El peluquero asesinado en las 232 tiene un equipo que lleva su nombre

El peluquero Gonzalo Solari fue asesinado en medio de un asalto el 8 de enero de 2013 en el corazón de las 232 Viviendas. Los vecinos escucharon sus desgarradores gritos de dolor. Se cree que los criminales creyeron que traía una notebook en su maletín, pero solo llevaba tijeras y el secador de pelo, sus herramientas de trabajo. Uno de los delincuentes lo apuñaló en el codo y el otro le pegó un tiro en el estómago. Hasta hoy los sospechosos no rindieron cuentas pese a que uno de ellos publicó en Facebook: “Bajé a uno por unas tijeras”.

 “Amigos de Gonzalo Solari”. Así se llama el equipo de fútbol de salón de Curuzú Cuatiá, en Corrientes, con el que salen a la cancha Diego, Yiyo, Lucas, Facu, y otros amigos de la infancia, del barrio, y de la escuela del peluquero asesinado el 8 de enero de 2013 en Comodoro Rivadavia.

El primer partido lo ganaron 4 a 2 y la dedicatoria fue al cielo. “Gracias Gonzalito por apoyarnos desde donde estés. Te lo dedican tus amigos de siempre”, dijo uno de los organizadores de la iniciativa.

Aquel martes 8 de enero, Gonzalo Solari retornaba de la peluquería en la que trabajaba en la calle Belgrano cuando dos delincuentes armados lo interceptaron frente al edificio 22 de las 232 Viviendas, donde residía. Allí, en el corazón del barrio Ceferino Namuncurá, uno le pegó un tiro en el estómago perforándole varios órganos y el otro lo apuñaló en un brazo para tratar de sacarle su maletín. Se resistió al robo y murió tres horas después en el Hospital Regional. El asesinato aún continúa impune.

Fue el primer homicidio de aquel fatídico 2013 y todavía permanece sin esclarecerse. En un principio, los investigadores habían identificado a uno de los presuntos autores, quien había publicado en el Facebook: “Bajé a uno por unas tijeras”.

Incluso se situó en la escena del hecho a un Renault Clio oscuro al que siguieron por las cámaras de seguridad, pero nunca hubo una detención. El sospechoso cerró su cuenta de Facebook y los investigadores no avanzaron más.

Gonzalo tenía 29 años, era oriundo de Curuzú Cuatia y había llegado unos meses antes a Comodoro Rivadavia desde Buenos Aires. También había vivido en El Chocón, Neuquén, desde donde aún su madre Olga Barrios lo recuerda cada 8 de mes. Siempre sus proyectos laborales estuvieron ligados a su oficio de peluquero y era padre de tres hijos.

Fernando Boss, conocido peluquero de la calle Sarmiento casi Francia, le ofreció la posibilidad de comenzar un proyecto junto a él. Le pagó los pasajes desde Buenos Aires y le dio trabajo en “Urbano”. Gonzalo traía una idea novedosa: la colocación de rastas.

Luego comenzó a trabajar a domicilio. Lo que describen todos lo que lo conocieron es que siempre iba con su maletín de cuero con sus herramientas de trabajo.

DEFENDER LAS

TIJERAS A MUERTE

“Había tenido problemas con unos chicos. El cuidaba sus tijeras y me dijo que las iba a defender a muerte”, cuenta hoy a Letra Roja su compañero de departamento, Ezequiel, quien a los diez días del hecho se fue del lugar por miedo a correr la misma suerte.

Las últimas palabras que escuchó Ezequiel de labios de Gonzalo esa tarde mientras lo acompañaba a la ambulancia, fueron: “me dieron un tiro”. Después murió.

El día del robo, Gonzalo volvía de la peluquería “Resplendissant” a las 17. Pasó a comprar queso untable, pan y una bebida que guardó en ese maletín. Cuando ingresó al complejo habitacional situado sobre la avenida Kennedy al 1.400 se cruzó con los dos delincuentes que le quisieron robar el bolso.

Los malvivientes quizás pensaban que el maletín -similar a un porta notebook- tenía alguna computadora u otro elemento de valor, pero sólo llevaba algo preciado para Gonzalo: sus tijeras.

Algunos vecinos escucharon gritos y corridas. Después un disparo estremeció a los habitantes de los edificios. Gonzalo tenía nociones de artes marciales y no se descarta que se hubiera resistido al robo.

La bala que recibió el peluquero le traspasó de lado a lado la cintura. Cuando la víctima cayó al suelo, el otro delincuente le pegó un puntazo en el brazo izquierdo para que soltara el maletín, pero el peluquero resistió y se aferró al mismo. Los asesinos escaparon y Solari quedó tendido en el suelo pidiendo ayuda.

“Ayúdenme, ayúdenme” gritaba, pero ningún vecino salió a auxiliarlo. Varios escucharon el disparo y se encerraron en sus departamentos. Sólo un conocido de la víctima que miraba televisión y escuchó el disparo se acercó cuando vio que los delincuentes escapaban.

“Cuando bajé le estaban intentando quitar el bolso. Le quisieron robar. Uno le tiró con la pistola y salió corriendo y otro estaba agachado tratando de sacarle la cartera” relató un testigo aquel caluroso martes a Diario Patagónico.

“Aparentemente no quería largar el bolso. Yo sé que alguien lo vio del edificio, pero no quisieron abrir la boca” contó Ezequiel. “Estaban investigando varias líneas pero nunca se llegó a nada concreto” dijo el joven que alquilaba junto a Gonzalo.

Solari fue trasladado a la guardia del Hospital Regional y tres horas después se conoció que el proyectil calibre 9 milímetros terminó con su vida, debido a que le perforó el intestino, el bazo y el hígado.

Hoy, en cada marcha pidiendo seguridad o justicia en Comodoro, algún amigo suyo siempre se acerca con su foto y su nombre para levantarlo en alto. Es que hay quienes aún confían en que su muerte no quede impune.

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