Escupiendo al cielo

  “No hay dudas que una de las cosas más difíciles en política es mantener la coherencia entre el pensamiento y la acción a lo largo del tiempo. Cuando un dirigente político logra mantenerse en el tiempo tarde o temprano se enfrenta a sus propias contradicciones.”
(Pablo Das Neves, columna de opinión “La guerra argentina por el petróleo“, Infobae, 9 de junio de 2014)

En el marco del tan esperado (para algunos) y temido (para otros) acercamiento de Mario Das Neves y su “Chubut Somos Todos” al armado nacional del Frente Para la Victoria, la reunión del exgobernador con el precandidato presidencial Florencio Randazzo fue, además de un certero golpe de efecto, la cristalización de una estrategia madurada con tiempo (a veces, la ansiedad traiciona a la mejor de las ideas). La foto y Twitter hicieron, en segundos, lo suyo.

Sin embargo, no dejaron de surgir interrogantes. El fin de la distancia entre el diputado nacional y el kirchnerismo pone al descubierto algunos giros que desafían las leyes de la geometría. Tal vez, el del autor de la cita que encabeza esta nota sea uno de los ejemplos más gráficos. También, a partir de una foto. Y en medio de la mismas redes, que a veces sirven y a veces condenan.

 Foto: Instagram 


Esta publicación de anoche en su Instagram, no hubiera tenido razón de ser 86 días antes. El 11 de marzo de este 2015 electoral, en otra de sus columnas de opinión, Pablo Das Neves escribió: “La incógnita es si Scioli o Randazzo (el partenaire rebelde) podrán contener al peronismo dentro del FPV. Difícil, muy difícil. Ambos candidatos han demostrado una subordinación total y absoluta al cristinismo, llegando incluso a sacrificar candidatos propios en favor de los deseos y/o caprichos presidenciales”. La contradicción tan insinuada, en su caso, llegó casi tres meses más temprano que tarde.


Más allá en el tiempo, y mientras duró el distanciamiento (hasta hace un par de semanas), su posición para con el FPV, su proyecto y sus caras visibles fue claramente confrontativa. No hace mucho, mediante chicanas en Twitter tras las primarias de Capital; o hace un año, en medio del debate por la Ley de Hidrocarburos, cuando disparó contra un “triunvirato unitario integrado por el marxista de café Tortoni Axel Kicillof, el voraz Miguel Galuccio, y nuestro Talleyrand maoísta Carlos Zannini”

Hace tanto y tan poco como medio término electoral, el concejal de Trelew no dejaba pasar intacto por su Twitter al “amigo Florencio”, ni al proyecto político al cual hoy su fuerza política está al borde de acoplarse

Resulta llamativo ver hoy con tanto fervor y amistad kirchnerista a quien no hace tanto sugiriera que la mismísima CFK “está chapa” o fuera protagonista de un “giro a la derecha xenófoba”, entre otros hits tuiteros. El mismo que se preguntaba “cuál será la dimensión real de La Cámpora una vez que sus líderes pierdan el poder de la lapicera” comparando un presunto futuro de la agrupación que lidera Máximo Kirchner con el desenlace de otras facciones jóvenes en la historia:Pueden rastrearse los casos de la JP y Montoneros en la década del 70, “La coordinadora” alfonsinista en los 80 con el “coti” Nosiglia como emblema, la juventud cafierista, los “golden boys” menemistas, o más recientemente el “grupo sushi” delaruista. Todos tuvieron un desenlace similar: la disolución de la organización y la mutación de sus líderes en empresarios exitosos e influyentes.”

El mismo 11 de marzo. Los mismos 86 días de diferencia. Su visión del armado electoral, en su columna de Infobae, era: “CFK, con el antecedente de lo que Néstor le hizo a Duhalde, no quiere repetir la historia con el motonauta en el papel del ex Presidente y ella en el del caudillo de Lomas de Zamora. Con seguridad copará las listas legislativas con leales kirchneristas de paladar negro e incluso ella podría integrar alguna. Un gobierno “naranja” con semejante nivel de presión política interna haría de la gobernabilidad un sueño lejano”.


Sus creativos epítetos y manifiestos desacuerdos con quienes hoy sonríe y se abraza están, como bien él sostiene, a tiro tanto de Google como de muy pocas hojas de calendario. Tiene razón Pablo Das Neves cuando habla de “resistir un archivo” como de lo más difícil que un político pueda sortear. Para muestra basta un botón: tal vez esté experimentando lo que le sigue a escupir al cielo.