Madonna, Shakira, Justin Bieber, BTS, Gustavo Dudamel y hasta los Muppets compartieron escenario en el primer espectáculo de entretiempo de una definición mundialista.
Había una expectativa enorme. Por primera vez en la historia, una final de la Copa del Mundo tendría un espectáculo de medio tiempo al estilo Super Bowl. Sin embargo, el resultado estuvo muy lejos de la promesa. Lo resumió con ironía Liam Gallagher, líder de Oasis, apenas terminó la transmisión: “Fue como un mal viaje”. La frase sintetizó el desconcierto que dejó una sucesión de artistas, estilos y puestas en escena que parecieron convivir sin un hilo conductor.
Chris Martin, líder de Coldplay y uno de los impulsores del proyecto, apostó por una mezcla de estrellas del pop, orquestas sinfónicas, personajes de ficción y hasta los Muppets, en un collage que terminó desdibujando el espectáculo.
El momento más esperado era, sin dudas, el de Madonna. La Reina del Pop, que atraviesa un regreso consagratorio con el reciente lanzamiento de Confessions II, fue la encargada de abrir el show. Y lo hizo con una entrada a su altura: subida a un buggy conducido por Ronaldo y Ronaldinho, mientras interpretaba “Music Inferno”, la versión que fusiona su clásico “Music” (2001) con “Disco Inferno”, de The Trammps, una combinación que hasta ahora solo había sonado durante el Confessions Tour entre 2006 y 2007.
La artista también interpretó brevemente “Danceteria”, una de las canciones más celebradas de su nuevo disco y que había cobrado especial notoriedad en Argentina tras el video realizado con inteligencia artificial que compartió en sus redes sociales con imágenes de la Selección. Pero la participación duró apenas unos minutos, demasiado breve para quien era, probablemente, la figura más convocante de toda la grilla. Fue, acaso, el único guiño realmente deportivo de toda la puesta en escena: una leyenda a todo volumen con otras dos leyendas.
Después llegó el turno del director venezolano Gustavo Dudamel, quien encabezó una inédita fusión entre la Filarmónica de Nueva York y músicos de la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar, en una interpretación de “Seven Nation Army”, de The White Stripes. El segmento buscó transmitir un mensaje de solidaridad y resiliencia vinculado a Venezuela, aunque quedó algo desconectado del resto del espectáculo.
La posta pasó luego a BTS, que interpretó “Dynamite”, antes de dar paso a un breve sketch protagonizado por Jason Sudeikis y Brendan Hunt, nuevamente en los papeles de Ted Lasso y el Coach Beard, anticipando el regreso de la exitosa serie de Apple TV+.
Tras esa intervención apareció Justin Bieber, guitarra en mano, para interpretar “Everything Hallelujah”, uno de los sencillos de su reciente álbum Swag II. Una actuación correcta y acústica, aunque sin demasiada potencia dentro de un espectáculo que parecía avanzar a los saltos.
La energía recién volvió a subir cuando irrumpió Shakira, acompañada por Burna Boy, para interpretar “Dai Dai”, considerada por Billboard como una de las canciones más exitosas del momento. Fue uno de los pocos pasajes con verdadera dinámica escénica, donde la música, el baile y la puesta en escena lograron articularse de manera natural.
El cierre, sin embargo, volvió a desconcertar. Chris Martin reapareció acompañado por los Muppets, mientras interpretaba una canción inédita junto a un grupo de niños y adolescentes del Coro PS22. El desenlace dejó más interrogantes que emociones y terminó reforzando la sensación que atravesó todo el espectáculo.
Cabe señalar que, a pesar de todo, el show tuvo también un fin solidario al respaldar al Fondo de Educación FIFA Global Citizen, una campaña destinada a recaudar USD 100 millones para garantizar que niños de todo el mundo tengan acceso a una educación de calidad y al deporte.
En apenas 11 minutos desfilaron algunas de las figuras más importantes de la música mundial, pero el resultado nunca consiguió transformarse en una experiencia memorable. Hubo nombres, presupuesto y despliegue técnico, aunque faltó una idea que unificara el relato. En definitiva, el primer show de medio tiempo de una final del Mundial quedó más cerca de una vidriera de celebridades que del verdadero acontecimiento cultural que se prometía.
Y, si algo quedó claro, fue que las actuaciones de Madonna y Shakira fueron las que sostuvieron el peso artístico —como siempre— de una propuesta que prometía hacer historia, pero terminó dejando gusto a poco. Gracias a Dios por las mujeres en el mundo del pop.
