El oficio de la escritura, según Hebe Uhart

La escritura no sólo es placer, sino deber y disciplina, y eso no está reñido con el placer, van juntos”, indica la autora.

Pienso que este festival es motivador para los jóvenes que quieren escribir, para los que recién empiezan”, dijo la escritora Hebe Uhart, encargada de la apertura del Segundo Festival de Literatura Filba Nacional, que se realiza en el Centro Cultural Provincial de Santa Fe.
Para la autora de “La luz de un nuevo día”, Santa Fe “tiene una gran tradición de escritores: Luis Gudiño Kramer, Mateo Booz, los más conocidos como Saer, los actuales como Enrique Butti. Todo el Litoral es muy interesante, Patricia Suárez, Elvio Gandolfo, el mismo Bernatek vivió mucho acá”.
“Me interesa mucho toda la zona del Litoral, más aún hacia Entre Ríos, Corrientes, Misiones, la línea guaraní, la que va hacia el Paraguay”, dijo la escritora.
Y cuenta: “vine muchas veces a Santa Fe, me gusta, y me interesa  tener un panorama completo del país. El escritor debe conocer. Lo primero que tiene que hacer alguien que empieza a escribir es desmitificar la figura del escritor. Los jóvenes suelen ser inconstantes, hacen un taller de literatura, uno de cocina, uno de inglés. Y esto hay que tomárselo como un trabajo”.
“Algunos vienen y me dicen: escribo una página y me canso. Esto es una tarea como cualquier otra. Mirá si un carpintero se cansa antes de poner la patas de una mesa. O un cocinero que hace la masa para una pizza y se cansa antes de meterla al horno. No solo es placer, sino deber y disciplina, y eso no está reñido con el placer, van juntos”, indica la autora de “Mudanzas”.
“Después tienen que aprender a tirar -sentencia-. Es como en la vida, hay gente que tira y gente que guarda. Creo que tirar es esperanzador, supone que vas a poder hacer algo. Guardar es triste, porque supone que después no vas a tener. El avaro es triste, porque piensa que no va poder entrar. El que tira sabe que algo va a venir”.
Hay que aprender a tirar, insiste Uhart, “a escuchar lo que no es uno, a moverse un poco entre otros sectores sociales. Estar limitado a tus pares es muy empobrecedor. Hay que saber ver el efecto de lo que se recibe en uno. Mirar más allá del lenguaje. Mirar para entender cómo funciona ese lenguaje”.
Por ejemplo, “los porteños tenemos muchos términos para decir que algo no nos gusta: `no lo soporto`, `no lo tolero`, `no me lo banco`, `no lo aguanto`, `no lo resisto`, `no existe`. Sí existe sólo que no lo queremos ver. Se anula con el juicio mucho más que en otros lados”.
“Hay otra expresión típica que es: ¡que alguien haga algo!, ¿qué quiere decir eso? Eso es bien porteño, una exigencia hacia el exterior; hay algo victimizante en eso. En Paraguay me hicieron notar que nos quejamos de todo. Allá la gente puede estar sumida en el último subsuelo del infierno y te sonríe”, grafica la autora de “Camilo asciende”.
- ¿Es necesaria la soledad para escribir?
- Para escribir hay que concentrarse, pero no niego que se puede escribir en un medio totalmente ruidoso y encontrar cierta armonía. Otro necesitará el silencio. Pero no hay regla, el tiempo es para uno mismo.
Los procesos creativos se manejan subterráneamente. Después salen. Un poco depende la vida que hagas. En general, si estás muy a contra pelo, no vas a poder escribir. Porque hay gente que no soporta las cosas. Y si no soporto cosas no me soporto a mí. No puedo estar acorde conmigo mismo. No es la humildad. Es la armonía con uno mismo para olvidarse de uno mismo.
No creo que haya, como dicen muchos, dicotomía entre la obra y la vida. Esto pasaba en una generación, como la de Haroldo Conti, que eran vitalistas. Tenían la influencia de Hemingway, que era torero, cazador, pescador, pero era un aficionado a esas cosas. Entonces se formó esa idea de que había que ser callejero. Pero no hay receta. Los caminos son de cada uno.

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