La fiscal Gómez dijo que Miquelarena "aún no me llamó"

La funcionaria que denunció a Fernando Rivarola por violencia de género dijo que debió apelar al Consejo de la Magistratura porque su superior, el procurador fiscal, no adoptaba medidas ante situaciones que eran de su conocimiento.

“Aún no me llamó”, dijo la fiscal Florencia Gómez con respecto a su superior, el procurador fiscal Jorque Miquelarena. Esa fue la razón principal por la que decidió presentar la denuncia contra Fernando Rivarola en el Consejo de la Magistratura.

Rivarola es el mismo de la desafortunada y arcaica frase “desahogo sexual” cuando intervino en el caso de la “violación en manada” de playa Unión, además de ser duramente cuestionado por cómo investigó cuando estaba en Esquel la desaparición de Santiago Maldonado, entre agosto y octubre de 2017.

Ahora, la denunciante de Rivarola es Florencia Gómez –fiscal de Rawson–, quien habló por Radio 3 AM 780 en los siguientes términos: “Soy una persona educada que jamás le falto el respeto a nadie, y exijo entonces que se me trate como corresponde”.

“Pienso que estamos en una época en la que hubo un cambio para que las mujeres tengamos la posibilidad de hacer los reclamos que corresponden, exigiendo que se nos trate como se debe”, opinó y consignó: “Primero y principal con el respeto que se le debe tener a cualquier persona y darnos el lugar que corresponde también como mujer”.

“Una de las cuestiones en las que hago hincapié en la denuncia –contó— es que tomé como última opción el ir hasta el Consejo de la Magistratura porque previamente ya había hecho las presentaciones correspondientes institucionalmente y no recibí respuestas. Entonces me vi obligada en hacer la denuncia en el Consejo”. Quien debió haber intervenido era el Procurador Fiscal, Jorge Miquelarena, quien llegó a ese cargo luego de haber sido fiscal de Estado del primer gobierno de Mario Das Neves.

SIN CONSIDERACION

¿Qué es lo que Gómez denuncia concretamente? “Maltrato institucional y violencia de género”. Afirmó que Rivarola “constantemente desmerecía mi trabajo, lo desprestigiaba y no me trataba como un par. Más allá de que una sea mujer, se merece respeto, como cualquier persona, colega o compañero de trabajo (…) Yo viví situaciones violentas y dudo que se hubiese manejado así si hubiese sido un fiscal hombre. Esto que estoy diciendo lo puse mejor aclarado en la denuncia”, agregó.

“Empecé a compartir con él la oficina, cuando el doctor (Fernando) Rivarola llega a Rawson en enero de 2019. Siempre trabajé con el doctor Heiber (el fiscal que renunció hace tres meses, denunciando presiones de sus superiores); fui su funcionaria y después tres años fiscal a la par de él: éramos tres fiscales, Rivarola, Heiber y yo, y nunca tuve ningún tipo de inconveniente con el doctor Heiber con quien venía trabajando desde hacía cinco años, ni con (Sergio) Ferrín; inclusive fui tratada muy educadamente, como corresponde al cargo, a la función y a la persona”, insistió. “Siempre me trataron con total educación y respeto”, subrayó.

“No fue así cuando me tocó trabajar sola con el doctor Rivarola, que fue hace poco después que renunciara el doctor Heiber. Ya había habido situaciones que puse en conocimiento pero no se tomó ningún tipo de medida, entonces esto género –al no tomarse ninguna medida— que cada vez se incrementara más el destrato”, indicó.

Acotó que “fui haciendo, como corresponde, institucionalmente las denuncias internas, poniendo en conocimiento a mis superiores situaciones violentas que más allá de ser mujer creo que ninguna persona debe sufrirlas en un ámbito de trabajo o donde fuere”.

“Siempre digo que la violencia jamás se la debe justificar, nada la justifica. Nada, absolutamente nada. Nadie merece ser violentado y todo el mundo debe ser respetado”, agregó.

Afirmó Gómez que las situaciones de violencia “simplemente empezaron a surgir y fueron delante de compañeros. Hay gente que en la denuncia aparece como testigos de estas situaciones que me tocó vivir”.

Acotó que “lamento tener que haber llegado a esta situación, de tener que denunciarlo, porque hubiese sido mucho más próspero para nuestro trabajo el que esta persona hubiera cambiado su actitud conmigo. Pero evidentemente tuve que llegar hasta esta instancia porque lejos de desistir en sus actitudes hacia mí las fue incrementando: se incrementó el desprecio, las situaciones de violencia y aumentó también el interés de desprestigiar mi trabajo”.

Fuente: Radio 3

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