La Chiquitanía, las misiones jesuitas bolivianas
por: Ricardo P. González, un veterano viajero
En Sudamérica, Bolivia es unos de los países que más visitantes recibe, con su lago Titicaca, el Salar de Uyuni, las coloniales Sucre y Potosí, la carretera más peligroso del mundo de La Paz hasta Coroico, y la jungla en Rurrenabaque. Y también tiene una joyita histórica y arquitectónica fascinante, las misiones jesuíticas de la Chiquitanía.
Se encuentran al noreste de Santa Cruz de la Sierra donde se instalaron los jesuitas en el siglo XVII, y hasta su expulsión en el año 1767 crearon unos diez pueblos, reclutando indígenas de lenguas y economías distintas, agrupándolos con el idioma chiquitano en misiones, que hoy podemos admirar con sus iglesias aún de pie construidas con los materiales de la zona, madera y adobes, sobre monumentales columnas de madera con galerías laterales, para protegerse de la lluvia. Todas las paredes y frisos están adornados por ángeles de madera y cerámica, en perfecto estado por un trabajo de restauración iniciado en 1970 por el arquitecto suizo Hans Roth, contratado por solo seis meses y que se quedó dedicando veintisiete años de su vida a la Chiquitanía. Creo varias escuelas-taller de talladores de madera, con los que realizó este trabajo y que hoy siguen funcionando.
Para los viajeros con mochila al hombro la forma más sencilla de conocerlas es tomarse una semana para recorrerlas partiendo en ómnibus desde Santa Cruz de la Sierra y en menos de cuatro horas encontraremos nuestra primera misión, San Xavier, un pueblo pequeño, con un casco urbano céntrico impecable, casa con aleros de paredes blancas ornamentadas de dorado, con varias ofertas de alojamiento y una espectacular iglesia, el Museo y la escuela de música mestiza barroca.
Luego una hora más para llegar a Concepción, y también con su magnífica iglesia de la misión, museo con el archivo musical de Chiquitos y la escuela-taller de restauración, ebanistería, tallado y construcción que está funcionando detrás de la iglesia. Vale le pena entrar.
El siguiente pueblo es San Ignacio de Velasco, el municipio más grande de la Chiquitanía, con mucha actividad comercial, y desde la zona del Mercado salen el ómnibus diario para ir a la Misión de Santa Ana a 40 Km. Y también hacia San Miguel, un pueblo muy sencillo, con su Centro de Tallado, que es un legado que dejo la reconstrucción de las misiones, un taller con hombres adultos tallando la madera, otra sala con señoras pintando diferentes obras.
Y por un camino de tierra el ómnibus nos trae hasta, San José de Chiquitos, con la misión jesuita, muy amplia y que se diferencia de las restantes porque su exterior es de piedra y cal. Desde acá se puede regresar en tren a Santa Cruz de la Sierra o continuar en sentido contrario rumbo a Quijarro en la frontera con Brasil.
Cuando estaban trabajando en la restauración encontraron miles de partituras musicales escondidas en sus paredes de adobe, que da origen a que cada año par se realice el famoso Festival Internacional de Música Barroca y Renacentista de la Chicatanía, cuya sede rota de pueblo en cada edición. La Chiquitania, puede ser un buen destino para vivir una semana a pura historia nuestra América, la música, las artesanías de ángeles de madera, si, vale la pena ir.