Feroz pelea entre presos y policías en una comisaría de Caleta Olivia

Alcohol y drogas que se introdujeron subrepticiamente a los calabozos de la Seccional Tercera, sumado a las cotidianas disputas internas entre presos, fueron el cóctel que estalló en la madrugada de ayer y terminó con una brutal lucha cuerpo a cuerpo con policías uniformados y de civil, casi al mismo tiempo en que los bomberos apagaban los colchones incendiados. Antes, los mismos detenidos habían golpeado a otro preso.

Caleta Olivia (Agencia)
Difícil dependencia le asignaron al comisario Manuel Eduardo Rodríguez, licenciado en Seguridad, quien hace poco más de dos semanas asumió como jefe de la Seccional Tercera ubicada hacia el sector sur del ejido urbano de esta ciudad, junto al populoso barrio de monoblock llamado «2 de Abril», sitio de habituales disturbios.
Ayer ni siquiera necesitó dar lectura al último parte de «novedades» de la guardia nocturna porque todo estaba a la vista: el sector de calabozos destruido por el fuego, con sus muebles destrozados y el piso cubierto de agua, donde también se halló una bocha de marihuana, una botella de coca cola repleta de vino y otro envase conteniendo alcohol puro, al cual los presos generalmente lo mezclan con frutas para preparar lo que en su jerga llaman «pajarito».
Y todas esas cosas se «pescaban» a través de pequeñas ventanas que dan al exterior, para lo cual se utilizaban varillas de madera que se quitaban de las camas y algunos «amigos» se las prendían desde afuera amparándose en las sombras de la noche, a sabiendas de que no hay tanto personal disponible para vigilar constantemente el entorno del edificio.
Pero, ¿que fue lo que ocurrió ayer por la madrugada?.

"SAQUENME, ME MATAN..."
Ese era uno de los gritos que, luego de fuertes golpes, comenzó a escuchar a eso de las 2:10 de la madrugada el agente Raúl Bordón, quien oficiaba como celador en la guardia de rutina.
Provenían del sector de calabozos donde había 11 internos que tienen causas judiciales abiertas y otros ya procesados, generalmente por robos agravados; es decir que algunos de ellos son hombres de armas llevar.
En otro lugar había cuatro detenidos por contravenciones (ebriedad y delitos familiares menores), pero no tenían contacto con los primeros y tampoco intervenían en el desorden.
Cuando Bordón abrió la primera puerta de rejas, seguido de atrás por un oficial que (supuestamente con arma reglamentaria en mano), lo cubría ante cualquier eventualidad, vio a uno de los sujetos que se hallaba boca abajo cubriéndose la cabeza con la manos intentando capear la paliza que otros le estaban asestando.
Se trataba de Carlos Leviñanco, quien estaba allí por robo y, de acuerdo al parte suministrado por el comisario Rodríguez, los que le pegaban eran entre otros Emanuel Brussa (robo calificado), Gonzalo Pichinanco (robo) y Alejandro Coronel (robo calificado).
Es más, estos se hallaban enardecidos y le gritaban a los guardias: «a éste no lo queremos más acá», aunque no se llegaron a conocer los motivos de la disputa interna.
Tomando todas las precauciones del caso, los policías abrieron la segunda puerta y, casi como en una acción de combate bélico, arrastraron hacia atrás a Leviñanco en medio de la oscuridad.
Luego lo llevaron hasta la guardia del Hospital Zonal donde se constató que tenía una gran cantidad de hematomas y escoriaciones, sobre todo en el rostro, al cual casi se lo habían desfigurado. Más tarde lo trajeron nuevamente a la dependencia, pero lo dejaron encerrado en un baño ya que no era conveniente exponerlo nuevamente a sus agresores.
Pero lo peor aún estaba por venir.

QUEMA Y REFRIEGA
El segundo capítulo de los incidentes, aún más violentos, comenzó a eso de las 3:50 cuando un nuevo alboroto se produjo en la misma zona de calabozos. Se había generalizado una nueva pelea entre dos grupos, matizada con fuerte ruidos y gritos ensordecedores, por lo cual la guardia de la Seccional Tercera tuvo que pedir refuerzos a sus pares de la Primera, Segunda, Cuarta y Brigada de Investigaciones.
La llegada de nuevos efectivos enardeció aún más a los diez internos que quedaban en el sector conflictivo, quienes comenzaron a apilar colchones y desarmar mesas y camas para utilizarlos como barricadas, en un intento de impedir que ingresaran la policía.
Y allí nomás, sin medir consecuencias, prendieron fuego, generándose un ambiente de extremo peligro ya que varios de los revoltosos comenzaron a sufrir principios de asfixia.
En contados minutos, bomberos de las Unidades V y XVI que también forman parte de la institución policial, ingresaron con mangueras para extinguir las llamas al tiempo que se estructuró en forma urgente un operativo para reducir a los amotinados.

CUERPO A CUERPO
Lo que siguió después fue una descomunal pelea cuerpo a cuerpo en un espacio reducido demarcado por un angosto pasillo y el patio interno de los calabozos, casi al mismo tiempo en que los bomberos extinguían los focos ígneos.
Algunos de los presos también se habían pertrechado con elementos corto-punzantes (probablemente facas) con los que atacaron a los policías.
Los incidentes, confusos y difíciles de narrar por sus características, se prolongaron por largos minutos hasta que los internos fueron reducidos uno a uno y retirados del lugar.
Varios de ellos fueron trasladados al Hospital Zonal y al menos dos quedaron internados por las lesiones que recibieron, aunque bajo una fuerte custodia en la sala 16 del mismo nosocomio que tiene una puerta de seguridad y rejas. A otros se los derivó a distintas dependencias, o bien se los alojó en una sala de visitas íntimas de la misma Seccional Tercera.

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