El camino de Lucas Busdrago fue de constancia y dedicación, siempre tuvo presente que no era habilidoso. Por el contrario siempre le gustó el roce e ir para adelante, por eso entiende que el presente con el que cierra un 2017 fue forjado con el esfuerzo propio.
“Estar en Los Pumas fue mérito gigante, en especial porque nadie me regaló nada. No tengo familiares Pumas ni en el rugby como dirigentes. Yo sabía que lo mío era entrenar y entrenar. Habilidad no tengo, y el habilidoso hace la marca en la cancha pero tiene su techo. Yo veo ‘changos’ que lo más bien podrían ser Pumas, pero como saben que son buenos, se relajan y disfrutan de otras cosas como el ‘chupi’, la joda o la falopa. Y es una pena, porque no entendés como semejante capacidad no está potenciada. En cuanto a mí, lo siento como un orgullo enorme. De chiquito me dejó dejar todo de mí. Y no fue fácil ganarme un lugar en el Jockey Club o a nivel nacional. Yo lo valoro mucho y agradezco a quienes fueron parte de este camino”.
