En el noroeste de Europa, en un área de 103.000 km2, se encuentra Islandia, un país que está revolucionando el turismo con sus paisajes y su diversidad. El lugar tiene una larga historia como pueblo, pero corta como república. La isla fue descubierta en el siglo IX, siendo una colonia noruega hasta 1262 cuando quedó en poder de Dinamarca. El país que lleva el nombre homónimo a la isla que ocupa, declaró su independencia el 11 de diciembre de 1918. Sin embargo, recién el 17 de junio de 1944 fue reconocida como una república libre.
En la actualidad su territorio se compone de la isla principal y otros pequeños islotes en el océano Atlántico, próximos a Groenlandia. Para llegar el turista suele arribar a Dinamarca, y de ahí iniciar una travesía que se puede extender desde una semana hasta varios meses.
Los operadores turísticos afirman que un tour ideal puede durar cinco días, recorriendo gran parte de la isla y conociendo su diversa geografía que combina volcanes, acantilados, cascadas y cráteres.
El Aeropuerto Internacional de Reikiavik (La Bahía del humo), la capital del país, es la puerta de entrada a este paraíso. Allí llegan miles de turistas cada año, quienes están dispuestos a sumergirse en esta aventura. Desde Argentina no es necesario utilizar visa, en virtud, que se puede ingresar con pasaporte. Sin embargo viajar allí, ida y vuelta, ronda los 60 mil pesos, lo que lo convierte en un caro destino.
EL CENTRO TURISTICO
Reikiavik es dinámica y divertida para conocer a pie con sus calles planas y anchas llenas de vida. Se destaca por su increíble vida nocturna y sus restaurantes. También por su cultura sin humo y sin crimen, y por sus galerías de arte y museos únicos en el mundo.
Esta ciudad es el centro de actividad cultural, política y económica de Islandia. Un lugar tranquilo y agradable, sin monumentos antiguos que preservar; de espacios abiertos y con la naturaleza al alcance de la mano. Es la base del turismo por excelencia.
En la capital uno de los lugares que más visitantes atrae es la Laguna Azul (Blue Lagoon), un balneario termal que se encuentra en el campo de lava más reciente del país, a unos 39 kilómetros de Reikiavik. Su intenso color azul, totalmente natural, es su principal característica. Además de sus columnas de humo y los chorros de vapor que ambientan el paisaje.
El lugar fue descubierto de forma casual a finales de los años 70 y rápidamente fue reconocido por las propiedades medicinales que se descubrieron en sus aguas, recomendadas para curar varias enfermedades y mejorar otras tantas como por ejemplo la psoriasis.
De esta forma, Blue Lagoon es el lugar perfecto para desconectarse del mundo, con temperaturas del lago que rodean los 37ºC, por lo que se puede utilizar tanto en invierno como en verano, lo que sorprende a muchos.
Es que en el mundo se cree que las aguas de Islandia son frías. Sin embargo, esto no es correcto, ya que la corriente del golfo templa sus temperaturas que las hace moderadas, con inviernos más suaves que en muchas partes de Europa. Diferente es el ambiente, con un clima cambiante. La isla es ventosa y registra una temperatura promedio 0,4°C en enero y 11 °C en julio.
A todo esto se suman los expulsantes géiseres (boca de agua termal) de Geysir y Strokkur; el parque nacional de Thingvellir; los glaciares Eyjafjalla y Mýrdasjökull; y las cascadas de más de 60 metros de altura de Seljalandfoss y Skogafoss. Además de su imán turístico: la aurora boreal.
OTRA FORMA DE VER EL CIELO
En la noche de Islandia, diferentes colores se entremezclan con la luz de las estrellas pintando sobre el cielo una imagen única en el mundo. Es que el país es probablemente el mejor lugar del planeta para poder disfrutar de las auroras boreales, también conocidas como Luces Nórdicas. Por esta razón, es uno de los sitios más visitados por los fotógrafos en el nuevo siglo, principalmente en otoño.
Las auroras boreales se producen a causa del sol y de sus corrientes. El sol desprende partículas cargadas de mucha energía llamadas iones, las cuales viajan por el espacio a grandes velocidades. Estas nubes se conocen como viento solar y cuando interactúan con los bordes del campo magnético terrestre, quedan algunas partículas atrapadas, siguiendo el curso de las líneas de fuerza magnética en dirección a la ionosfera.
De esta forma, al chocar con los gases de la ionósfera, liberan tal energía que se precipita hasta la Tierra en forma de cantos luminosos, creando el espectáculo que puede presentar diversos colores, dependiendo de los gases de la ionósfera.
La mejor época para ver el sol de medianoche es entre mediados de noviembre y finales de febrero, en las noches frías y despejadas. La mayoría se visualizan entre las 21 y la 1, pero nada garantiza que el turista las podrá ver, lo que vuelve más atrapante este atractivo caprichoso de otoño, en un entorno de cuento de hadas.
Al igual que en Chubut en estas tierras también hay temporada de ballenas. La misma abre en verano. Por supuesto, el país también tiene su propia gastronomía, y cultura, en una atmosfera única donde el hielo y el fuego se combinan para darle vida a esta tierra, entre coloridos pueblos pesqueros y la naturalidad de su gente.
Sus platos tradicionales son las cabezas de cordero chamuscadas, testículos de cordero marinados, tiburón curado y salmón. El lugar tiene características únicas. Por ejemplo, en junio, cuando el país se convierte en la Tierra del Sol de Medianoche, hay más de 20 horas de luz solar cada día. Mientras que algunos días de diciembre tienen menos de cuatro horas de luz. También se caracteriza por tener más ovejas que gente, mientras que el índice anual de asesinatos es inferior a cinco y la población carcelaria es de 118 personas aproximadamente.
