La "colimba" en el mundo petrolero

En el mundo laboral de los trabajadores petroleros algunos lo denominan "La hora del pibe". Es un término que acuñan "los viejos" cuando deciden "marcar" pautas de comportamiento entre los jóvenes que debutan en el duro oficio de la industria extractiva.

 "La hora del pibe" se planifica en secreto y puede prolongarse durante diez días o más. Consiste en una cadena de "bromas" que configuran un claro perfil de maltrato psicológico y hasta físico, en algunos casos.

El diario "Río Negro" habló con empleados jóvenes del sector que padecieron diferentes agresiones que recuerdan algunas prácticas que se aplicaban a los soldados en el Servicio Militar Obligatorio, un ámbito donde también se hablaba con eufemismo del colimba, una palabra que sintetizaba tres acciones: "corre, limpia, baila".

En el ambiente laboral petrolero está naturalizada esta instancia iniciática entre las víctimas que por lo general tienen entre 18 y 21 años. Los testimonios recogidos para este informe van en ese sentido.

"Los viejos", empleados que tienen más de 40 años, son los encargados de trasladar de generación en generación estas prácticas que, según dijeron en el gremio de los petroleros jerárquicos ante una consulta de este diario, en otros tiempos eran más benignas.

En el campo abundan las bromas con insectos. Entre las más difíciles de soportar está la de la araña que se arroja dentro de la taza de café o la de la lagartija que se oculta en el bolsillo del mameluco.

Un laxante disimulado en el desayuno también forma parte de la lista de "bromas".

Los botines con punta de acero pueden estar repletos de piedras a la hora de levantarse, y en el invierno es común que se oculten las camperas, por lo que las víctimas deben salir a trabajar soportando bajas temperaturas sin abrigo.

El lenguaje es un arma que completa el poder de fuego de la degradación. Los nombres no existen y los más grandes se dirigen a los jóvenes con términos como "pajero", "boludo" o "verga".

A los que están en pareja, "los viejos" les cuentan historias inventadas sobre infidelidades de sus novias o esposas y, en el caso de trabajadores con hijos, ponen en duda la paternidad. Ante la presión psicológica ejercida, se han detectado casos de trabajadores que pidieron bajar del campo para monitorear si todo estaba en orden en sus hogares.

Sólo en Neuquén hay 14.000 trabajadores afiliados al gremio que dirige Guillermo Pereyra y se agregan 9.000 con la suma de Río Negro y La Pampa. Los jerárquicos integran otra legión con 7.000 afiliados.

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