Fue salvado en Cromañon por un "ángel" y todavía lo busca para agradecerle

Facundo Chidini tenía apenas 14 años cuando asistió al recital de la banda Callejeros que terminó con 194 muertos y más de 1400 heridos. El joven fue rescatado por un "ángel" según sus propias palabras y sigue buscándolo para poder agradecerle.

"Callejeros estaba tocando ´Distinto´, el primer tema del CD. No llegó al minuto y medio. Una goma espuma y la mediasombra que estaba en el techo empezó a prenderse fuego. La gente hizo un círculo, porque eso se empezó a caer. Se prendieron las luces. Empezó a bajar un humo denso. Todavía me acuerdo el olor. Todos corrían para todos lados, y gritaban, nadie entendía lo que sucedía. En un acto reflejo salgo corriendo hasta las vallas que dividían a la gente del escenario. Se corta la luz, y me desmayo".

Facundo Chidini tenía apenas 14 años cuando se topó con el mismísimo infierno el 30 de diciembre de 2004: la tragedia de Cromanón que dejó 194 muertos y más de 1400 heridos.

A 17 años de aquel voraz incendio que marcó un antes y un después en la vida de miles de jóvenes, Facundo sigue en la búsqueda de la persona que lo salvó de morir asfixiado. "Me despierto afuera con la cabeza apoyada en una rueda de camión de los Bomberos. Estaba todo negro por el hollín, en estado de shock", relató en diálogo con cronica.com.ar.

Facundo, contó que estaba en plena adolescencia cuando la muerte coqueteó con su destino ese fatídico 30 de diciembre en el que un elemento de pirotecnia impactó en una tela de plástico inflamable que se prendió fuego y arrasó con todo lo que estaba a su paso.

Un día de mucho calor. "Me acuerdo perfecto", dijo a cronica.com.ar. Junto a un amigo un año mayor, el mismo día del recital compraron las entradas en la tienda Locuras Rock ubicada en el barrio porteño de Belgrano. Esa era la forma en que habían elegido para despedir el año. Entusiasmados por la adquisición fueron temprano al boliche ubicado en Once donde se desarrollaría el recital de rock.

"A la banda Callejeros yo la escuchaba muy seguido, ya la había ido a ver otras veces", relató Facundo. Según puntualizó había una cuestión "barrial, de las letras que tenían", con las que se sentía identificado.

Alrededor de las 19 horas llegaron al lugar. "Al ingresar al local me revisaron tremendamente, me hicieron sacar hasta las zapatillas", recordó. Sin embargo, pese al riguroso control en la entrada, el tradicional ritual de las bengalas cotidiano en los conciertos de rock no tardó en hacerse notar.

Era el turno de Ojos Locos, la banda soporte. Ya durante la performance de ese grupo musical "se habían prendido bengalas y todo tipo de pirotecnia", advirtió Facundo. Incluso, su reiterado uso había obligado a Omar Chabán, empresario encargado del lugar, a salir al escenario y advertir al público que "paren de hacer quilombo con la pirotecnia porque se va a incendiar todo". Sin saberlo, Chabán había vaticinado el oscuro destino que les depararía a todos apenas unos minutos después.

"El lugar estaba repleto de gente que uno no se podía ni mover", describió Facundo. Él estaba ubicado bien en el medio, pero impulsado por los acordes de rock decidió correrse bien cerca del escenario, pegado a las vallas para disfrutar del recital que el fuego no permitió concretar. Su amigo se quedó más atrás.

En una milésima de segundos el mismismo infierno se desencadenó delante de sus narices, del cual aún no sabe cómo logró sobrevivir. "Es hasta el día de hoy que no sé quién me ha salvado", expresó Facundo. Debido al humo que inhaló se desmayó y despertó en la vereda del lugar, en medio del caos, al lado de otros cuerpos, algunos vivos otros no, que sacaban desvanecidos del local a causa de la intoxicación.

A lo largo de 17 años decenas de registros fílmicos pasaron delante de los ojos de Facundo en busca de ese "ángel", como el mismo denomina, que lo salvó de morir asfixiado. "Muchas veces traté de buscar a la persona que me sacó, para agradecerle", dijo y remarcó que aún no pierde la esperanza de encontrarlo. Facundo remarcó que Crónica fue el primer móvil en llegar al lugar para cubrir el hecho, que a los pocos minutos se volvió noticia de todos los medios de comunicación. En total estado de shock Facundo se fue del lugar en el que se había desplegado un operativo en el que trabajaron 46 ambulancias, ante la magnitud de la tragedia.

Caminó en dirección hacia plaza Miserere, ya que, en la esquina de Bartolomé Mitre, había un kiosco que junto con su amigo determinaron como punto de encuentro en caso de perderse en el recital. Esperó unos minutos, pero su amigo no llegó. Ante ese panorama, se dirigió hasta avenida Rivadavia, donde intentó tomar tres taxis, pero ninguno le frenaba por el estado en el que estaba. "Parecía un zombie, todo negro y mojado", describió. Hasta que finalmente un taxista se detuvo.

Pese a las pocas ideas que podía hilvanar por el traumático episodio del que había sido testigo, sumado a la inmadurez propia de la edad, decidió no avisarle a su mamá porque "si se enteraban no iban a volver a dejarlo a ir a recitales pensó", de manera que se dirigió a la casa de su amigo ubicada en barrio Belgrano, a donde se iba a quedar a dormir. Desde allí se comunicó con su familia. "Mi vieja ya se había enterado de todo porque la mamá de un amigo había visto Crónica y vio lo que estaba pasando", contó Facundo que es el penúltimo menor de cuatro hermanos.

Más tarde se encontró con su amigo que también había logrado escapar de las llamas. Mientras esperaba la llegada de la ambulancia, Facundo seguía escupiendo y vomitando todo el hollín que había absorbido durante los 40 minutos que estima haber estado adentro del lugar que fue acaparado por las llamas. Un día estuvo internado en la clínica. La pronta asistencia médica evitó la gravedad de las secuelas físicas, que, en su caso, afortunadamente, fueron leves, casi imperceptibles. No así, fue la suerte que corrió el resto de los sobrevivientes, que tras estar mano a mano con la muerte tuvieron que afrontar serias afecciones respiratorias por la demora ante el colapso del sistema de salud.

Sin embargo, el período posterior a sobrevivir de la catástrofe, no fue sencillo. Durante meses estuvo con tratamiento psicológico y psiquiátrico por el estrés postraumático originado. "Quedas shockeado con la cabeza revuelta", expresó. Al principio sufría pesadillas y tenía fobia de los lugares cerrados. "Lo primero que miraba era la puerta de salida, pero con el tiempo lo fui superando", relató.

Tras el trágico suceso, los años posteriores "se metió en su propia burbuja", describió. La lectura y el deporte fueron sus refugios. "En esa época devoraba libros, hacía cursos, tenía un hambre de poder canalizar las cosas que me pasaban", dijo. "Después fue todo lo contrario, llega un momento que no lo podés evadir más", reflexionó. Desde entonces se involucró en la causa, tanto social como personalmente.

"Cromañón me cambió la forma de ver la vida", remarcó. Facundo, que tiene formación católica elige creer en el destino y en que "todo pasa por algo. Siento que por algo sobreviví", dijo. "Un segundo es demasiado, nos puede cambiar la vida", destacó.

En plena adolescencia, Facundo tuvo la ventaja de darse cuenta de que "todos somos finitos". De manera que comenzó a percibir la vida de manera distinta. "Empecé a valorar y a aprovechar la vida al máximo", dijo en cuanto a la responsabilidad que sintió en hacer uso de la segunda oportunidad que le había dado la vida. Además, de la fortaleza para afrontar las adversidades con las que más adelante se encontraría.

"Ante las adversidades, hay dos grandes caminos que uno puede elegir: quedar atrapado en el resentimiento, o pasar de ser una víctima al protagonista de tu vida", puntualizó. Aunque remarcó que ambos "caminos" son legítimos, el segundo es el más "costoso", y es el que eligió Facundo para encarar su vida. Concebir lo vivido como una "fuente de resiliencia" para hacerle frente y atravesar las adversidades. Aunque uno nunca está preparado " hay que tratar de salir lo más fuertes posibles", dijo.

"Yo elegí este camino, el de utilizar esto que me pasó para ser mejor. Es un proceso de aprendizaje de nunca acabar", remarcó. Y agregó: "Hay que enteder que la vida sigue y hay que tratar de dar vuelta la página".

Facundo siguió adelante. Estudió Derecho en la UBA, carrera de la que se recibió y al día de hoy se sigue formando con una maestría en Economía Urbana. No obstante, también está al frente de la Cámara de Comercio Arg-Qatarí. Hacer la carrera de coaching fue otra de las herramientas que empleó "para comprender cosas interesantes y atravesar las adversidades".

Asimismo, descubrió la vocación que lo une al trabajo social, pasión que lo llevó a encabezar la Red Argentina de Asistencia Social. "Quiero devolverle a la sociedad lo que a mí me ayudó. De esta manera yo siento que estoy ayudando a esa persona que a mí me ayudó a salir de morir asfixiado", remarcó.

Ser sobreviviente de una tragedia de la magnitud de Cromañón, lo llevó a vincularse con otras víctimas de hechos trágicos "que fue encontrando en la vida", con los que generó un lazo de amistad. "Yo me siento hermanado con la tragedia de Once, con Malvinas, tenemos un denominador común, entonces te sentís hermano", expresó. Además, trabaja en la producción de su libro: "Renaciendo de las cenizas. Cromañón y las adversidades de la vida", que prevé lanzar el año próximo.

Fuente: crónica.com.ar

Fuente:

Notas Relacionadas

Dejá tu comentario

Las Más Leídas del Patagónico