Guayanas, a las espaldas del continente
Desde que me jubilé dedico mi tiempo a cumplir el sueño de recorrer el mundo con una mochila al hombro, así un día llegue a las Guayanas, tres países con pasado colonial, francés, holandés e inglés, con descendientes de esclavos huidos y liberados mezclados con inmigrantes hindúes, laosianos, chinos, haitianos, dominicanos y brasileños.
Por: Ricardo P. González, jubilado como director de escuela agrotécnica y gran viajero.
Desde Oiapoque en la frontera brasileña con la Guyana Francesa
Desde Oiapoque en la frontera brasileña con la Guyana Francesa
, cruzo el rio en una canoa y me recibe la Unión Europea con su bandera, gendarmes, euros y precios franceses. Desde allí son 180 Km en un minibus hasta Cayena, con su Avenida General de Gaulle con pequeños comercios, con todos sus productos venidos desde Francia y la plaza de las palmeras. Se puede ir a las Islas de la Salud donde funcionaba la "cárcel de Papillón" y muy cerquita está el Centro Aeroespacial de Koure con un amplio calendario de lanzamiento de cohetes, en www.esa.com se reserva un lugar gratuito de observación.
Para irme de éste enclave colonial voy hasta St. Laurent du Maroni, el pueblo fronterizo con Surinam y cruzo el rio Marowijne, desde allí en un taxi colectivo compartido con seis pasajeros hablando en "sranan tongo" y a pura música reggae en menos de tres horas estoy en Paramaribo, con sus mansiones de madera pintadas de blanco y negro, calles con sus carteles identificatorios de nombres impronunciables, por ejemplo, en la esquina de Keizerstraat con la Zwartenhovenbrugstraat, está la gran mezquita lindando con la Sinagoga Neveh Shalom.
En la calle Herk Arronstraat se encuentra la iglesia católica St. Petrus Paulus, dicen, la más grande del mundo construida íntegramente en madera. El domingo por la mañana voy hasta la plaza de la independencia (la Onafhankellijkheidsplein) para ver la competencia de pájaros cantores, llegan los hombres con su twatwa (pájaro cantor) para admirar sus trinos.
Paramaribo una ciudad, segura, diferente, colonial y con buenos restaurantes, ofrece visitas a reservas naturales en la selva o en la playa, recorrer ríos para quedarnos en aldeas amerindias y maroons entre plantaciones de café y cacao
Desde Paramaribo sigo a la Guyana Inglesa en una combi, llegando a Georgetown que se encuentra a dos metros por debajo del nivel del mar con un sistema de canales; entre el cordón de la vereda y la calle hay un pequeño canal con agua que no corre y acumula residuos, nada lindo.
No es una ciudad que la sienta segura, su mayor construcción es la St George´s Cathedral, íntegramente en madera, con un órgano que suena impresionante. Cerca el edificio del Ayuntamiento, con su alta torre y un poquito más allá la moderna casa del Parlamento y a la vuelta, el mercado Stabroek en un edificio de hierro.
Continúo hacia Lethem en la frontera con Brasil cruzando a Bomfim donde hay conexión de bus a Manaos y a Venezuela. En unos diez días se puede recorrer tres países que viven a nuestras espaldas.
