En las calles también se necesita un cambio

Que se hayan incrementado los requisitos para obtener la licencia de conducir es una buena señal. Representa un avance en materia de políticas de seguridad vial, pero se volverá insuficiente si no se complementa con la intensificación de los controles en calles y rutas para reducir la transgresión de las normas. Aunque se requiere sobre todo de un profundo cambio cultural de quienes sentados al volante carecen de conciencia sobre los riesgos que su manejo agresivo o indolente puede deparar para ellos y también para terceros inocentes.
Manejar implica concentración absoluta, más en Comodoro Rivadavia frente al continuo crecimiento del parque automotor. Conlleva extremar al máximo las precauciones, recurrir al manejo defensivo para evitar ser protagonistas involuntarios de un accidente causado por uno de esos tantos imprudentes con los que cualquiera de nosotros tropieza a diario.
Principios elementales como respetar en un cruce la preferencia de paso de quien circula por la derecha o activar la luz de giro 30 metros antes de doblar en una esquina, son constantemente quebrantados.
Ni hablar de aquellos que conducen con el teléfono celular pegado a una oreja; que viajan con niños pequeños en la parte delantera; que ignoran los derechos del peatón; o que ante el cambio de luz del semáforo en las avenidas, cruzan en rojo lanzados en velocidad cuando del otro lado el amarillo ya mutó a verde.
Por supuesto que esas personas manejan un vehículo porque la autoridad competente les otorgó una licencia habilitante. Sin embargo, al ponerse al volante se olvidan rápidamente de las normas que tuvieron que memorizar para rendir examen. O, lo que es más grave, saben que están incurriendo en una contravención, pero mientras no haya un inspector o un policía a la vista para multarlos, les da lo mismo cometer esa infracción.
En un país como la Argentina, con una organización política federal, cada provincia o municipio –como en el caso de Chubut- tiene la potestad de regular aspectos vinculados con la reglamentación del tránsito y con la emisión de las licencias de conducir. No obstante, en la última década el Estado nacional ha acertado al avanzar con la unificación de criterios en la materia.
De la mano de la Ley 26.363, más conocida como Ley Nacional de Tránsito, en 2008 se estableció la creación de la Agencia Nacional de Seguridad Vial como organismo regulador de tales normativas, así como la existencia de un Consejo Nacional de Seguridad Vial.
En forma paralela, la cara más visible de esas políticas es la Licencia Nacional de Conducir, más conocida como “licencia única”, que luego de la incorporación de la tecnología requerida y de la capacitación del personal, comenzó a otorgar ayer el municipio de Comodoro.
La implementación del sistema de licencia única, que ya está vigente también en otras comunas chubutenses como Rada Tilly, demandó en esta ciudad más de dos años de gestiones, a partir de la adhesión de la Provincia y luego del municipio a la Ley Nacional de Tránsito.
Incluso Chubut creó su propia Agencia Provincial de Seguridad Vial para la realización de operativos ruteros y políticas de trabajo conjuntas con la Agencia Nacional y los municipios en controles, capacitación de personal e incorporación de equipamiento.
Una veintena de provincias con sus respectivos municipios, así como la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, se han adherido a la Ley 26.363. En el caso de emisión de licencias, todos esos distritos se rigen bajo los mismos parámetros en lo que respecta a evaluaciones teórico-prácticas de manejo y normativas, exámenes psicofísicos y documentación requerida.
Uno de los aspectos innovadores, vinculados a la licencia única, es la implementación del Registro Nacional de Antecedentes de Tránsito. De ese modo, a partir de una base de datos que reúne información de todo el país, se certifica que la persona que aspira a obtener la licencia no haya sido inhabilitada para conducir por determinación de la Justicia de Faltas de algún distrito o por una resolución penal de la Justicia ordinaria.
Junto a la implementación de la licencia única y del registro de antecedentes, la Ley de Tránsito también establece como uno de sus pilares la instrumentación de un sistema de quita de puntos como penalización para los infractores. Conocido como “scoring”, ha servido en varios países del mundo para reducir la inseguridad en el tránsito.
Al tramitar su licencia, el conductor obtendrá una cantidad determinada de puntos.
Además de una sanción de carácter económico, esos puntos le irán siendo descontados cada vez que cometa una infracción.
El puntaje a descontar dependerá de la gravedad de la falta: desde estacionar en doble fila, entre las más leves, hasta correr picadas, entre las más severas.
Si la acumulación de infracciones se traduce en la pérdida de la totalidad de los puntos, se produce una inhabilitación automática para manejar por 60 días en una primera instancia y ante cada reincidencia ese tiempo se va duplicando.
Pese a ser una herramienta elemental para promover el manejo responsable, la aplicación plena del scoring no será tan inmediata. Según las propias autoridades de la Agencia Nacional de Seguridad Vial, se requiere terminar de instrumentar la licencia única en todo el país. De todos modos, algunas provincias como Misiones, Córdoba y la ciudad de Buenos Aires ya comenzaron con su implementación.
La emisión de la licencia única en Comodoro Rivadavia constituye un avance importante. Refuerza las exigencias para obtener el registro, comenzando por un examen de las normas de carácter escrito, adecuado a cada categoría, que reemplaza la prueba oral de señales que debía sortear el conductor que renovaba su licencia.
Lo mismo ocurre con la solicitud del certificado de antecedentes de tránsito. Evita la existencia de personas inhabilitadas en otras jurisdicciones que pretendan burlar esa sanción, como podía suceder hasta ahora por la falta de una base de datos a nivel nacional.
Tanto el registro de antecedentes de tránsito, como el futuro sistema de scoring, marcan un cambio esperado en las políticas viales, pero en esta ciudad no alcanzan por sí solas como instrumentos para mejorar la seguridad del tránsito si no son acompañadas en las calles y rutas por controles más continuos y con la tecnología adecuada que permita sancionar a quienes quebrantan las reglamentaciones.
Así como los operativos realizados durante las madrugadas de sábados, domingos o feriados han posibilitado reducir los índices de alcoholemia, es necesario que esos controles sorpresa se repliquen los demás días de la semana y en cualquier horario frente al riesgo que implica una persona manejando bajo la influencia del alcohol o de otras sustancias.
A la vez, de nada sirve que existan penalidades más severas para quienes violen las velocidades máximas si la Dirección Municipal de Tránsito no cuenta todavía con el instrumental suficiente para medir esas infracciones, salvo en los operativos ruteros conjuntos donde la Agencia de Seguridad Vial aporta sus equipos.
Y más allá de las exigencias que se le impongan a un conductor para tramitar su licencia, la necesidad de multiplicar los controles en diferentes puntos de la ciudad también implica direccionarlos al estado en que se encuentran los vehículos que circulan por el ejido.
Es que pese a que la Ley de Tránsito establece como requisito la verificación técnica vehicular, no es raro cruzarse de noche con automóviles sin luces o con una única luz.
Idéntica situación se presenta con el seguro obligatorio para terceros. De acuerdo a estimaciones de la Superintendencia de Seguros de la Nación, de los casi 3 millones de vehículos que circulan a diario por el país, un tercio no cuenta ni siquiera con esa cobertura mínima.
Todos esos factores hacen más necesario que nunca intensificar los controles como la mejor manera de hacer más seguras las calles y rutas. Estarán agradecidos aquellos conductores conscientes de que su seguridad y la de su familia dependen no sólo de su prudencia. “No me preocupa manejar a toda velocidad en la pista de carreras, lo que realmente me preocupa es manejar por la ruta y que algún loco que se crea Juan Manuel Fangio me rebase”, solía ironizar el mismísimo quíntuple campeón mundial de Fórmula 1.