La querella considera que la caída del avión debe ser tipificada como un delito doloso, contemplado en el artículo 190 del Código Penal para “cualquier acto que ponga en peligro la seguridad de una aeronave”. Además, asegura que la empresa Sol Líneas Aéreas no había analizado los riesgos climáticos de la ruta que atravesaba la meseta rionegrina. Esa pena contempla hasta 25 años de prisión.
Más allá de que la querella insiste en que “el avión no era aeronavegable, faltaron controles, el parte meteorológico estaba desactualizado y hubo irregularidades administrativas”, desde la fiscalía entendieron que hubo negligencia por parte del piloto.
De hecho, de las pericias también se desprende el uso inadecuado del piloto automático al no seleccionar modo IAS (significa “velocidad indicada” en español), al volar en condiciones de engelamiento y el cumplimiento parcializado de los procedimientos establecidos en el Manual de Vuelo y Manual de Operaciones de la aeronave, en cuanto al ingreso a zonas de vuelo de engelamiento de características severas.
“Quien debe fallar ahora es el juez federal de Neuquén, Gustavo Villanueva, que quedó a cargo del Juzgado Federal de Bariloche. Es una nueva oportunidad para que la fiscalía y el juzgado activen la causa de manera urgente porque la prescripción tendrá lugar el 18 de mayo”, apuntó Romina Barreto, una de las abogadas de Ruiz.
“Pedimos que llamen a declarar a quienes eran los tres directivos de la aerolínea Sol al momento del accidente. Si eso sucede en menos dos meses tendremos otros 12 años para buscar todas las respuestas que necesitan los familiares de las víctimas”, acotó.
EN NOMBRE DEL HIJO
Uno de esos familiares es Juan Carlos Ruiz, cuyo hijo iba a bordo del vuelo accidentado. “A Juan Manuel lo habían mandado a Comodoro Rivadavia por trabajo y era su primer su primer viaje en calidad de gerente de recursos humanos de una petrolera ya que su jefe había renunciado unos días antes y estaba muy contento porque lo habían ascendido”, recordó su papá. “Juamna” tenía 22 años y un futuro prometedor.
“Se trató del accidente aéreo más grande de la historia de la Patagonia y fue muy duro ver cómo nos golpeó la justicia en esta última década. Si el juez Villanueva tiene voluntad es posible que conozcamos la verdad y que los responsables paguen por lo ocurrido”, se esperanzó Ruiz a pesar de ser consciente de las pocas chances que quedan.
“Estamos en una seria situación de riesgo. Desde que surgió este caso sabemos que no van a culpar a nadie y va a quedar en la nada. Pero yo no quiero resignarme y voy a luchar hasta el final”, aseveró.
Juan Manuel era uno de sus dos hijos del primer matrimonio. Cuando sus padres se separaron, se fue a vivir a Buenos Aires con su mamá e hizo toda la primaria y parte de la secundaria en un colegio porteño católico que llevaban a sus alumnos a misionar por el sur del país. ”Uno de esos veranos, cuando tenía 16 años, tomó la decisión quedarse a vivir conmigo y terminar el secundario en Centenario, la ciudad donde nació”, relató.
Sin embargo, cuando optó por estudiar Relaciones del Trabajo no le quedó otra opción que volver a Capital Federal y anotarse en la UBA ya que en Neuquén todos los institutos que daban esa carrera eran privados. Una vez recibido, volvió a instalarse en su provincia y consiguió su primer empleo en una petrolera de Rincón de los Sauces. Luego, le llegó la oportunidad que tanto estaba buscando en otra petrolera de Plottier.
“Él me había contado que la empresa tenía planeado mandarlo a Comodoro pero que todavía no le habían confirmado la fecha” contó Juan Carlos. De hecho, el domingo anterior su hijo había ido a comer un asado a su casa y le había dicho que el fin de semana siguiente recibiría la visita de su mamá y su tía. “Estaba muy entusiasmado con verlas. Por eso, quería asegurarse estar de vuelta para ese día; sino no viajaba”, agregó.
Juan Carlos se enteró de que su hijo iba a bordo de la aeronave siniestrada de manera fortuita cuando el 18 de mayo de 2011, cerca de la medianoche, recibió un llamado a su teléfono fijo. “Somos del trabajo de Juan Manuel. Estamos en la puerta de su casa y queremos hablar con usted”, le dijo un hombre con voz seria. “Ahí me enteré que el avión se había estrellado y que no había sobrevivientes”, recordó.
Ese día juró que iba a hacer hasta lo imposible para que su hijo pudiera descansar en paz y que “el puñado de miserables que le adelantó la vida pague por lo que hizo”. Hoy, está más cerca de lograrlo. Todo depende de cómo actúe la justicia en esta nueva instancia.
Fuente: Infobae
