Hay tres muertes que siguen sin esclarecerse

En los últimos 42 meses se produjeron en Comodoro Rivadavia tres muertes que la Justicia todavía no puede considerar de manera certera como homicidios, accidentes o suicidios. Son los casos de Simón Saiegg, Pedro Barría y José Cárdenas.

El oficial de Policía Simón Saiegg tenía 31 años cuando murió luego de agonizar seis días tras el accidente sufrido en extrañas circunstancias en una vivienda de Kilómetro 8. La versión oficial indica que se quemó como consecuencia de un accidente doméstico, pero tres años y medio después aún sus familiares descreen de la misma, sobre todo porque cuando el caso ocurrió estaba en compañía de su novia, hija de un –entonces- alto jefe policial.

El 14 de febrero de 2016 Saiegg, oriundo de Trelew, ingresó a terapia intensiva del Hospital Regional de Comodoro Rivadavia con graves quemaduras en el torso, cara y brazos. Falleció el 20 de ese mes. Se desempeñaba en la división Drogas Peligrosas.

Al cumplirse un año de la muerte, su hermana Ruth Saiegg exigía conocer “cómo Simón apareció con el 70 por ciento del cuerpo quemado”, mientras su hermano José –que sostenía que a Simón lo drogaron- se reunía con el gobernador Mario Das Neves, quien le prometió cambiar a la fiscal de la causa, Cecilia Codina, ya que la misma no había registrado ningún avance en la investigación.

Recién en diciembre de 2016 -diez meses después de lo ocurrido- se conformaba un equipo interdisciplinar para analizar los detalles.

Hasta el momento lo único que hay en la causa son “testimonios contradictorios” de las personas que estuvieron esa noche, a partir de una serie de “maniobras” de la familia de su pareja, María Luisa Santa Cruz, para que “esto quede como un accidente”, decía públicamente la hermana de Simón.

La versión de la pareja del oficial fue que “él estaba limpiando una parrilla, mientras yo estaba en la cocina”. En un momento, “se produjo una explosión”.

Pero el hermano de María Luisa dijo que antes de encontrar malherido al agente “escuchó una discusión” desde su habitación.

Después hay un testimonio del cuñado de María Luisa que complica aún un poco más la situación ya que “da distintas versiones de cómo habría sido el hecho”.

Ruth Saiegg aún es lapidaria: “siempre supimos que esto no fue accidente. La familia lo recuerda con mucho dolor, no sabemos cómo mataron a Simón. No queremos imaginar su sufrimiento porque las lesiones eran gravísimas y terminaron la con vida de él”.

MUERTO EN EL AUTO

Pedro Andrés Barría tenía 38 años y sufrió una herida de bala en el abdomen. Según la reconstrucción que logró efectuar la policía, había salido de su casa a bordo de su vehículo para dirigirse a la vivienda de sus padres, ubicada a unas cinco cuadras, en Granaderos y Las Orquídeas. En ese trayecto recibió un tiro en el estómago que le atravesó el torso y salió por el intercostal izquierdo.

En este caso, no hubo testimonios de personas que hayan observado un ataque o escuchado algún disparo. Barría residía en la calle 12 de Octubre 3.199, en la parte alta de La Floresta. Estaba separado desde hace tiempo y tenía un hijo de 19 años que vivía con su madre.

La víctima trabajó varios años en una pesquera y estaba desocupado. No tenía antecedentes penales y tampoco sus familiares recuerdan que haya tenido problemas con otras personas, según informaron a este diario fuentes vinculadas con la causa judicial.

De acuerdo a lo que reconstruyeron los efectivos de la Brigada de Investigaciones, el hombre salió de su domicilio alrededor de las 15:30 del sábado 10 de marzo de 2018 a bordo de su Chevrolet Corsa con dirección a la casa de sus padres, ubicada en Granaderos y Las Orquídeas. Se trata de un trayecto de unas cinco cuadras.

A las 16:20, es decir 40 minutos después de abandonar su vivienda, Barría fue herido. La bala le ingresó por la boca del estómago y salió por el intercostal izquierdo en forma ascendente, según los dos orificios que dejó el proyectil en el cuerpo.

Se presume que condujo herido hasta la casa de sus padres. Allí fue auxiliado por su madre y por un vecino que lo cargó en su auto particular y lo trasladó de urgencia hasta la guardia del Hospital Regional. Su vehículo quedó estacionado en el lugar y recién 24 horas después fue secuestrado por la policía.

Durante la tarde-noche de ese sábado, Barría fue intervenido quirúrgicamente y los médicos le entregaron la ropa ensangrentada a los familiares cuando tendría que haber quedado en resguardo de la policía como medida de prueba. Por esa razón, los efectivos de la Brigada de Investigaciones tuvieron que recurrir al domicilio de Granaderos para incautarlas.

Debido a las graves heridas que le afectaron distintos órganos vitales, Barría falleció a las 2:15 del domingo 11 de marzo de 2018. La fiscal del caso también fue Cecilia Codina y la causa se cerraría como muerte accidental; es decir que al propio Barría se le disparó el arma que llevaba consigo.

Muchas de las diligencias se cumplieron con retraso, como el secuestro del auto de Barría, como ya se señaló. Antes de solicitar su requisa, el mismo fue llevado desde la casa de sus padres hasta la de la víctima. Algún familiar o allegado condujo el coche y lo guardó en un garaje.

No obstante, los investigadores secuestraron el automotor en busca de pericias, entre ellas determinar si Barría fue baleado en el interior del vehículo y si existía alguna vaina de bala en el habitáculo como elemento de prueba.

VIOLENCIA DOMESTICA

El caso de José Pedro Cárdenas es más reciente, ya que ocurrió el 23 de julio último y aún el fiscal Héctor Iturrioz debe precisar si fue suicidio u homicidio, aunque sin las pericias técnicas él ya adelantó estar convencido de la primera hipótesis.

La víctima era un comerciante conocido por ser el dueño de la distribuidora de bebidas “Nelly” y fue hallado sin vida en su camioneta, frente a la casa de su expareja Daiana Pérez, sobre quien tenía prohibición de acercamiento. El cuerpo presentaba una herida punzocortante en el pecho, de unos 15 centímetros, que le dañó el corazón.

A las 22:30 de ese martes el Centro Monitoreo había recibido un llamado de alguien que solicitaba presencia policial en Los Nogales y La Pinta, barrio La Floresta. Quien se comunicó con la policía señalaba que Cárdenas estaba ocasionando disturbios en la casa de su expareja, Daiana Pérez, de 24 años. Cinco minutos después la mujer solicitó presencia policial. Resaltó que el hombre tenía una orden judicial de prohibición de acercamiento a ella.

Según los informes policiales, a las 22:41 arribó el móvil 891 de la Seccional Cuarta a cargo del cabo primero César Coronel y el agente Ariel Mansilla, quienes constataron que afuera del domicilio de La Pinta 3.005 se encontraba una Toyota Prado -dominio JPK 944- con Cárdenas en el interior, inconsciente y con una herida en el pecho.

Se solicitó la presencia de una ambulancia que arribó a las 23 con un médico de apellido Mujica a cargo, quien constató el fallecimiento de Cárdenas.

Según informaron las fuentes consultadas por El Patagónico, Daiana Pérez estaba en estado de shock cuando llegó la policía y pidió que Cárdenas se marchara. Aseguraba que se había lastimado frente a su puerta. Incluso habría llamado a las hijas de Cárdenas diciendo que él quería atentar contra su propia vida.

En un primer momento la Fiscalía dispuso la demora de Pérez mientras se determinaban las circunstancias. Estuvo privada de su libertad prácticamente las 12 horas reglamentarias que tiene el Código Procesal Penal del Chubut.

Con el correr de las horas, lo que parecía un homicidio comenzó a virar hacia la hipótesis del suicidio.

Según fuentes de la investigación, uno de los informes de un oficial ayudante de la Policía Científica daba cuenta de que la herida que tenía Cárdenas, de 15 centímetros de profundidad por 1,5 centímetro de ancho, presentaba un “retome”, característica de una autolesión.

La Policía Científica había secuestrado en el lugar un teléfono, un cuchillo de carnicero de seis centímetros de hoja (que la mujer declararía llevaba la víctima y se lo quitó su abuelo de 90 años), y un cuchillo tipo serrucho con manchas de sangre. Este último lo habría tomado el hombre al salir de la vivienda y sería el utilizado en la muerte.

En estos momentos se busca comprobar la existencia de ADN en su mango y si el mismo corresponde a una o más personas.

El testimonio de la mujer antes de ser demorada sostiene que Cárdenas se autolesionó frente a ella, en la puerta de la vivienda, y que luego caminó hasta el vehículo en donde se sentó para dejar este mundo.

Noelia Cárdenas, hija del fallecido, reclama desde entonces que se determinen las circunstancias de la muerte. Por su forma de ser, no cree que su padre se haya quitado la vida, algo que tampoco consideran sus amigos.

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