Hace medio siglo la literatura se quedaba sin Hemingway

Su estilo breve y preciso, carente de adjetivos, ha sido elogiado por escritores tan diferentes como García Márquez, Raymond Carver y Adolfo Bioy Casares y Abelardo Castillo.

Buenos Aires (Télam)

El escritor estadounidense Ernest Hemingway, de cuya muerte hoy se cumplen 50 años, mejoró la prosa inglesa del siglo pasado e influyó en varios narradores latinoamericanos, entre ellos Adolfo Bioy Casares y el Nobel Gabriel García Márquez.
A Jorge Luis Borges no le gustaba Hemingway, pero en cambio Rodolfo Walsh --quien entrevistó al creador de “Adiós a las armas” en Cuba-- tenía su foto colgada de una pared de su casa del Tigre, según declaró en una oportunidad su hija Patricia.
Su estilo breve y preciso --carente de adjetivos-- ha sido elogiado por escritores tan diferentes como García Márquez, el estadounidense Raymond Carver y Adolfo Bioy Casares y Abelardo Castillo.
Nacido el 21 de julio de 1899 en Oak Park, Chicago, Hemingway se inició de joven en el periodismo como reportero del diario Toronto Start y luego se alistó como voluntario en la Primera Guerra Mundial, en la que fue conductor de ambulancias y resultó herido de gravedad.
En París conoció a Gertrude Stein y a sus compatriotas Ezra Pound, Francis Scout Fitzgerald, John Dos Passos y William Faulkner, con los que participó de la llamada “Generación perdida”, que vivió en esa ciudad y otras capitales europeas al finalizar la Primer Guerra Mundial.
Estos recuerdos de juventud quedaron reflejados en la novela “Fiesta”, “Adiós a las armas” y en su libro póstumo “París era una fiesta”.
El escritor --a quien sus amigos llamaban “Papá”-- participó en la Guerra Civil Española y la Segunda Guerra Mundial, de cuyas experiencias escribió varios cuentos y las novelas “Tener y no tener” y “Por quien doblan las campanas”.
También escribió “Muerte en la tarde”, en la que narra su experiencia con la tauromaquía, y la novela “Las verdes colinas de Africa” --recién reeditada por Sudamericana--, entre otras obras.

EL VIEJO Y EL MAR
En la década de 1950 se trasladó a La Habana, Cuba, donde escribió “El viejo y el mar”, en la que cuenta la lucha de un pescador por capturar a un pez espada, con el que obtuvo el prestigioso premio Pulitzer en 1953.
Su estilo crudo y descarnado puede apreciarse en dos cuentos que narran sus aventuras por el llamado continente negro: “Las nieves del Kilimanjaro” y “La vida feliz de Francis Macomber”.
“Hemingway hizo más para cambiar el estilo de la prosa inglesa que cualquier otro escritor del siglo XX, y por esos esfuerzos fue distinguido con el Premio Nobel de Literatura” en 1954, resalta la contratapa la edición inglesa de “Tener y no tener”, novela en la que narra las aventuras de un hombre que es forzado a meterse en el mundo del contrabando entre Key West (Florida) y Cuba.
En un artículo publicado a fines de julio de 1981, el colombiano García Márquez confesó que sus grandes maestros de la literatura eran dos novelistas estadounidenses: Faulkner y Hemingway.
El autor de “Cien años de soledad” señaló que había reconocido a Hemingway caminando con su esposa Mary Welsh por el Boulevard Saint Michel en París, durante un día lluvioso de primavera en 1957.
García Márquez, que por entonces tenía 28 años y que ya había ganado un premio literario en Colombia, gritó de una vereda a otra: “Maestro…”, a lo que Hemingway respondió en castellano, con una chillona voz: “Adiós, amigo”.
En su libro “El canon occidental”, el crítico estadounidense Harold Bloom señala que en las primeras décadas del siglo XX la novela romántica norteamericana “fue exaltada como género”, lo que contribuyó a que Faulkner, Hemingway y Fitzgerald se convirtieran durante esa época en “los escritores dominantes de la prosa de ficción”.
Bloom afirma: “Uno puede oír la voz de (el poeta Walt) Whitman en Hemingway, probablemente sin intención por parte de Hemingway, de una manera casi tan arrolladora como puede oírla en poetas que, por lo demás, nada tienen en común”.
Para Norman Mailer, autor de “Los desnudos y los muertos” y “Los tipos duros no bailan”, Hemingway “ocupa el centro mismo de la escritura norteamericana”.
“Sin importar lo serio o superficial que seas como lector, sientes con rapidez que estás en manos de alguien que escribe tan bien que tu inteligencia después está sintonizada ante los defectos en la mala escritura de los demás, y, peor, de la tuya”, dice el norteamericano en su libro “Un arte espectral, reflexiones sobre la escritura”.
En su celebrado “Diálogo con el maestro”, una especie de reportaje a sí mismo, Hemingway apunta: “La mayor parte de los escritores presentes no existen; su fama ha sido elaborada por los críticos, los cuales siempre necesitan un genio de temporada, alguien al que ellos comprendan perfectamente y les sea fácil formar juicio sobre la obra literaria de él”.
“Pero esos genios fabricados --prosigue en un artículo publicado en The Esquire en 1935-- dejan de existir para siempre en cuanto desaparecen. Todo escritor serio ha de emular a los desaparecidos que han dejado huella, para saber hasta dónde es capaz de llegar”.
Las mujeres, el boxeo, las carreras de caballos, el vino, la pesca, las corridas de toros, la caza de animales salvajes, la lucha del hombre contra la adversidad, son algunas de las estrellas que forman parte del vasto universo hemingweniano.
El 2 de julio de 1961, cuando tenía 62 años, Hemingway puso fin a su vida con un disparo de escopeta. Así se convirtió en mito uno de los más originales escritores del siglo XX.

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