El soldado que fue rescatado de la morgue tras ser dado por muerto

En la sala 151 de traumatología del Hospital Regional, destinada para heridos que debían ser amputados, permaneció internado Norberto Santos, quien había llegado de Malvinas como fallecido. El joven que había sufrido "pie de trinchera" permaneció un tiempo en Comodoro Rivadavia y fue derivado a Buenos Aires. Nunca más supieron de él.

“Venían camiones cargados de soldados muertos. Los traían muertos a la guardia y la supervisora de turno tenía que abrir las puertas de la morgue y los daban vuelta como a la arena”. El relato pertenece a la enfermera Elsa Lofrano quien narró a El Patagónico cómo llegaban los caídos en batalla a la morgue del Hospital Regional de Comodoro Rivadavia.

Este es uno de los tantos recuerdos crueles dejados por la guerra. De esos que resultan imposibles de olvidar para sus protagonistas, quienes entre lágrimas y nudos en la garganta recrean lo ocurrido como si el tiempo se detuviera. Entre las historias que le tocó vivir trabajando en el hospital durante el otoño de 1982, Elsa recuerda una historia, la del soldado Norberto Santos.

“En la morgue ponían al cadáver en una bolsa de tela de avión con un cierre. Incluso un día trajeron un montón y entre el montón sentía que alguien se quejaba. Le dije al mayor: ‘hay alguien vivo’. Y él dijo: ‘hay cosas que a veces salen más barato ponerles el cierre y llevarlos a Buenos Aires y no ponerse a mirar entre tantos cadáveres. Cierre la puerta’”, ordenó el militar.

Sin embargo, Elsa asegura que no cerraron la puerta. “El mayor se fue y nosotros entramos y sacamos a uno vivo. Un chaqueño, estaba vivo, lo sacamos a traumatología y se empezó a recuperar, tenía las dos piernitas hecha pedazos con el pie de trinchera”.

Según la ficha, Santos ingresó al hospital el 12 de junio de 1982 y fue internado en la sala 151. Este documento dice que era soldado y que tenía una fractura expuesta con amputación, producto de una herida de combate que como único tratamiento previo fue curada con analgésicos.

LUCHA DIARIA

Lofrano rescata y relata el episodio con sentimiento. “Todos los días lo curábamos. El doctor (Manuel) Sanguinetti lo quería un montón, nosotros lo curábamos del tronco para arriba porque sabíamos que las piernas no se iban a recuperar nunca porque estaban negras. Ya habían planificado llevarlo al otro día a quirófano para quitarle las dos piernas, y el doctor Sanguinetti me dijo ‘sabes una cosa Elsa, no me da el cuero para amputarle las dos piernas, lo voy a derivar’”.

Santos todos los días preguntaba por qué no sentía sus piernas. “‘¿Usted no sabe Elsa si mis piernas las voy a volver a recuperar?’, decía. Nosotros no se las dejábamos ver por el vendaje. ‘Si’ le decía yo, ‘cómo no las vas a recuperar’, y él decía que sino no iba a poder caminar y se ponía a llorar”.

“A cada enfermero que llegaba y a cada médico le preguntaba lo mismo y cuando decidieron que lo iban a amputar, el doctor Sanguinetti decidió derivarlo. Cuando lo fui a despedir me dio un beso y me dijo ‘dígame la verdad a mí no me van a amputar las dos piernas cierto’, ‘no’ le dije yo ‘vos tenés que tener fe en Dios porque nosotros te queremos mucho’. ‘Yo quisiera que no me mintieran porque yo no quiero vivir si no tengo las dos piernas’ me dijo. Se colgó de mis brazos y lloraba pobrecito. Eso fue muy duro, pero nunca más supe de él”, rememora Elsa Lofrano.

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