Gaby Caniza canta con la sangre y el corazón: Un año de Rubicón

El músico comodorense celebrará el primer año del disco “Rubicón” el 16 de octubre en Sótano Pub. Un recorrido por las canciones, la grabación entre amigos y las experiencias que abrió su publicación.

El 16 de octubre Gaby Caniza volverá a tocar las canciones de Rubicón en Sótano Pub (San Martín 239), exactamente un año después de que el disco quedara publicado en Spotify. La celebración tendrá el álbum completo dentro de un repertorio de más de veinte temas, que también recuperará otras composiciones de su recorrido y canciones de Juan y la Suya. Para el músico nacido y criado en barrio Laprida, esa coincidencia de fechas reúne una historia que todavía lo sorprende por la velocidad con la que sucedió todo.

“Me parece curioso que sea exactamente la misma fecha en la que salió en Spotify, que se hizo oficial. Es un año justo, ni más ni menos”, comenta a El Patagónico. Cuando mira lo vivido desde entonces, aparecen la presentación en Comodoro, los mensajes que comenzaron a llegar de otros lugares, el show en Strummer Bar y la experiencia en Konex. También las voces del público devolviéndole canciones que habían empezado mucho antes, en grabaciones caseras y archivos dispersos.

“Lo que pasó con el último disco me agarró tan de prepo que fue demasiado rápido todo”. Después de presentarlo en su ciudad, las invitaciones y los comentarios se multiplicaron. “Todos los días, después de que subía las cosas de que tocamos acá, me escribían de todos lados. ‘Vení a tocar acá’, ‘me gustó el disco’. Y dije ‘a la mierda’”.

Autodidacta, atravesado desde chico por la música familiar y con sus primeros pasos a los ocho años, Caniza fue construyendo una manera propia de componer. En Rubicón reunió canciones de distintas épocas, atravesadas por el amor, el despecho, la memoria del barrio, sus viajes y la relación con su propia vida artística. Volver a ellas en el aniversario también significa revisar cómo ese material encontró un sonido y un público.

LAS CANCIONES ANTES DEL DISCO

Durante la entrevista, Caniza abre archivos, busca demos, reproduce fragmentos y reconoce versiones que conservan letras incompletas o decisiones que después cambiaron. En ese recorrido puede escucharse cómo una canción va tomando forma. Una frase aparece, se repite, encuentra una melodía y termina por quedarse.

“La canción y la música se hacen medio en simultáneo”, explica. Su punto de partida suele ser una grabación espontánea sobre la que sigue cantando, probando palabras y buscando hacia dónde avanzar.

“Hago varias tomas porque primero suelo hacer una que es la disparadora. La voy armando y voy boludeando encima de una estrofa. Me pongo a cantar encima, es medio como freestyling. Hasta que en un momento encuentro un disparador, que es una conexión mental mía que no sé explicarla, y digo ‘bueno, me voy por este lado’. De ese disparador puedo empezar a largarme para diferentes lados”.

La repetición participa de esa selección. Caniza vuelve a escuchar lo que acaba de cantar y elige las frases que recuerda en la siguiente toma. “Yo me la gano por repetición a la letra. Empiezo a elegir por esa que a mí se me queda, por lo que me tira el corazón, que no me lo olvido a la próxima toma. Y de ahí le empiezo a dar más forma”.

Cuando siente que el esqueleto está suficientemente definido, pasa a la computadora. Allí desarrolla otras partes, graba y ensambla. Ese conocimiento también fue creciendo con la curiosidad y la práctica desde chico.

Rubicón se hizo en unos tres meses, aunque las canciones habían atravesado un período de composición mucho más largo. Entre los archivos encuentra una primera grabación de “Dos días en Buenos Aires” fechada el 3 de mayo de 2022. De “En otro lugar” recuerda una versión de la época del 2017. Otros temas aparecieron cerca del comienzo de la producción.

“Había cosas para decir, pero ya estaban hechas las canciones”, resume sobre la elección del repertorio. Fue buscando dentro de ese archivo las piezas que podían convivir en el disco. Algunas quedaron afuera, entre ellas una exploración con percusiones y un aire de murga que también reproduce durante la charla.

Para trabajar con los productores Gonzalo Pereira y Santiago Raybet llegó con un pendrive, los demos y las partes separadas. Llevaba canciones con principio y final, y una idea precisa sobre lo que quería conservar. El trabajo compartido debía ayudarlo a desarrollar sonidos y cerrar decisiones alrededor de ese material.

GONZALO PEREIRA Y SANTIAGO RAYBET, UNA ESCUCHA COMPARTIDA

La grabación tuvo lugar en la casa de Gonzalo Pereira, en Rada Tilly. Caniza recuerda sesiones que comenzaban a las seis de la mañana, cuando Pereira lo pasaba a buscar para ir a trabajar en el estudio. Parte de esas jornadas quedaron registradas en videos que el músico editó después y publicó en YouTube. Al volver a mirarlos, recuperó detalles del proceso y de la intimidad con la que hicieron el álbum.

Los instrumentos se resolvieron en cuatro sesiones, con muchas partes grabadas en pocas tomas. También sobrevivieron elementos de los demos, entre ellos teclados y guitarras. La producción fue combinando esas primeras grabaciones con nuevas interpretaciones y arreglos.

Pereira produjo y mezcló junto a Caniza, y su participación continúa en la preparación de los conciertos. Arma las pistas, interviene en las decisiones sonoras y es la primera persona a la que el músico consulta cuando necesita otra mirada.

“Creo que es el que mejor entiende qué sucede. Hicimos el disco juntos y sabe”. Para describir su lugar dentro del proyecto, habla de alguien que está presente en muchas áreas y que funciona como uno de los cerebros de la banda.

Caniza destaca tanto el oído de Pereira para reconocer un detalle como el respeto por las canciones que estaba trabajando. “Fue muy colaborativo todo”. A medida que avanzaban, pudo delegar y concentrarse en las decisiones generales.

Raybet también participó como productor y estuvo en las sesiones y las escuchas compartidas. Su intervención aparece en las conversaciones sobre los demos, los arreglos y las posibilidades de llevar cada tema más lejos. Caniza recuerda su insistencia para seguir trabajando “La gloria eres tú”, cuya primera idea había sido conservar el demo y hacerle la mezcla.

En esa canción permanecieron las voces que había grabado en su casa. Son ocho tomas propias, armadas mientras investigaba cómo hacer convivir los coros. “Yo me senté y empecé a investigar, en base a mi cabeza, a lo que pensaba que podía llegar a conjugar”. Prefirió conservar esas interpretaciones, con las particularidades de aquel momento.

Para Caniza, el aporte de ambos productores atraviesa distintas áreas del proyecto. Las conversaciones incluyen el sonido, las canciones y las imágenes que acompañan al disco.

Una de esas escuchas quedó especialmente grabada en su memoria. Estaban Raybet, Pereira y él en la sala, todavía con algunos títulos por definir, cuando pidió escuchar “Dos días en Buenos Aires”. La canción empezó, Caniza la detuvo y compartió una intuición.

“Les dije ‘che, me parece que acá hay algo. Esto puede cambiar algo, para bien o para mal. Alguna alegría trae esto’”. Un año después, relaciona aquella sensación con las experiencias que llegaron y con la cantidad de personas que fueron a escucharlos.

EL AMOR, EL BARRIO Y LAS NOCHES PORTEÑAS

“Acá estoy repasando mi vida, básicamente”, dice Caniza sobre Rubicón. En ese recorrido conviven canciones escritas en distintas épocas, recuerdos de sus viajes, experiencias del barrio y relaciones que dejaron algo para contar. El amor atraviesa buena parte del disco, junto con el despecho, el humor y las frustraciones de su propia vida artística.

“Dos días en Buenos Aires” nació de las impresiones que le dejaron sus primeras visitas para tocar. La canción reúne noches que recuerda con felicidad, la efervescencia de los recitales y escenas imaginadas alrededor de alguien a quien espera ver entre el público.

“Me parecía poética la cosa esa de estar por tocar y tener un momento. Yo estaba solo, estaba separado. Me parecía muy lindo arrancar una canción diciendo ‘no viniste, te esperé toda la noche’”. En esa espera reconoce una situación familiar para cualquiera que sale con la ilusión de encontrarse con alguien que le gusta.

La letra avanza hacia una discusión de pareja en la que también entra la música. “Sos un rockstar retirado” fue una frase que alguien le dijo y que le resultó lo suficientemente graciosa y cruel como para incorporarla. El jarrón que termina la discusión y los restos en el piso forman parte de esa escena donde mezcla tensión, humor y algo de verdad.

“Es un momento en el que se dicen cosas y termina medio culminado. Después remato con un poco de humor, sátira”. Al recordar la letra vuelve a reírse de sus propias aspiraciones y de la distancia entre esas grandes noches que imagina el personaje y la vida cotidiana del músico.

Ese cruce entre experiencia e imaginación es parte de su manera de componer. Caniza se permite exagerar y llevar una emoción hasta el punto que la canción necesita. “Yo no puedo no desgarrarme escribiendo una canción, porque un poco el que escucha quiere la sangre también”. Ahora reconoce que “Dos días en Buenos Aires” está ganando fuerza entre quienes lo escuchan, tanto en los conciertos como en las historias que suben desde la ciudad.

“Tu otro amor”, que cierra el álbum, concentra otra intensidad. Caniza la describe como una balada lenta, de esas que se cantan fuerte y que llevan el desgarro hasta el final. Esa es la sangre en el piso.

Al reproducir sus primeras grabaciones, muestra cómo fue encontrando las palabras. Hay tomas breves, frases que todavía cambian y otras que empiezan a fijarse por repetición. La melodía y la letra avanzan juntas hasta que reconoce algo suficientemente firme para llevarlo a la computadora y desarrollar el resto.

En esos registros puede escucharse el momento en que una expresión aparece y empieza a ocupar su lugar dentro de la canción.

A “Más rock que yo” la relaciona con las distintas etapas de un duelo y con la necesidad de sacar afuera la bronca cuando algo termina o sale mal.

Esas emociones alimentan al personaje de Rubicón, un “rockstar retirado” que recuerda grandes noches, arrastra desilusiones y por momentos se deja llevar por sus delirios de grandeza. Caniza se divierte con esa figura y con la libertad que le permite al cantar.

“Es el alter ego que uno se arma”. Dentro de ese personaje también aparece la frustración de haber querido hacer música de una determinada manera y sentir que las cosas tomaron otro rumbo.

“No llores más” nació en un momento en que necesitaba darse aliento. Había salido emocionado de un recital de Bestia Bebé, con la sensación de haber escuchado canciones capaces de abrazar, y quiso explorar algo de esa cercanía.

En “La gloria eres tú”, la ternura está ligada a un gesto íntimo. Por entonces escuchaba mucho a Pedro Infante y estaba interesado en la música mexicana, con María Félix entre las referencias que menciona de aquella etapa. Grabó su versión en casa y se la envió a una chica con la que estaba como una carta de amor.

Para Caniza, la canción ofrece un descanso y un momento de ternura dentro de ese recorrido emocional.

“En otro lugar” venía de una etapa mucho más antigua. Recuerda una versión del 2017 y, al escucharla, reconoce una voz distinta a la actual. La canción cambió de tonalidad y dejó atrás algunos arreglos, entre ellos unas cuerdas que había probado. Volver a ese demo también le permite medir el tiempo transcurrido entre quien empezó a cantarla y quien finalmente la llevó a Rubicón.

La memoria del barrio aparece con otra fuerza en “Policía”. Caniza vincula su origen con situaciones de violencia que vivió durante la infancia y la adolescencia en Laprida. Recuerda a agentes del GEOP que los corrían, les apuntaban o les pegaban cuando estaban en la vereda con amigos. También cuenta una ocasión en la que fue golpeado siendo menor de edad, mientras caminaba con un amigo que llevaba aerosoles para hacer un cuadro en la casa.

A esas experiencias se sumaron hechos que veía en Comodoro y en la Patagonia, y menciona el caso de Iván Torres entre las historias que estuvieron presentes mientras terminaba de darle forma a la canción.

Durante el show en Konex, ese vínculo volvió de una manera inesperada. Mientras tocaban “Policía”, la comodorense Macarena Sol Ibáñez, integrante del Club Federal Pirata, un colectivo de La Plata, arrojó al escenario un fanzine con la imagen de Iván Torres. Caniza todavía lo conserva y recuerda la impresión que le produjo encontrarse con esa cara al terminar de tocar.

“Me emocionó porque me pareció muy loco. Lo tiraron justo en el momento en que estábamos tocando ‘Policía’. Conecta completamente con eso”.

También observa que las canciones encuentran respuestas diferentes según el lugar donde las toca. En Buenos Aires, “Policía” es uno de los temas que escucha cantar con fuerza. Esa recepción forma parte de lo que considera al preparar cada repertorio y pensar cómo llevar el concierto hacia sus momentos de mayor intensidad.

El vínculo con Laprida tiene otro antecedente en “Pocho”, una canción del 2021 de su banda Juan y la Suya que sigue emocionándolo lejos de Comodoro. Recuerda personas que le piden camisetas del club y amigos de Buenos Aires que siguen sus partidos. El barrio entra en la vida de quienes lo escuchan a través de esa historia.

“Cantar todavía ‘Pocho’ en un lugar recóndito me sigue emocionando”. Entre sus recuerdos aparece una presentación de Juan y la Suya en Buenos Aires, con gente abrazándose y llorando mientras tocaban. Algunos le han dicho que la canción les despierta ganas de ser de Laprida, de sentir como alguien nacido en Comodoro.

Esa cercanía también aparece cuando alguien se acerca después de un recital para hablarle de sus propias tristezas. Caniza reconoce que cantar ciertas letras personales le da vergüenza, aunque encuentra una razón para hacerlo en esos encuentros.

“Después uno ve que el otro recibe eso y le gusta. Te terminás encontrando vos con alguien más, pero a la vez ese alguien también te encuentra a vos. Se arma algo lindo, te encontrás reflejado en otra persona”.

UNA ARMADURA PARA EL PERSONAJE

La tapa de Rubicón tomó forma a partir de una imagen que Caniza le describió a la artista comodorense Martina Acevedo. El músico tenía en mente una armadura, un personaje sentado y las marcas de las heridas. Acevedo llevó esas ideas a un boceto que terminaron de trabajar juntos. Un año después, Gaby sigue encontrando relaciones entre esa figura y las canciones del disco.

“Yo le dije muy específicamente lo que me imaginaba. Ella me mandó el boceto, lo armamos y quedó impecable. Cuando lo veo con el tiempo, me parece increíble esa tapa porque explica muy bien todo”.

El personaje entra en diálogo con el “rockstar retirado” que aparece en las letras. Caniza lo describe como un alter ego que le permitió llevar esas emociones al extremo. La armadura y el cuerpo herido reúnen parte de esa historia que fue construyendo mientras componía y producía el álbum. En ese personaje conviven la ambición, el desgaste y el llanto, rasgos que también reconoce al mirar la portada.

Con el tiempo advirtió otra conexión. La figura estaba sentada, igual que él en las imágenes de Rock Bajo Independiente (2018) y Rock Bajo Independiente 2 (2018). Esa continuidad apareció después, cuando empezó a observar la ilustración dentro del conjunto de su obra. La postura volvía a enlazar el presente con aquellas primeras imágenes, ahora a través de un cuerpo lastimado.

“Yo estoy repasando mi vida, estoy repasando lo que no fui, ya lastimado, ya muerto. Es como volver a nacer y volver a arrancar”.

El nombre del álbum también estuvo presente en las conversaciones sobre la tapa. Caniza recuerda que pidió una armadura romana y un personaje apuñalado, siguiendo las asociaciones que hacía con Julio César. Esas referencias se fueron cruzando con la historia del músico que había imaginado para las canciones y con la idea de atravesar un punto decisivo en su propio recorrido.

Durante la producción, esas relaciones ocupaban buena parte de sus pensamientos. “Estaba todos los días craneando este disco. No paraba un día de pensar en él porque estábamos laburando muy en serio. Sentía que realmente era importante lo que quería decir”.

La ilustración terminó reuniendo esas búsquedas y abrió otras lecturas para el propio Caniza. Al volver sobre ella, encuentra su carrera artística dentro de la imagen, desde la postura de los primeros discos hasta las heridas de ese personaje. La idea de empezar otra vez, que reconoce en la portada, también aparece cuando habla de las experiencias que llegaron con Rubicón.

LOS MUSICOS QUE LLEVAN LAS CANCIONES AL ESCENARIO

Al hablar de los músicos que lo acompañan, Caniza vuelve sobre los años compartidos, la disponibilidad para estar y la confianza que se construye tocando juntos. Alejandro “Ale” Fras, Juan Roldán y Guillermo Ponce tienen historias diferentes dentro de ese recorrido. Gonzalo Pereira también participa de la formación y de las decisiones que permiten llevar el disco al vivo.

De Fras destaca la manera de involucrarse y estar presente cuando hace falta. “Es un personaje máximo que adoro. Siempre está al pie del cañón para cualquier cosa”. Lo considera el mejor guitarrista de la ciudad, una valoración que expresa desde la admiración y el afecto por alguien con quien puede sostener esa búsqueda musical.

La confianza en sus compañeros también aparece cuando tiene que acompañarlos ante un desafío. Caniza recuerda haberles enviado un audio antes de viajar a Buenos Aires para decirles que, para él, eran los mejores músicos de Comodoro. Valora la preparación, el conocimiento del proyecto y la capacidad de responder cuando algo se complica.

Foto: @caritobazaes

“Están más preparados con esa experiencia que solamente te la da tocar”. Resolver una dificultad en medio de un concierto, mantener la concentración y ayudar a que la banda siga son cualidades que fue aprendiendo a apreciar con los años.

Con Juan Roldán, el vínculo comienza en el jardín de infantes. Compartieron la infancia, Juan y la Suya y distintas etapas musicales que volvieron a reunirlos. “Juan me acompaña desde siempre. Toca conmigo desde que tengo memoria”. Al recordar aquellos primeros ensayos aparecen tardes en las que se quedaban tomando el té, una imagen que le provoca gracia por la distancia con lo que algunos imaginaban al verlos sobre el escenario.

Foto: @caritobazaes

Hoy encuentra una cercanía distinta con su bajista. Durante la charla recuerda que la noche anterior a la entrevista realizada por El Patagónico Roldán había sido el último en irse de su casa y que se habían quedado hablando de la vida. “Tenemos una linda relación ahora, que nunca nos habíamos encontrado de esa manera”.

Ese encuentro también abrió un trabajo nuevo. Caniza está ayudándolo a grabar y producir su propio disco, utilizando los conocimientos y las herramientas con los que hace sus demos. Se entusiasma al hablar de las canciones de Juan y lo describe como un compositor creativo, de perfil bajo, que tiene mucho para mostrar.

Caniza también quiere acompañarlo en la preparación del lanzamiento, con lo que aprendió sobre cómo comunicar un disco y organizar lo que sucede alrededor de su publicación.

En la batería, Luciano Simos, “el Tanque”, dejó una marca que Gaby reconoce con admiración. Lo considera un músico fuera de serie y recuerda que esa misma impresión apareció en Fermín Ugarte cuando lo escuchó tocar. Su mudanza a Buenos Aires abrió la búsqueda de alguien que pudiera incorporarse al trabajo cotidiano de la banda.

Guillermo Ponce, “Chule”, apareció en una conversación con Pereira. Caniza y Ponce ya eran amigos desde antes de VACUA (Voy a Cabecear Un Auto) y habían compartido primeros ensayos, una canción y grabaciones de demos. Volver a tocar juntos era una posibilidad que seguía pendiente.

Cuando Pereira le escribió para invitarlo, Ponce quiso asegurarse de que la propuesta fuera en serio y pidió hablar con Gaby. La respuesta terminó de poner en marcha el encuentro. Caniza destaca la energía con la que llegó y la constancia que traía de su experiencia en VACUA, una banda que recuerda por la intensidad de sus ensayos.

La incorporación también exigió encontrar una dinámica común. Caniza tiene una manera propia de conducir el trabajo y necesita que los músicos conozcan las canciones, pero también que entiendan el sonido que busca. En ese intercambio, cada uno aporta desde su instrumento y desde la experiencia que lleva al grupo.

El lugar de Pereira atraviesa esas conversaciones. Caniza lo consulta primero cuando aparece una decisión importante porque conoce el disco desde su construcción y entiende sus posibilidades. Esa mirada convive con los aportes de Fras, Roldán y Ponce, que van haciendo suyo el repertorio al tocarlo.

“Es mío, pero a la vez es de ellos también, porque son parte fuerte de lo que sucede”, dice Caniza. En esa pertenencia compartida encuentra una de las razones para seguir trabajando con sus compañeros. Las canciones llevan su nombre y se transforman con lo que cada músico pone en ellas.

UN AÑO QUE TODAVIA SORPRENDE

La presentación de Rubicón en Buenos Aires empezó a organizarse en un lugar pequeño. Caniza lo había reservado y pagado, y estaba por sacar los pasajes cuando Fermín Ugarte le propuso llevar el disco a Strummer Bar. Ya había compartido el álbum y quería ayudarlo a producir el concierto. Para Gaby, que conocía el lugar y las bandas que pasaban por su escenario, la posibilidad parecía demasiado grande.

“Yo no me animaba a tocar en un lugar grande”. Hasta entonces estaba preparando una fecha autogestiva con una amiga. Fermín insistió, hizo las gestiones y, después de unos días, consiguió la confirmación. Caniza mantenía una idea para esa presentación, tocar con su banda y descubrir hasta dónde podían llegar las canciones por su propia convocatoria.

Foto: @charlieriobueno Gaby Caniza junto a El Nota y Maze con quién compartió fecha en Konex.

Mientras avanzaba la venta de entradas, seguía preguntándose de dónde salía tanta gente dispuesta a escucharlos. Fermín le anticipaba que iban a llenar. Él lo escuchaba con incredulidad, hasta que la respuesta del público terminó por superar sus expectativas. Hubo personas que quedaron afuera y otras que después le escribieron porque habían llegado tarde a comprar.

“Yo pensaba que no llenaba. Entonces nos tomó por sorpresa. Nos dimos cuenta de que era nuestra, que era justo lo que quería ver”.

Desde el escenario, Gaby escuchó volver sus canciones en voces que las habían incorporado a sus propias vidas, a unos 1.800 kilómetros de Comodoro.

Para llegar a esa noche también había atravesado una preparación personal. Venía de un momento inestable y cuenta que necesitó ordenar distintas áreas de su vida. Salía a correr, hacía ejercicio y había trabajado sus problemas en terapia. Relaciona ese proceso con la concentración que pudo sostener antes de tocar, mientras el lugar se llenaba y el murmullo del público crecía.

“Viene Fermín y me pregunta si estoy para tocar. Yo estaba parado, mirando. Me giré medio riéndome y le dije ‘estoy concentrado. Prendeme la música y salgo a tocar’”.

En julio llegó Konex. El escenario exigió otra preparación. La distancia entre los músicos era mayor y hubo que revisar los volúmenes, la manera de escucharse y el lugar de cada instrumento. Las conversaciones técnicas también incluían acompañar los nervios y transmitir seguridad cuando aparecía alguna dificultad.

“Las charlas técnicas que tuvimos para los dos shows fueron diferentes”. Durante Konex, cuando advirtió un problema con la escucha de las pistas y tuvo una charla tranquilizadora. La experiencia de tocar juntos también se construía en esas resoluciones sobre la marcha.

Caniza recuerda haber subido al escenario comiendo papitas. Tocar era un espacio conocido, incluso dentro de una presentación cuya dimensión seguía sorprendiéndolo. La respuesta del público, las canciones cantadas y la posibilidad de compartir esa noche con sus compañeros quedaron entre los recuerdos más fuertes del año.

Al bajar del escenario aparecía otra parte de la experiencia. Estaban los amigos que vivían allá y quienes habían sacado pasajes para acompañarlos, aun sin integrar la banda. Algunos compartían alojamiento, otros ayudaban a conseguir fechas o se sumaban a las salidas. Caniza recuerda el abrazo con Maxi Lincopil después de Konex y la alegría de encontrarse con gente de Comodoro en medio de todo lo que estaba pasando.

“Ver que tus amigos se ponen contentos por eso es terrible”. Describe las giras como una especie de viaje de egresados que se renueva, con historias diferentes cada vez. “Todos los viajes son distintos, todas las giras son distintas. Lo divertido es eso”.

El aniversario devuelve ese recorrido al Sótano Pub. El 16 de octubre la banda tocará Rubicón completo dentro de un repertorio de más de veinte canciones. También habrá temas de otras etapas de Caniza y de Juan y la suya. En los ensayos, la lista ya ocupa una pizarra que, según bromea, parece una tabla periódica.