García: “no le tengo miedo a la delincuencia”
Roberto García llegó a la extensión del barrio 30 de Octubre a ocupar un terreno porque dice que la soga le apretó el cuello y no tenía dinero para alquilar ni para comer. Hoy es referente de esa informal barriada y encabeza el combate contra la inseguridad en el sector. Lideró la defensa vecinal contra el avance de un grupo de las 1008 Viviendas que en 2011 le arrebataba las casas a los habitantes del asentamiento bajo amenazas y fuego. En setiembre del año pasado se enfrentó a saqueadores en medio del revuelo por la violación y asesinato de Yasmín Chacoma. El lunes apuñaló a un ladrón que intentó asaltar su almacén y que lo hirió en una pierna de dos tiros.
Roberto García tiene 64 años y es el referente de la extensión del barrio 30 de Octubre. Nació en Las Heras, Santa Cruz. Es padre de tres varones y dos mujeres. El lunes 24 de marzo mientras se conmemoraba el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, sobre las 20:30 salvó de las balas a su nieta de dos años, que lo acompañaba en el almacén que atiende en su precaria vivienda.
Es que dos delincuentes entraron a asaltarlo. Le pegaron dos tiros en la pierna izquierda cuando cubrió a la pequeña. Luego cuando uno de los ladrones intentaba apoderarse de la recaudación, él lo apuñaló.
Los ladrones escaparon. En el interior del negocio sólo quedaron los daños y el miedo de sus familiares.
García fue llevado al Hospital Regional y allí en la camilla de al lado reconoció al ladrón que él había herido. Tenía las mismas zapatillas y campera. La policía sólo lo identificó, pero no fue detenido ya que la Fiscalía no reunía los elementos necesarios para hacerlo.
Roberto supo trabajar en comercios, fue repartidor de una empresa de construcción y chofer de una empresa de transportes. También fue empleado en una empresa de seguridad. Quizás buscar el mango y sus convicciones por la seguridad, se mezclaron siempre para enfrentar a los ladrones. No permite que le lleven lo suyo. Los enfrenta y dice que no les tiene miedo.
Llegó a la extensión del 30 de Octubre tras ocupar un terreno en ese mal llamado “barrio de los Paraguayos”. Asegura que lo hizo por necesidad, que no tenía para pagar el alquiler y los servicios en una pequeña vivienda de Rada Tilly donde vivía. Si pagaba la luz y el gas, y el alquiler, no tenía para comer. “Me apretó la soga”, señala.
Así, le pidió a dos amigos que le ayudaran a construir una pequeña vivienda en la extensión de las 1008, sobre el cerro y a metros de la cancha. Sin ningún tipo de servicios, a leña y velas, Roberto la supo remar. “Busqué un lugar para vivir y me instalé”, describe.
Cuando se empezó a poblar toda la barriada en el límite con la antena de Radio Nacional, García empezó a organizar a los vecinos. Su día empieza a las 7 y termina a la medianoche, además de realizar los trámites para pedir la electricidad, afirma que su preocupación fue siempre la seguridad.
García comenzó a ponerse al hombro el barrio en 2011, cuando un grupo violento de las 1008 Viviendas arrasó con las viviendas de los “ilegales”.    
Se hizo una “tregua” ridícula. Algunos ocupantes entregaban suscasas a los violentos para evitar robos y nuevas usurpaciones. Las intimidaciones siguieron a pesar de que la Infantería estaba apostada las 24 horas en el lugar.
Dicen que muchos de los “invasores” eran punteros políticos. Lo cierto es que Roberto y los más decididos de “los ilegales” salieron a la calle y defendieron lo suyo. Se reunieron con referentes políticos del todavía gobierno dasnevista y hasta con los jefes policiales de turno.

DEFENDER
Dos años más tarde, en 2013, Roberto volvió a la escena pública. Fue en medio de un hecho lamentable. El lunes 16 de setiembre del 2013, Yasmín Chacoma, la niña de tan solo 11 años que había desaparecido dos días antes fue encontrada estrangulada y violada cerca de la cancha del 30 de Octubre. Todos los violentos de las 1008 volvieron a apuntar contra “los paraguayos” a los que tildaron de “violines”. Y de esa manera, subieron desde los edificios a la cancha, y en el medio arrasaron con la extensión. Rompieron casas y le quisieron saquear la vivienda a García.
Este los frenó, los enfrentó. Lo golpearon salvajemente, pero no abandonó a los suyos. La policía incluso lo quiso llevar preso, en medio del enfrentamiento, pero un comisario lo conoció y dijo que lo soltaran.
Recién este año se supo que el asesino no estaba allí, y que se trataba de un violador con antecedentes que incluso había “parado” en las 1008. Había sido otro intento de avanzar contra “los ilegales”. Aquellos creían que los habitantes de ese sector no tenían derecho ni a reclamar seguridad. “Nosotros estamos excluidos”, cuestiona.
Roberto García, siguió juntando a los vecinos. Siguió reclamando electricidad, agua, y servicios para la barriada. Que se avance con las mensuras y por ende en las habilitaciones de los kioscos y almacenes.
“Se hacen quioscos para no bajar hasta la Chile y sufrir robos”, argumenta.
Este año conformó un grupo de seis personas que trabajan por la seguridad y resguardan el barrio ante la delincuencia.
“La guardia barrial” está atenta a cada junta en las esquinas que cometa delitos. “Si alguno anda robando o molestando, junto 10 o 20 vecinos y los corremos hasta que los sacamos del barrio. Ponemos la cara. No hay que tenerles miedo”, afirma García.
Con los servicios hasta el momento dice que no tuvieron la respuesta adecuada por parte del Ejecutivo municipal. Aunque logró con los pedidos, que el sistema de recolección de residuos ingrese al barrio.
Reniega de determinados políticos que no caminan el lugar, aunque reconoce que en los últimos dos gobiernos tuvo acompañamiento de representantes políticos. Y festeja la ayuda que le da la policía de las seccionales Quinta y Tercera, en busca de frenar los robos en las paradas de colectivos. Aunque al barrio le falta iluminación para reforzar la tarea preventiva.
“Acá somos 400 familias, y son trabajadores, no se roba, es un barrio tranquilo. Y por eso lucho, para que tengamos seguridad”. Incluso entre los vecinos denunciaron a un domicilio del barrio en el que había mujeres prostituyéndose y en donde se vendían drogas, comenta.
Sus hijas le han pedido en más de una oportunidad que se aparte de la lucha contra la delincuencia en esa zona, pero García dice que es necesario que siga haciéndolo. “No le tengo miedo a la delincuencia”, reitera.