Investigan una red de trata que operaba en páginas de sexo virtual

La PSA realizó una decena de operativos en todo el país, en donde detuvo a 17 personas. Hay 10 acusados de ser parte de la banda.

La oferta era tentadora. Ganar en dólares por unas horas de trabajo frente a una cámara haciendo contenidos. Si eran sexuales, mejor. Pero todo se transformó en una pesadilla. Según revelaron a Infobae fuentes judiciales, tres de las jóvenes que trabajaban ahí se presentaron como víctimas en la Justicia: relataron cómo eran forzadas a subir cada vez más el tono de esas producciones, aún en contra de su voluntad; cómo les retenían el dinero que generaban y cómo las obligaban a estar durante todo el día con consoladores manejados electrónicamente que las lastimaban. De acuerdo a esos testimonios, una de ellas llegó a ser penetrada en vivo por sus compañeras y otra transitó un aborto en vivo y el material fue registrado para comercializarlo en la dark web.

La investigación, que comenzó hace tres años, derivó en una veintena de operativos que realizó la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) en distintos puntos de la Capital Federal, Gran Buenos Aires y Rosario, donde se detuvo a 17 personas. Diez de ellas permanecen tras las rejas, sospechadas de haber integrado una organización dedicada a captar, trasladar y acoger personas, en su mayoría mujeres de nacionalidad argentina, colombiana y venezolana, con el fin de explotarlas sexualmente a través de la producción de fotografías y transmisiones en vivo -vía streaming-.

La causa se inició con la denuncia de una ONG ante la Procuraduría de Trata y Explotación de Personas (PROTEX), y está cargo del juez Sebastián Casanello y la fiscalía federal 1, con la intervención de la secretaria Juliana Márquez. El foco estuvo puesto en un estudio fotográfico “Argentina Studio”, de la calle Bolívar y Estados Unidos. Pero la investigación determinó que lo mismo ocurría en hoteles y viviendas de la avenida Cabildo al 3000, San Juan al 1200, Piedras al 500, México al 600 o Güemes al 3600. También en la calle Montevideo de la ciudad de Rosario.

Las chicas llegaban hasta allí a través de anuncios en páginas web o redes sociales. Se veían estudios fotográficos donde les ofrecían la oportunidad de entrar a la industria del modelaje web cam. Les prometían capacitaciones y la infraestructura: equipamiento de alta tecnología, soporte técnico, monitoreo, asesoramiento e instalaciones acondicionadas a fin de generar contenido audiovisual que se transmitiría online “en el marco de un espacio legal y profesional”.

A cambio, prometían que cada una tenía garantizada una ganancia mínima inicial de entre 300 y 1000 dólares estadounidenses a pagarse en forma quincenal. Todo, en negro.

Según la investigación, en una primera etapa, las presuntas víctimas eran tratadas con amabilidad. Todo funcionaba de acuerdo a lo pautado. Pero con el paso del tiempo, las condiciones reales cambiaron: violencia, amenazas, intimidaciones y aprovechamiento.

Las obligaban a comprarse lencería y consoladores que eran manejados remotamente por el cliente, y que a muchas les generaron daños físicos. Regía un sistema de multas y endeudamiento en donde nunca se llevaban lo que les habían prometido. Las penalidades eran en dólares por llegar tarde, faltar, demorarse en el baño, oponerse a la realización de producciones de fotos e incluso pedir cortar para comer. Les advertían que no habían logrado generar ganancias suficientes.

Entonces, les exigían trabajar más horas y realizar actos sexuales cada vez más “explícitos y extremos” en contra de su voluntad, tanto durante las transmisiones en vivo como en las sesiones fotográficas. Les advertían que no habían logrado generar ganancias suficientes.

Cuando anunciaban que se irían, la amenaza era difundir ante sus familiares el material que habían generado. Al haberlas entrevistado, conocían las debilidades emocionales. La mayoría eran madres jóvenes, cuyos parientes no sabían dónde trabajaban. Si eso no alcanzaba, les recordaban que sabían dónde vivía cada una e, incluso, las amenazaban con hacerles daño a sus familiares.

Fuente: Infobae

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