La “argentinización” privada

En el marco de un proceso que conduce a la venta del 45 por ciento del paquete total, el viernes 21 de diciembre la empresa Repsol acordó la venta del 14,9 por ciento de las acciones de la petrolera YPF a Petersen Energía, empresa integrante del Grupo Petersen, de la familia Eskenazi.
El presidente de Repsol YPF, Antonio Brufau, había reconocido la posible venta de acciones a inversores argentinos ya en febrero de 2006.
Según analistas especializados, la compañía busca bajar su nivel de exposición en Latinoamérica, y alentar en cambio inversiones en exploración y producción en otros lugares del mundo, como el norte de Africa y el Caribe, para mejorar su perfil en los principales mercados financieros mundiales.
Según los evaluadores de inversión, América Latina es un territorio peligroso para las petroleras desde que Hugo Chávez y Evo Morales produjeron fuertes cambios de reglas en Venezuela y Bolivia respectivamente, y Argentina se inscribe entre los países donde podría producirse un efecto contagio.
Brufau reconocía el posible traspaso de acciones de YPF a manos locales a un mes de que una auditoría externa advirtiera una disminución de 1.254 millones de barriles en las reservas de la compañía, 509 millones de los cuales pertenecían a la Argentina.
Finalmente, la operación de 2.235 millones de dólares fue celebrada el 19 de diciembre último en el marco de un acuerdo que habilita al grupo empresario argentino a comprar otro 10,1 por ciento del capital dentro de los próximos cuatro años, hasta ampliar su participación en la empresa a un 25 por ciento.
El ingreso del Grupo Petersen a YPF se presentó como el inicio del proceso de “argentinización de YPF”. La compañía controlada por capitales españoles había emprendido ya entonces una campaña publicitaria por imponer el uso de la antigua sigla de la empresa fundada por Enrique Mosconi en 1922.

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