupo de delincuentes de las 1008 Viviendas lo acechan con violencia. “Vos no podés dejar tu auto afuera, entrás a buscar algo a tu casa, te bajás y cuando volvés, tenés la luneta rota. Si le decís algo te cagan a tiros, te tiran piedras. Te toman de punto. Si les decís algo, tenés que cerrar toda la casa con postigos e irte a la mierda. Cuando volvés, tenés que mirar dos cuadras para entrar a tu casa”, describió Carlos.
Recordó que ya había sido víctima de un robo el año pasado cuando en el corazón del barrio 30 de Octubre le habían pegado un culatazo en la cabeza y le robaron las herramientas de construcción que usaba en su trabajo.
Incluso dice que desde el último lunes mientras se recupera en el Hospital Regional, le entraron al patio de su casa para robarle herramientas.

POR DOS PESOS
El lunes a la 1 Carlos escuchó el ladrido de perros que abandonaron habitantes del asentamiento de la extensión del barrio 30 de Octubre, que a finales de 2011 fueron corridos de sus precarias casas por un grupo que era integrado por Lara.
Carlos suele darles de comer a esos perros abandonados y al escucharlos ladrar, salió a mirar si le estaban robando en el auto. Recién había llegado de ayudar a un amigo de hacer una mudanza. Estaba de pantalón corto, ojotas y remera.
“Me fui a ver y de la esquina sale un chabón de la pared y me dice ¿tenés dos pesos para el vino?, y le digo ‘no, no tengo’, y agarra y me pegó un balazo. Lara ese”, denunció.
“Me tiró, yo entré a la casa, agarré una toalla me la puse en el estómago, estaba con mi novia, y me vine a mil al hospital. Se me nublaba la vista, pero puse baliza y me vine manejando porque a mi novia le agarró un shock y no podía reaccionar”, relató.
“Yo me toqué la espalda, si me cruzaba la bala yo tenía más posibilidades, pero como no cruzó, me agujereó todo el intestino grueso y me quedó alojada en la quinta vértebra. Y no me la pueden sacar sino me dejan paralítico”, describió.
Tuvieron que operarlo dos veces. “Mañana (por hoy) probablemente me den el alta. Hoy (por ayer) comí, y me tengo que mantener con esta bolsita (bolsa de colostomía), hasta que pueda recuperarme”, explicó.
Carlos tiene una miniempresa de construcción en la que también le daba trabajo a varios hombres que tienen familia. Ahora deberá estar ocho meses sin poder trabajar él ni darle trabajo a sus operarios. “Si yo no trabajo, no tengo plata, soy independiente”, lamentó y dijo que incluso tendrá que vender su auto para solventar su recuperación.
Hoy, si le dan el alta, volverá a su casa y le pide a la Justicia que instrumente todos los recaudos, incluso una prohibición de acercamiento del sospechoso, quien sigue caminando libremente por el barrio mientras Carlos casi termina parapléjico y no sabe cuándo podrá volver a trabajar.

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