Hubo más réplicas en Perú y es caótica la ayuda humanitaria

La distribución de ayuda humanitaria en la ciudad de Pisco, centro del sismo que conmovió a todo Perú, es caótica y pese a que la comunidad internacional envió toneladas de insumos, no siempre llegan a la población afectada.

Pisco (Télam)
Por su parte, un nuevo temblor de 4 grados de magnitud en la escala abierta de Richter se registró ayer en la provincia de Ilo, en la sureña región de Moquegua, sin provocar daños personales ni materiales, informó el Instituto Geofísico del Perú (IGP).
El movimiento telúrico, que se registró a las 6:55 (hora Argentina), tuvo como epicentro 30 kilómetros al noroeste de Ilo, unos 870 kilómetros al sur de la zona del desastre del sismo que el miércoles pasado causó más de 500 muertos y más de un millar de heridos.
El movimiento telúrico fue la réplica número 458 desde el temblor de 7,9 grados en la escala Richter que destruyó la ciudad de Pisco y causó estragos en Cañete, Chincha e Ica, según informó Ansa.
En tanto, alertada por la radio y los medios de comunicación locales, la gente sabe que a diario llegan a Pisco aviones con agua, comida y medicamentos y le exige a las autoridades que organice mejor la distribución, para que llegue a todos.
«Escuché que Europa mandó un montón de euros, ¿dónde están?», preguntó una mujer, mientras hacía la hilera para recibir la ración de arroz diaria en la Plaza de Armas y volver a pedir, como en los últimos cuatro días, que le den una tienda de campaña y frazadas para los hijos, que duermen a la intemperie.
El gobierno peruano estableció un sistema de padrones para que la gente retire los alimentos de las nueve postas que hay en el centro de la ciudad y sus alrededores y evitar así que algunos reciban mucho y otros, nada.
Sin embargo, no todos los puntos de distribución reciben mercadería y en la misma cantidad y no todas las personas están empadronadas, de manera que el sistema resulta poco efectivo para organizar la situación.

REPLICAS
A medida que pasan los días y se suceden las réplicas -el domingo toda la ciudad volvió a estremecerse con un temblor que alcanzó los 5 puntos de intensidad-, son más las familias que abandonan los escombros sobre los que dormían los primeros días e improvisan campamentos en lugares abiertos o se mudan a los campos para damnificados.
Pero la entrada a los campos es complicada: el ejército tiene como referencia estos puntos donde deja alimentos para varios días y la gente que ya está establecida en ellos, no quiere recibir más personas porque dicen que las raciones no alcanzan para todos.
La situación genera enfrentamientos entre unos y otros: hay mucha gente que se rehúsa a dejar su casa, aunque esté derrumbada, y dice que no recibe ningún tipo de ayuda.
Las necesidades son muchas: la mayoría de las familias duerme a la intemperie o en carpas que improvisó con palos y sábanas porque no recibió ninguna de las tiendas de campaña que llegan en los aviones humanitarios y pasan hambre y sed.
Hombres y mujeres se apostaron a la vera del camino que une la base aeronáutica -centro de acopio de las donaciones- y la ciudad de Pisco, por donde pasan los camiones militares que transportan los insumos, con carteles en los que piden agua y hacen señas con las manos cada vez que ven pasar un vehiculo.
En medio del caos, varias agrupaciones civiles, internacionales y de Perú, empezaron a distribuir la ayuda por su cuenta, lo que vuelve aún más desordenada la situación.
Apenas ve que alguien reparte alimentos, la gente se abalanza sobre los vehículos y se suscitan peleas para obtener algo de lo que se está ofreciendo.
Según los medios periodísticos locales, que el domingo se hicieron eco de esta dramática situación, empresas de transporte y logística privadas colaborarán en la distribución de los alimentos.

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