Facundo Jaramillo y la construcción de un atleta desde las sombras

Tiene 25 años. Empezó a competir en natación y básquet con 8 años. Corrió cuatriciclos. Fue campeón patagónico de MTB en tres ocasiones. Participó de Mundiales de Triatlón. Ganó por anticipado el Regional de Pruebas Combinadas MTB y en el tradicional quedó en segundo lugar. A pesar de ello, siempre conservó el bajo perfil. Lo suyo más que marketing es autodeterminación y superación. Y los resultados lo ratifican.

Nació en Comodoro Rivadavia, vivió su niñez en Perito Moreno (Santa Cruz) y volvió a la capital petrolera para estudiar la secundaria y superior.

Hace 7 años que vive solo en Rada Tilly, todo…absolutamente todo depende pura y exclusivamente de él. Y Facundo Jaramillo -25 años, a unos meses de recibirse de profesor de Educación Física- así lo prefiere. Porque cuando las cosas no salen según lo esperado (ya sea en la vida como en los resultados deportivos) solo tiene a un destinatario a quién echarle la culpa: él mismo.

En el ambiente de las pruebas combinadas se lo consideraba como un “tapado” que llegó para hacer podios, ganar en forma anticipada el 1° Campeonato Regional de Pruebas Combinadas en la modalidad MTB y obtener un 2° puesto en la competencia y tradicional que año a año promueve el Club Acuarium con el apoyo de la Federación Chubutense de Pruebas Combinadas.

Pero de “tapado” nada. A los 8 años ya competía en natación y basquetbol. Años más tarde lo haría en ciclismo y luego en cuatriciclos, donde a los 16 una lesión lo bajaría de las carreras para retomar los deportes individuales.

Luego vendrían las pruebas combinadas, y un paso con clasificación en su categoría y podios en la general, en distintos puntos del mundo.

De “tapado” nada. Sí de perfil bajo, de no vender humo y de apostar –a través de la autodeterminación y la exigencia- para ser cada día más una mejor versión de sí mismo.

“El ser humano por naturaleza es competitivo. Yo siempre lo fui. Y por ello en su momento opté por deportes individuales que dependieran exclusivamente de mí. Así no hay reproches para nadie”, sintetiza Facundo Jaramillo a El Patagónico.

EN FRANCO ASCENSO

El encuentro con otro triatleta destacado y entrenador como Pablo Marcos –con su grupo TRT (Triatlón Rada Tilly)- marcó el inicio de Facundo en las pruebas combinadas.

El Mundial en Hawai, competir en Estados Unidos, Chile, Uruguay y ganar en República Dominicana –no solo la competencia sino dinero- fue la carrera en ascenso que empezó a construir cómo triatleta desde los 18 años.

Fuera del triatlón, también se consagró tres veces campeón patagónico de MTB. Por ello, cuando la Federación Chubutense presentó la nueva modalidad, Jaramillo se sintió cómo en casa.

“Cuando Mario Sosa anticipó la vuelta del triatlón en Rada Tilly, la idea era correr solo esa fecha. Pero me fue bien y me di cuenta que tenía posibilidades. Tanto en la tradicional como en la modalidad MTB”, comentó.

En el medio, se contagió de COVID y estuvo ausente un par de fechas, pero la buena performance en las que participó, le alcanzó para un campeonato y subcampeonato.

“Corrí las fechas mínimas que había que correr (5) y por diferencia de puntos quedé detrás de Sebastián Arrative. Y en MTB sí gané. Desde que tengo uso de razón soy competitivo, que es de alguna manera una virtud. Pero también no lo es en determinadas situaciones”, reflexiona.

La incursión y la vuelta a los deportes individuales coincidió con dejar la carrera de Licenciado en Gestión Ambiental en la universidad local e ingresar al profesorado de educación física del Instituto Superior de Formación Docente 810.

En paralelo, armó un grupo de ciclismo para distintos objetivos. Así nació Bike Point, que todos los martes y jueves se reúnen en Rada Tilly en puntos de encuentro que notifican por su página de Instagram.

Su sueño es seguir superándose, formarse cómo entrenador y recibirse de profesor. Algo que está a punto de conseguir en un par de meses, dado que la pandemia le alargo la línea de llegada.

Vive solo, eso también lo disciplinó -aunque no deja de agradecer a sus padres y a Mario Sosa por la vuelta de las competencias en medio de una pandemia- desde armarse el tupper con ensalada para ir a cursar hasta en las horas libres en el instituto donde aprovecha para ir a nadar al Huergo.

De “tapado” nada. Facundo construye su propia historia en las pruebas combinadas a través de realidades que son palpables y comprobables.

El resto es adorno.

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