Hubo que improvisar precarios puentes

El Patagónico publicó una nota el 26 de abril del año pasado que daba cuenta de que los vecinos del barrio Moure habían dado forma a dos puentes para cruzar una grieta de 10 metros de ancho por 2 de profundidad, que se generó por el temporal.

En ese entonces los habitantes del sector criticaron al municipio por la falta de asistencia teniendo en cuenta que los niños debían cruzar esa grieta para ir a clases, mientras los más grandes lo hacían para llegar hasta la parada del colectivo.

Casi un año después la situación es peor y se volvió desesperante para los vecinos. Es que la grieta se incrementó por el caudal de desechos cloacales que pasan por la zona y ha generado que los vecinos deban construir otros siete puentes más para poder cruzar de un lado al otro de la calle Marcelo Berbel.

"Hace un año que salgo de mi casa y cruzo el puente; otra cosa no puedo hacer”, explica Marcelo, uno de los vecinos que vive en la zona y cuya casa está prácticamente al borde del derrumbe por la grieta que se generó y que cada vez crece más.

Los puentes también sirven para que los niños puedan llegar a una de las canchas que hay en la zona y puedan jugar durante la tarde sabiendo las consecuencias que eso significa.

"Vos nos podes tener a tu hijo encerrado todos los días. Entonces pusimos tablas y armamos un puente. El tema es que muchos se caen o no aguantan el olor”, describe Alejandra.

“Tampoco pueden dar toda la vuelta porque ya ha pasado que fueron mordidos por los perros que hay del otro lado. Hay veces en que no se aguanta más. Ellos lloran porque no pueden jugar o se les cae una pelota en la cloaca, pero ¿qué podes hacer? ¿Qué les podes decir? Yo no lo puedo atar a mi hijo porque unos tipos se mandaron un ‘moco’ y no lo quieren arreglar”, cuestiona la vecina.

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