Indignación en Caleta por la falta de servicios

El de ayer fue uno de los días más duros para los casi 70 mil habitantes de esta ciudad. Es que a la falta de agua potable por la rotura del principal acueducto que se abastece en el lago Musters se le sumó la imposibilidad de contar con reservas que aportan los acuíferos de las mesetas debido a fallas en el sistema eléctrico que accionan las bombas.

Caleta Olivia (agencia)

La bronca, indignación e impotencia de la comunidad se reflejó a media tarde cuando varias decenas de vecinos se concentraron en la plazoleta del Gorosito con pancartas y bidones vacíos, reproduciéndose una escena de principios de 2012, en plena temporada de calor, cuando otra sucesión de averías en el principal acueducto hizo que el intendente José Córdoba decretara la “emergencia hídrica”, en tanto los concejales procuraron darle un calificativo más adecuado como si ello pudiera aliviar la angustia de la población.
Pero por estos ventosos y gélidos días, el panorama es mucho más complicado ya que los problemas de suministro comenzaron el miércoles de la semana pasada y se agravaron el domingo cuando volvió a romperse otro caño distante a pocos metros del que se había cambiado el día anterior en campos de la estancia El Mangrullo, exactamente 27 kilómetros al norte de Caleta Olivia.
El jefe comunal volvió a desempolvar el decreto de emergencia hídrica, pero para la gente esta normativa solo le representó una formalidad, a sabiendas de que no se solucionarían los problemas.
De hecho, el problema se agravó porque las bombas que impulsan el agua que se capta en los acuíferos de mesetas, a más de 20 kilómetros al oeste de esta ciudad, dejaron de funcionar el mismo domingo.
Ello se debió a que, según señalaron voceros de la empresa Servicios Púbicos, el temporal de viento que se registró el sábado dañó una línea de energía de media tensión que alimenta las bombas de impulsión.
Así las cosas, fue imposible -al menos hasta media tarde de ayer- contar esa alternativa en el cargadero que utilizan los camiones cisternas particulares, ubicados en el barrio Unión.
Por ese mismo lugar también desfilaron desde el viernes más de 800 vecinos para que personal de la Dirección de Protección Civil los anotara en lista de espera de distribución.
El organismo municipal se ocupó de difundir un comunicado de prensa señalando que el suministro a  través de camiones cisterna iba a ser gratuito, a razón de mil litros por persona, por imperio de la emergencia hídrica. Por ello advirtió que “ante alguna situación de cobro, la misma deberá ser denunciada ante esta Dirección General”.
De hecho, hubo generalizados comentarios de que algunos camioneros particulares habían tratado de cobrar los mil litros a razón de 200 pesos como mínimo, pero fue hasta el sábado ya que ayer -al menos hasta avanzada la tarde- ni siquiera ellos podían aprovisionarse en el citado cargadero.
Además, trascendió que algunas familias se agruparon para pagar agua que un grupo de camioneros habría comenzado a traer desde Pico Truncado.

SITUACIONES
DESESPERANTES
En tanto, las clases en escuelas públicas y privadas siguen suspendidas al menos hasta el jueves y tampoco hay actividad en casi todas las reparticiones municipales, al tiempo que se clausuraron los baños de la Terminal de Omnibus y de casi todas las estaciones de servicio.
La desesperación hizo que mucha gente fuera con bidones hasta Cañadón Seco para solicitar agua a vecinos de esa localidad, pero también se dieron casos de personas que apelaron al mar, al menos para limpiar sus sanitarios.
Por otro lado, en un intento de atenuar la emergencia el municipio volvió a pedir colaboración al Ejército y por ello se esperaba ayer el arribo de integrantes del Batallón de Ingenieros 9 que tiene asiento en Río Mayo.
Los mismos llegarían con dos plantas purificadoras para accionarlas en estanques de estancias próximas y posteriormente, con camiones propios, abastecerían a los sectores considerados más críticos.
En tanto, la población esperaba anoche un comunicado de Servicios Públicos que confirmara que ya se había reparado la última rotura del acueducto troncal, para luego esperar el lapso que demandará el llenado de las principales cisternas antes de normalizarse la distribución.
Pero por sobre todas las cosas, virtualmente imploraba que no volviera a dañarse otro eslabón del deteriorado conducto construido hace solo 12 años.

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