La ‘Fiebre de Oro’ por los futbolistas precoces

Buenos Aires (Télam)
La sexta conquista del Mundial sub 20 de Canadá puso nuevamente sobre el tapete una cuestión cultural emparentada con el vaciamiento patrimonial silencioso de los clubes, que siguen negociando a sus jóvenes jugadores en el mercado europeo.
Recientemente Leonardo Astrada, entrenador de Colón de Santa Fe, pero un ícono de River durante quince años (1988-2003) como jugador y también entrenador entre 2004 y 2005, decía: «los futbolistas argentinos cada vez se van más chicos a Europa, tentados por empresarios y empujados por sus padres».
El ‘Negro’ Astrada, de 37 años y con trece títulos de campeón, uno de los buenos entrenadores jóvenes cuya generación lidera Diego Pablo Simeone, añadía que en su tiempo de pibe con edad de sexta, «los chicos sel interior que pintaban bien se morían por ir a River, al Monumental, y vivir cerca del club». «En cambio ahora se quieren ir directamente a Europa a los 14, 15 ó 16 años, con esa edad de Sexta», manifestó asombrado el ‘Jefe’. Argentina ofrece hoy como tres realidades muy distintas: la de los seniors que triunfan en el Viejo Continente y que constituyen una élite de futbolistas, no más de veinte o treinta, que tienen nivel de estrellas, grandes contratos y mucho prestigio como futbolistas. Después están los que apuntan en el fútbol grande porque se destacaron en los distintos semilleros y llegaron a los seleccionados Sub-17 ó ahora, el exitoso Sub-20.
Pero existe otra realidad no menos conocida: la de los empresarios que «están a la pesca» y ofrecen precontratos para el futbolista precoz, pero integrando asimismo y en un combo a los padres con todas las ilusiones.
Esto no está prohibido por ninguna ley pero desnaturaliza el sentido del fútbol mismo. En el Interior, romántico fútbol chacarero de los 60 y 70, los ídolos lugareños llegaban al fútbol importante en los clubes de la provincia, para impactar en el Torneo Nacional a las instituciones grandes.
Pero también ocurre en el escenario principal de la Capital Federal y el Gran Buenos Aires, donde ya los clubes no tienen la perspectiva del semillero de otras épocas.
Los detectores de talentos como los míticos Ermesto Duchini, Renato Cesarini y Carlos Peucelle, en River, descubrieron dos generaciones de cracks. Ermindo Onega, Roberto Perfumo, Oscar Mas y Juan Carlos Puntorero fueron algunos de sus frutos. También fueron procreadores de talentos José Scalise, en Ferro, con Silvio Marzolini y Bernardo Gandulla, que llevó a Norberto Madurga primero a Atlanta y después a ‘La Candela’ boquense.
Más cerca en el tiempo Francisco Cornejo descubrió nada menos que a Diego Maradona y Carlos Palomino llevó a River a Norberto Alonso y Juan José López, que hicieron una historia que no tiene hoy un correlato directo con la nueva realidad.
Y si bien el caso Lionel Messi prolonga el impacto del pase al fútbol de la cantera del Barcelona, su destino hace siete años -tenía 13, no superaba el 1.46 centímetros y pesaba 35 kilos- solamente indicaba que era uno más entre cientos de pibes ilusionados.
En otra época los ‘Maestros’ vivían para su pasión de descubrir pichones de ‘crack’, lo hacían imaginando el futuro de esos jugadores, el regocijo de los hinchas y el prestigio del fútbol argentino. Ahora los empresarios -en su mayoría ignotos- hacen los negocios de transferencia para beneficio propio, sin importarle el destino final del niño-promesa y mucho menos el desarrollo del fútbol argentino. El caso Messi, al cabo, puede ser una trampa del destino para cientos de otros pibes argentinos que vuelan con la gran ilusión de triunfar en Europa.

Fuente:

Dejá tu comentario

Las Más Leídas del Patagónico