El cielo se desploma y el agua, que siempre falta en la ciudad, está por todos lados, tanto que genera problemas, inunda casas, destroza calles, cierra avenidas y genera cientos de evacuados.
La situación ya es bastante grave y dramática pero, lamentablemente para algunos no alcanza y entonces comienzan a hacer su juego con cadenas falsas por redes sociales en las que hablan de muertes que no existieron, de inexistentes desplomes de techos de lugares públicos, de cortes de energía programados que jamás se programaron y hasta de agua contaminada.
Los que reciben esos mensajes, algunos de audio con voces serias de quienes fingen preocupación, los difunden, los suben a sus grupos, a sus contactos y hacen que la psicosis se instale y que la mentira gane más espacio que la verdad y la realidad, esa que está a la vista y que –se insiste- ya bastante dura es.
Algunos hablan de mezquinos juegos políticos, que empiezan los que graban el primer audio y lo ponen en circulación, otros de bromas de mal gusto. Lo cierto es que se trata de mentes retorcidas y que nadie en su sano juicio puede explicar qué logran y qué buscan.
El problema no está en quién alimenta esa cadena, en ese ingenuo (en el buen sentido de la palabra) que lo pasa y lo multiplica porque cree que con eso está ayudando. El problema está en quien lo genera y en quien, sabiendo que es falso, lo pasa, lo agiganta. El problema adquiere otros ribetes y lecturas, si quien hace esto último es periodista o se precia de tal.
Atraídos por esa cadena falsa, a la ciudad llegan periodistas de Buenos Aires que solo se embarran, si es preciso y solo cuando están al aire en vivo. Esos cronistas de la mezquindad, cuando descubren que no hay muertos, ya no pueden volver atrás y entonces tienen que agrandar –con su experiencia y cara dura- con lo que sea.
Los canales y medios porteños que no pueden o no quieren enviar otros periodistas tienen otro recurso y es tomar las imágenes del día anterior, cuando estalló el temporal, y reproducirlos a media mañana o tarde, cuando la situación sigue siendo grave pero las imágenes ya son otras. Y lo hacen sin aclarar nada porque lo que importa es ese minuto a minuto.
También recurren a los que siguen transmitiendo las cadenas falsas, de muertes que no se produjeron, de techos que no se desplomaron y de ríos que no existen en la ciudad pero que, aseguran, crecieron 5 metros.
Lo que se sigue sin entender es ¿qué ganan los que inventan estas muertes? Estamos ante una pregunta que, en una mente lógica y bien pensada, no tiene respuesta y que, en medio de tanto desastre natural, de tanto trabajo denodado y solidario, genera más bronca que los 100 milímetros de agua, que las casas destrozadas, que los autos arruinados y que las obras inconclusas o que no llegaron a tiempo.
