Fracaso de audiencia: la cadena de Milei no logró captar el interés

La cadena nacional encabezada por el presidente Javier Milei durante la apertura de sesiones ordinarias dejó un dato inocultable: el discurso presidencial ya no convoca.

Pese a la obligatoriedad de la transmisión y al despliegue total del aparato comunicacional del Gobierno, la emisión registró apenas picos de 21 puntos de rating, una cifra pobre para una cadena nacional transmitida en simultáneo por todos los canales.

Lejos de generar expectativa o impacto, el mensaje de Milei confirmó un agotamiento temprano del formato y una caída sostenida del interés social. El número final apenas superó en dos puntos el rating de marzo de 2024, cuando inauguró su primer período legislativo, lo que evidencia que ni la crisis política, ni la tensión discursiva, ni el show permanente lograron despertar atención real.

Mucho ruido, poco interés

El resultado es todavía más elocuente si se tiene en cuenta que la Casa Rosada había anticipado una cadena “histórica”. No lo fue. No hubo picos extraordinarios ni concentración masiva frente a la pantalla. Hubo, en cambio, un encendido tibio y sostenido, típico de una audiencia cautiva que deja la televisión prendida, pero sin entusiasmo ni expectativa.

El dato contrasta con cadenas nacionales de otros períodos, que lograban paralizar la grilla televisiva. En este caso, la emisión mostró que el discurso de confrontación permanente, los insultos a la oposición y la ausencia de anuncios concretos ya no funcionan como imán.

Fuga a otras pantallas y desgaste del relato

Parte del público optó directamente por no mirar o migrar hacia streaming y redes sociales, donde el consumo es fragmentado y más irónico que atento. Mientras en X y otras plataformas hubo ruido, memes y recortes virales, en la televisión tradicional el mensaje presidencial no logró retener audiencia.

El bajo rating refleja algo más profundo que una cuestión técnica: un desgaste acelerado del relato mileísta, basado casi exclusivamente en la agresión, la provocación y la repetición de consignas. Sin anuncios estructurales, sin horizonte claro y con un tono cada vez más autorreferencial, el Presidente empieza a pagar el costo de haber convertido la cadena nacional en un acto partidario permanente.

Una señal de alarma para el Gobierno

Que una cadena nacional obligatoria marque números discretos es una señal política contundente. La audiencia no apagó la televisión por casualidad: apagó el interés. Y cuando la palabra presidencial deja de ser escuchada incluso cuando es impuesta, el problema ya no es de rating, sino de legitimidad comunicacional.

La cadena nacional de Milei no fracasó por falta de pantallas, sino por falta de contenido que convoque. Y eso, para un gobierno que hizo del discurso su principal herramienta de poder, es un dato que debería encender alarmas.